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El cabello es tu espejo (reflexiones metafísicas sobre este ‘órgano’)

Por: Mitsy Ferrant - 04/07/2013

En diversas tradiciones el cabello ha desempeñado un rol protagónico dentro de la identidad etérea y los recursos energéticos de una persona.

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"Nuestras modas del cabello podrían ser sólo una tendencia, pero si investigamos a fondo, podemos descubrir que nos hemos estado privando de una de las más valiosas fuentes de energía para la vitalidad humana", advierte Yogi Bhajan, el gran maestro encargado de introducir la práctica del yoga Kundalini a Occidente.

Siempre he tenido una extraña fijación por el cabello, le he dado siempre, consciente e inconscientemente,  un lugar muy simbólico en el desarrollo de mi persona. Estoy convencida de que el cabello juega un papel trascendental en la vida de uno, en el espejo que uno proyecta, en la realidad que uno percibe de sí mismo. Sé que es el mejor reflejo de mis estados anímicos y de los cuidados que me doy. Por ejemplo, cuando me despierto sin entender nada de la vida, amanezco lacia; cuando la felicidad no cabe en mí, mis chinos parecen resortes; y en el común de mis días manejo semi-rastas naturalmente estilizadas por la sazón de la cotidianidad.

Soy mujer y tengo el pelo pasando la cintura. Me considero muy afortunada, ya que tengo una melena bastante formidable, debo de reconocerlo —modestia a parte.  A veces, de hecho, estoy convencida de que es una entidad aparte que se me vino a arrejuntar, medusas que se conectan con lo íntimo de mi ser y que me potencializan. Me he rapado dos veces en las etapas más significativas de mi vida; momentos de reconstrucción, rituales donde incendiaba todo lo que era para dar lugar a lo que iba a ser, trazando objetivos en el tiempo en que me volvía a crecer la melena.  

Es difícil ser mujer y no tener pelo, es difícil encontrarte o proyectar tu femineidad sin él. Difícil pero no imposible. De hecho ahora me cuesta trabajo considerar cualquier etapa simbólica en mi trascendencia personal sin que ello afecte significativamente mi cabello. Y como es la vida, en estos momentos estoy pasando por una transición que requeriría de una buena rapada y nueva serie de objetivos, pero ya no puedo.

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A través de la meditación, el estudio de la yoga y una que otra terapia psicodélica autoinducida, me he dado cuenta de que, como para todo, hay una razón perfecta e incuestionable para la cual está ahí TU cabello… lleva la cuenta perfecta e inmutable de todo lo que consumes y has sido.

¿Acaso no pierde Sansón toda su fuerza cuando le cortan la melena?

Desde una perspectiva yoguica el cabello es un regalo más de la maravillosa naturaleza que te puede ayudar a aumentar tu energía Kundalini, lo cual a su vez aumenta tu vitalidad, tu intuición y tu tranquilidad. Cuando no te cortas la melena, crece a la medida justa para ti, sin más ni menos, alimentándote de la cantidad justa de Prana y vitaminas.

Si lo ves también desde una perspectiva histórica, en muchas culturas o religiones el cabello no se cortaba porque era parte de tu esencia. Sin embargo, cuando te conquistaban o te esclavizaban te cortaban la melena. Simbólicamente te separaban de tu registro, de tu historia, de tu ser.

Yogi Bhajan nos dice que si decidimos cortarnos el cabello no solo perdemos esa energía y el alimento extra, pero nuestro cuerpo debe entonces compensar la perdida, produciendo nutrientes para hacer crecer de nuevo el cabello faltante. Nos explica que cada cabello funciona como antena, que recibe y canaliza la energía o el Prana a los lóbulos frontales —la parte de la mente que usas para meditar y visualizar. Cuando te cortas el pelo, a este le toma aproximadamente tres años volver a crecer las antenas en sus puntas.

Básicamente el cabello puede ser una de tus fuentes más valiosas de energía, tu espejo más fiel, tu autobiografía más certera… ¿Por qué cortártelo? ¿Por qué mutilarte y borrar parte de tu historia?

Rabindranath Tagore dijo sabiamente: “Cuando me di cuenta de la unidad de todo, tiré mi juego de afeitado en el océano. Renuncié a mi ego y me entregué a la naturaleza. Yo quería vivir en la forma en que el Creador me trajo”.

Entonces, ¿será que cuando te dejas crecer el pelo estás simbólicamente dándole la bienvenida a todo tu ser? ¿Será que simbólicamente te estás aceptando tal cual, reconociéndote en tu totalidad?

En lo personal, después de por lo menos 20 años de exploración consciente con mi melena, hoy he decido, a partir de la información y la intuición que tengo a mi alcance, que no vuelvo a cortarme el pelo, aún cuando me urja renacer de las cenizas y reconfigurarme.  

¿Y tú qué opinas?

 

A continuación les comparto varias técnicas para el cuidado de su cabello que pueden serles de utilidad si ustedes, como yo, deciden ya no cortar sus antenas.

- Es recomendable lavarte el pelo cada 72 horas, con un shampoo natural de preferencia. Si acabas de sufrir un disgusto o alguna emoción negativa es también recomendable lavártelo.

- Desenreda tu cabello cada mañana y cada noche con un cepillo de madera –la madera no crea estática y estimula tu cuero cabelludo. Péinate de adelante hacia atrás, de atrás hacia delante, de izquierda a derecha y luego de derecha a izquierda, esto ayudará a refrescarte, ideas, emociones y percepciones.

- En India dicen que el hombre sabio se hace durante el día, en la corona de su cabeza, un chongo; esto para energetizar las células cerebrales, su glándula pineal y su percepción espiritual.

- También dicen que la noche es ideal para dejar el pelo suelto o en trenza para equilibrar el campo electromagnético que absorbió durante el día.

- Cuando tengas las puntas abiertas o el cabello reseco, aplícate aceite de almendras en la noche y esto te ayudará a regenerar.

Con estas indicaciones podrás aprovechar al máximo tu cabellera, el prana que perciben y asimilan sus antenas, y la fuerza que en ti esto permea.

¡Enjoy!

 Twitter de la autora: @ellemiroir 

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Los niños tienen comportamientos xenófobos incluso antes de aprender a hablar

Por: pijamasurf - 04/07/2013

Las bases conductuales de la aversión y la xenofobia podrían presentarse en el comportamiento infantil incluso antes de la aparición del lenguaje.

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Las raíces de la homofobia y la discriminación podrían tener su origen en la más tierna infancia: bebés de 9 meses de edad muestran simpatía por gente a la que le gusta lo mismo que a ellos, pero también muestran afecto por aquellos que maltratan o desprecian a los que no son como ellos. En otras palabras, a los 9 meses el enemigo de tu enemigo ya es tu amigo.

Un estudio publicado en Psychological Science y dirigido por Kiley Hamlin, psicóloga de la University of British Columbia condujo una investigación con niños de entre 9 y 14 meses de edad, los cuales debían elegir su comida favorita, entre galletas y chícharos. Luego, los pequeños vieron un show de marionetas donde una de ellas prefería las galletas y la otra prefería chícharos. Con eso se estableció un vínculo con la marioneta que prefería las galletas como ellos, y un antagonismo con la que prefería chícharos.

Luego de esa escena, los niños vieron otro sketch de marionetas donde una de ellas perdía una pelota; en eventos alternados, los niños vieron que una marioneta siempre le ayudaba a la que había perdido la pelota al regresársela, mientras que otro personaje le robaba la pelota. Al pedirles que eligieran a su marioneta favorita, los pequeños eligieron a la marioneta que ayudaba al personaje con el que ellos se identificaban. Sin embargo, lo sorprendente fue que casi todos los pequeños eligieron al personaje que robaba la pelota a la marioneta que había mostrado gusto por los chícharos en el experimento anterior. La preferencia de los niños por aquellos que lastiman a los que son diferentes a ellos fue tan predominante como su preferencia por aquellos que ayudan a los que son como ellos.

(Si la explicación les parece rebuscada pueden ver videos del experimento.)

 Según Hamlin, esto sugiere que "al igual que los adultos, los infantes incorporan información no sólo sobre lo que la gente hace (por ejemplo, actuar amablemente o desagradablemente) sino también a quién se lo hacen (esto es, a personas que les agradan o desagradan) cuando realizan evaluaciones sociales.

 Estos resultados, para los autores, enfatizan los mecanismos fundamentales de la diferencia y el apego: "El hecho de que los infantes muestren este discernimiento social incluso antes de aprender a hablar sugiere que los discernimientos no son sólo resultado de experimentar un mundo social dividido, sino que se basan en parte en aspectos básicos de evaluación social humana."

Los niños experimentan empatía con el sufrimiento de los que son similares a ellos, pero también parecen reconocer "las alianzas implicadas en las interaciones sociales, identificando al 'enemigo de su enemigo' (en este caso, el que hace daño a la marioneta distinta a ellos) como su amigo."

La xenofobia (rechazo extremo a todos los que son diferentes a nosotros) no es, sin embargo inevitable, pues las evaluaciones sociales también se perfeccionan con aspectos culturales aprendidos durante los primeros años; sin embargo, esta investigación muestra que tal vez establecer la diferencia entre los que son similares a nosotros y los que son diferentes es una estrategia evolutiva sumamente básica, que se encuentra en lo más profundo de nuestros hábitos de supervivencia como especie.

[Psychological Science]