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Plantas en la oficina: una lamentable historia de descuido, decadencia y muerte (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 01/25/2013

El lugar de trabajo continuamente se ve adicionado de elementos que hagan más llevadera esta actividad que, en cierto sentido, parece imposible de evadir: tarde o temprano cualquier persona, salvo singulares excepciones, se verá obligada a pasar un promedio de 8 horas de su día entre cuatro paredes que disimulan su asepsia y su normalidad con los más anodinos aditamentos: afiches, juguetes, instrumentos de relajación, fotografías familiares, libros, etcétera.

Sin embargo, quienes se encuentran al interior de una oficina pocas veces se caracterizan por tener pensamiento y voluntad para otra cosa que no sea o su trabajo o la evasión de su trabajo, dialéctica negativa (con perdón de Adorno) cuyos efectos tristemente terminan pagando, como bien ha documentado el fotógrafo Kirk Crippens, las plantas que daban vida al lugar.

La crónica elaborada por Crippens es, de algún modo, lametable, pues toca directamente seres vivos, organismos que nacieron y una vez muertos pasan a desaparecer para siempre de este mundo, todo por una falta de cuidado que, de realizarse, es más bien mínima y para nada extraordinaria.

Y tú, ¿tienes ahí a tu lado una planta que también está muriendo?

Imágenes vía Faith is Torment

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Ilustraciones de Matisse para el Ulysses: inesperada sensualidad del intelecto absoluto

Arte

Por: pijamasurf - 01/25/2013

Al Ulysses se le asocia habitualmente con a dificultad y la complejidad tanto de la escritura como de la lectura e incluso, en países que no son anglófonos, con la dificultad de traducción. Se habla de sus múltiples referencias literarias, musicales y culturales en general, de la reinvención del idioma inglés operada por Joyce, del rebuscado sistema intelectual del cual pende, similar al juego de engranes y ruedas de una caja fuerte.

En este sentido, probablemente muy pocas personas pensarían en el Ulysses como una obra sensual, erótica, que fue, inesperadamente, el código bajo el cual el pintor francés Henri Matisse leyó la famosa novela.

¿Con qué propósito? Ilustrarla, según el encargo recibido en 1935 por el editor estadounidense George Macey.

El resultado destaca no solo por el propio talento de Matisse, sino porque pocas veces el intelecto adquiere tal nivel de corporalidad y sensualidad. El trazo descubre por vías ignoradas e imprevistas la secreta voluptuosidad del intelecto absoluto.

[Brain Pickings]