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Llamado a ser un nuevo punto límite de transformación global en el calendario, el 2045 por diversos caminos apunta a ser un hito de la aceleración tecnológica, midiéndose con su contraparte de imaginación y ciencia ficción, para desencadenar los sueños fáusticos, que, como avatares, circulan la mente humana.

 

El avatar de Dmtry Itskov usará 36  motores robóticos para reproducir sus expreisones faciales y sus tono de voz.

El avatar de Dmtry Itskov usará 36 motores robóticos para reproducir sus expresiones faciales y su tono de voz.

In the virgin womb of the imagination the word was made flesh.-James Joyce

El año 2045 se perfila a ser el nuevo 2012. Esta vez no desde el fanatismo religioso o la profecía apocalíptica, sino desde la ciencia, que hoy es aún ciencia ficción, en una carrera por materializar la imaginación en una tecnoutopía. Una de las ideas que alimentó la creencia en que el 21 de diciembre del 2012 habría de suceder un evento transformativo a escala global provino de los cálculos de tiempo fractal de Terence Mckenna, publicados en su libro Timewave Zero. Mckenna teoriza ahí, en una compleja mezcla de inspiración alucinógena (ayudado por el espíritu astral del psilocibe), matemáticas del caos y adivinación basada en el I-Ching, que el mundo fluye periodicamente hacia estados de mayor complejidad y novedad hasta arrivar a un horizonte de eventos sin retorno de aceleración exponencial en el que la información total se multiplica cada segundo hasta el infinito --jugando libremente con la Ley de Moore-- creando una especie de portal en el tiempo-espacio ("la puerta violeta en el hiperespacio" desde donde llama el extraño atractor, imán del punto Omega).

Una idea similar, menos poética y más aterrizada es propuesta por el transhumanista Ray Kurzweil, quien en su libro The Singularity is Near, inserta el meme del 2045 en la conciencia colectiva, marcando con su comprobado talento predictivo (aquí algunos de sus impresionantes aciertos a futuro) esta fecha como el punto de activación de la Singularidad Tecnológica... en el que la inteligencia de las máquinas lograría dar un salto evolutivo, asegurándose la inmortalidad --en su fusión con el hombre-- para lanzarse al espacio y desvelar los secretos del universo. Kurzweil, como Mckenna, se apoya en una interpretación de la ley de Moore, que traspola la aceleración tecnológica en un salto evolutivo --esta vez mutando a través de la extensión corporal de las máquinas.

Siguiendo claramente la semilla memética de Kurzweil, el multimillonario ruso Dmtry Itskov ha fundado la Iniciativa 2045, apostando a que para este año se podrá completar la producción masiva de avatares en los que se podrá descargar la conciencia humana, con toda su personalidad y memoria: cyborgs funcionales que habrán de derrotar por fin la tiranía de la muerte --en la optimista tecnoteología de Itskov. Se implementará una copia exacta de la mente en un portador no-biológico que permitirá a una persona vivir por miles de años. La cuestión evidentemente yace en sí la conciencia es un epifenómeno del cerebro (un subproducto de la complejidad de la materia) o es algo más elusivo que el cuerpo sólo sintoniza e integra. Y, entonces,  ¿se pueden embotellar fantasmas, el espíritu florece en una máquina?

Itskov avanza con confianza hablando sobre su proyecto en las mejores universidades del mundo y fondeando la conferencia anual 2045 Global Future Congress, en la que participan científicos del más alto nivel, como Roger Penrose. A sus 32 años, y después de convertirse en el mógul del Internet en Rusia, su entusiasmo por alcanzar la inmortalidad tecnológica no se arredra ante la multitud de detractores que consideran su propuesta desaforada e implausible. Itskov considera que ideas como la suya al principio son descartadas como ruminaciones excéntricas y luego "todos empiezan a creer en la idea y nadie se acuerda del tiempo en el que parecía extraña".

Martine A. Rothblatt, CEO de United Therapeutics y conferencista de 2045 Global Future, recalca: "Esto no es más improbable que lo que ocurría en los 60, al inicio de los trasplantes de riñón e hígado. En ese entonces las personas pensaban que esto era totalmente desquiciado. Actualmente más de 400 personas reciben un traslplante de órgano al día".

Itskov, quien lleva una vida en algunos aspectos monástica --soltero y sin hijos pasa buena parte de su tiempo en retiros meditando en el campo ruso--, considera su empresa coom un esfuerzo filantrópico sin par en la historia. Consciente de los peligros, tan avisados en las películas de ciencia ficción, de que la tecnología se vuelque en contra de la humanidad en su salto de conciencia, ha reclutado para su proyecto personalidades espirituales y filósofos con la comitiva de proveer un equilibrio ideológico y una estructura ética. Y sí, puntualiza Itskov, las máquinas podrán hacer al amor, aunque éste sea virtual (¿su creación paralela serán galaxias digitales?).

Paralelamente, el multimillonario de Wall Street, John Templeton, ha lanzado el Immortality Project con un fondo inicial de 5 millones de dólares, que se enfoca en estudiar qué es la muerte, experiencias cercanas a la muerte y la posibilidad de la vida después de la muerte --un acercamiento distinto que podría contribuir en el mismo sentido de la perenne búsqueda humana por vencer la guadaña del tiempo.

El neurocientífico Henry Makram encabeza, por otro lado, quizás el proyecto en avanzada más interesante para poder trasvasar la conciencia. El proyecto Blue Brain se encuentra ya en una etapa relativamente cercana a un plan de crear un cerebro humano artificial en una computadora en los siguientes 10 años y a partir de ese hito posiblemente revelar el gran secretos de la autopercepción del universo --un poco cumpliendo la fantasía científica de Einstein de conocer "la mente de Dios".

¿Veremos en el 2045, o tan siquiera en algún punto de nuestra existencia, el ansiado surgimiento de la inteligencia artificial? ¿Podremos descargar nuestra conciencia en una máquina y vivir para siempre en paraísos digitales? ¿Ocurrirá una rebelión de las máquinas? ¿O tal vez una rebelión de las almas, que no quieren ser máquinas? ¿O de los dioses que no quieren que seamos dioses a través de las máquinas? ¿Regresará la magia para pelear un lugar con la tecnología, esas dos caras de la transformación de la materia? El 2045 será una nueva fecha en el calendario con la cual proyectar nuestros deseos, miedos y fantasías y hacer club. Y  tal vez habrán otras después. Hasta que finalmente, al menos para algunos, en sus propios universos, la imaginación encarne "en el vientre de la materia" su sueño inmortal.

Twitter del autor: @alepholo

Con información del New York Times

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Por: pijamasurf - 06/05/2013

Chris Hadfield debe ser el astronauta más conocido de nuestra época. Sin embargo, a diferencia de otros como Yuri Gagarin o Neil Armstrong, su fama se cimenta menos en la épica y el heroísmo que usualmente asociamos con quienes tuvieron como destino salir del planeta y pasar una temporada en el espacio sideral, y más con la elocuencia a veces modesta pero siempre expresiva de los actos cotidianos.

Un poco como si siguiera la consigna zen de que la vida diaria es el único camino a la iluminación, Hadfield documentó con profusión su estancia en la Estación Espacial Internacional (ISS) en sus detalles más mínimos. Se trató también de un proyecto didáctico, pues los videos que grababa y transmitía en el canal de YouTube de la Agencia Espacial Canadiense, sirvieron para echar un vistazo a las similitudes y diferencias existentes entre la vida en la Tierra y la vida en el espacio, cómo las circunstancias de esta última ―en especial la fuerza de gravedad en cero y las limitaciones de un espacio como la ISS―modifican notablemente algunas de las operaciones que para la mayoría de nosotros son más bien triviales.

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Los gifs que compartimos ahora fueron creados por el usuario de imgur TozzaG a partir de los videos de Hadfield.

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