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El Vaticano cataloga oficialmente a la Santa Muerte como una blasfemia

Por: pijamasurf - 05/11/2013

El Ministro de Cultura del Vaticano visitó México y aprovechó para catalogar formalmente como blasfemia el culto a la Santa Muerte.

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En años recientes el culto a la Santa Muerte ha tenido un explosivo crecimiento en México. Lo anterior coincide con que la iglesia católica ha ido perdiendo terreno en este país, históricamente una de sus mayores y más devotas trincheras. Tomando en cuenta dicho escenario, no resulta sorpresivo que el Vaticano se lance frontalmente en contra de esta práctica.

En su reciente visita a suelo mexicano, el Cardenal Gianfranco Ravasi, Ministro Cultural del Vaticano, etiquetó en forma oficial como una blasfemia el acto de venerar a la Santa Muerte: "La mafia, el narcotráfico, el crimen organizado no son formas religiosas. Aunque se use a la Santa Muerte de una forma religiosa, no es parte de la religión. Es un elemento blasfemo. Esta es una degeneración, no una religión." advirtió Ravasi.

Paradójicamente el supuesto motivo de la visita del Cardenal es propiciar el primer diálogo entre creyentes y no creyentes. De acuerdo con la agencia AP,  Ravasi aprovechó para opinar sobre el crimen organizado, fenómeno que en México tiene como principal embajador a los grupos dedicados al tráfico de drogas: "El crimen organizado no es cultura sino anticultura. Es importante combatir no solamente a base del estado, a nivel policial las formas de criminalidad. El elemento decisivo es la educación, la formación de un nuevo modelo humano".

El culto a la Santa Muerte es frecuentemente asociado con criminales y narcotraficantes. Sin embargo, más allá de juicios morales o culturales, lo cierto es que resulta un fenómeno sociocultural notable e interesante, e incluso ha generado pasión entre diversos antropólogos, sociólogos e investigadores. 

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Budismo fármico, anti-ontología multimedia, neuro-paraísos perdidos, son algunos de los conceptos con los que podrás tropezar a lo largo del nuevo libro de Fausto Alzati Fernández, “Buda, Drogas y Pop”. Y si bien el llamativo título del libro podría ser un hábil desdoblamiento marketingero, apelando a los intereses de un considerable espectro de la generación digital, lo cierto es que en el caso de Fausto en ‘realidad’ representa una especie de sincero manifiesto: ejercicios de lúcida psicosis compartidos con franqueza ante un interlocutor desconocido.

El libro manifiesta dos premisas particularmente interesantes. En primer lugar, este trinomio sintetiza con relativa fidelidad una fórmula que bien podría describir a una generación estimuladamente confusa: sí, nosotros los jóvenes que hemos sido bombardeados con millones de mensajes publicitarios y discursos multi-mediáticos ―protagonizando así una especie de bestiario hiper-pop. Nosotros, una compleja tribu que en muchos casos optó, con torpe pero genuina insolencia, por explorar los territorios más allá de los límites heredados ―recurrentemente ‘ayudados’ por sustancias psicoactivas. Nosotros, los que tenemos el honor (o la probable condena a una emotiva simulación) de encarnar lo que algunos consideran como “un despertar masivo de la conciencia” ―proceso que involucra, entre muchas otras cosas, una virtual familiarización con el misticismo oriental, por ejemplo, el budismo.  

En segundo lugar creo que “Buda, Drogas y Pop” sirve como metáfora para ilustrar un largo trayecto que Occidente ha tenido que enfrentar, desde el dualismo cartesiano, el materialismo y la dialéctica hegeliana, hasta la relativización cuántica de nuestro universo, el nacimiento formal de la realidad virtual y la terapéutica aceptación del caos como un principio rector. O, en palabras del autor: “No, qué va, he sido un ingenuo; no entiendo a Belinda y es más, no entiendo un carajo". A lo largo de los cinco ensayos que comprenden el libro, se puede percibir a un Yo, tratando de hackear ese loop legado por siglos de racionalismo ―pero ahora equipado con herramientas de misticismo razonado e irreverencia pisconaútica.

A continuación una breve probada de lo que Fausto, amigo y colaborador de Pijama Surf, tiene para ti en esta nueva obra:

“La ya remasterizada Muerte de Dios anunciada por Nietzche, derivó, sin querer queriendo, en un falso ateísmo. El Yo terminó por ocupar el sitio antaño relegado a la deidad. Se tornó, digamos, en el eje de la experiencia humana, el foco de atención. Más solo si dejamos de tener la cabeza tan metida en nuestro propio culo (girando sobre el eje de una narración compulsiva, que en su intento por sostener y perpetuar un Yo), es posible una relación más directa con el entorno.”  

En fin, para terminar esta reseña me gustaría exponer una serie de preguntas cuyo florecimiento debo a la lectura de “Buda, Drogas y Pop”: ¿Sabías que el próximo 7-Eleven que visites podría transformarse en un santuario de reflexión auto-referencial? ¿Sabías que Belinda, una celebridad adolescente, sabe quién es, y se quiere? ¿Sabías que, tal vez, el creer que sabes te hace cada vez más ignorante? ¿Sabías que quizá las anteriores interrogantes son esencialmente irrelevantes, y todas sus virtuales respuestas probablemente ciertas? ¿Sabías qué tal vez estamos diseñados para no saber? Respira, observa, y tomate la molestia de no responder (mejor lee el libro). 

Otras obras de Alzati Fernández: Inmanencia Viral y Poemas Perrones pa'la Raza

 Twitter del autor: @paradoxeparadis