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Cazafantasmas capta por accidente a su novia e hijo teniendo relaciones sexuales

Por: pijamasurf - 05/22/2013

Un aficionado a los fantasmas grabó por accidente grabó a su novia (con la que llevaba 11 años de relación) en un comportamiento bastante "paranormal" con el hijo menor de aquel.


Imagen: film "Actividad paranormal"

Esta historia involucra a un cazafantasmas, a su novia de 28 años y al hijo de 16 de aquel. El hombre había dejado rodando una cámara para captar actividad fantasmal durante la noche, investigación a la que es aficionado;  pero al regresar de un duro día de trabajo encontró grabada una inesperada clase de actividad paranormal.

La cinta mostraba a su hijo de 16 años teniendo relaciones sexuales con su novia, y al parecer no fue un evento aislado. Ni la novia ni el menor de edad dieron sus nombres, por razones legales, pero ella admitió haber tenido sexo con el hijo de su pareja en al menos tres ocasiones anteriores. 

La mujer también le dijo a la policía que sabía que el hijo de su novio tenía 16 años, pero no sabía que la edad legal para tener sexo en Australia es de 17 años. Como consecuencia de este desliz, la relación entre el desafortunado cazafantasmas y su novia terminó luego de 11 años. 

Pero esta historia toma un giro que algunos no dudarían en llamar "medieval": la mujer confesó haber tenido sexo en cinco ocasiones con el menor, por lo que enfrenta cargos legales que podrían llegar a los 8 años en prisión. Sin embargo, a pesar de que las leyes de protección a los menores son importantes, ¿no deberíamos reevaluar lo que entendemos por "sexo consensual"? En este caso, al menos, el menor no parecía estar haciendo nada en contra de su voluntad --incluso hay toda una película para probarlo.

En The Wow: Tour en Nueva York a la “cazafantasmas”

[Raw Story

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Hotel Chevalier es uno de los cortometrajes más emblemáticos en la filmografía de Wes Anderson, una suerte de síntesis de su tan característico estilo como director, esa oscilación inquientante y en cierto modo instantánea entre la tragedia absoluta y la comedia más absurda, sin el tiempo de transición necesario que nos permita entender una u otra (¿aunque no es así la vida misma?). Una sola habitación de hotel en París se vuelve así la metáfora del mundo, el punto de encuentro entre el mundo interior y las demandas del mundo exterior.

A propósito de dicho estilo, recientemente el escritor Rodrigo Fresán recuperó una anécdota que involucra a Anderson y a Pauline Kael, "la mítica crítica de cine de The New Yorker":

Cuenta [Anderson] que pasó a buscar a Pauline Kael a su casa, que la llevó hasta una sala de Manhattan, que vieron la película [Rushmore, 1998] a solas y que, cuando se encendieron las luces y volvieron en silencio al auto, él temblaba porque “había pasado muchos años soñando con este momento, había recorrido grandes distancias… Y Kael dijo lo que me sonó como la última palabra sobre todo el asunto: ‘Verdaderamnte no sé qué pensar de esta película’. Y parecía que ésa era la conclusión definitiva a la que ella había llegado; al menos así de enfático me sonó a mí.

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