Al menos esa es la realidad que refleja una encuesta realizada recientemente por OCC Mundial, firma que por medio de Internet se aboca a contactar empleadores y posibles empleados.
Según OCC, 7 de cada 10 personas consideran que tener tatuajes es motivo de discriminación social, mientras que 6 de cada 10 piensan que esta encuentra una expresión particular en el ámbito laboral.
La muestra constó de 2500 personas asiduas a la página, de las cuales un 77% asegura que la marginación a la que aluden se relaciona, por ejemplo, con tener menos oportunidad de conseguir el mismo trabajo que una persona sin tatuajes. Como explicación a este comportamiento, solo 3 de cada 10 suponen que este se debe al vínculo —imaginario o real— que existe entre el tatuaje y ciertas enfermedades que se transmiten por una mala práctica.
Curiosamente, entre estos mismos encuestados pocos se definieron francamente a favor de las personas tatuadas, pues a pesar de aceptar la marginación o segregación, una vez que se les planteaba la posibilidad de encontrarse del otro lado y ser ellos quienes tuvieran la oportunidad de contratar a alguien con tatuajes, entonces tan solo el 29% aceptó que lo haría si los tatuajes estuvieran en un área visible del cuerpo, 32% si lo tatuajes se encontraban en áreas no visibles y 36% condicionó la hipotética contratación al tipo de trabajo que desempeñaría el individuo.
Relacionada con esta variable un apartado final exploró las razones por las cuales el encuestado no contraría a una persona tatuada: 68% no lo haría por cuestiones de imagen, 39% por asociar los tatuajes con falta de profesionalismo y 30% por considerarlo un signo de rebeldía.
[CNN]