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Babuinos en la Casa Blanca: desmitificando las Teorías de la Conspiración (1/12)

Por: Cristopher Garnica - 01/17/2013

Iniciamos con este texto una serie sobre las Teorías de la Conspiración más populares, una exploración a cargo de Cristopher Garnica para dudar y hacer dudas de estas y, en general, todas las ideas.

Creer es como los calzoncillos: son tuyos, no los presumes, no los prestas (aunque a veces los intercambies) y si no te gustan, no te quedan o ya están gastados los tiras sustituyéndolos por unos mejores. A veces optamos por utilizar siempre los mismos calzoncillos de fe y no cambiarlos ni después de una terrible diarrea. Con las Teorías de Conspiración, sucede que a pesar de vivir con la caquita escurriendo, estamos cómodos con los calzoncillos sucios y los presumimos para explicarnos la vida.

Babuinos en la Casa Blanca surge de la necesidad de sospechar (ponerle un “no mames”), a las Teorías de Conspiración (TC), desmitificarlas y sobre todo buscar argumentos contra sus locuras; a las que especialistas de diversas áreas de conocimiento recurren para explicar sucesos históricos. Sabemos lo difícil que es comprender ciertos eventos, sobre todo cuando somos imaginativos y vivimos de apariencias. Sin embargo, recurrir a la razón, dudar o de plano no saber es preferible, que alimentar fantasías para alejarnos de nuestra responsabilidad en éste mundo raro. Ésta es la primera entrega de doce artículos, que si no es por reptiles, alienígenas o esos babuinos de culo rosado, que viven conspirando desde la casa blanca, llegará a Ustedes de manera mensual en Pijama Surf.    

Ahora bien, las Teorías de Conspiración (TC) intentan explicar todo acontecimiento social, político, económico como producto de grupos u organizaciones encubiertos  (judíos, masones, anarquistas, extremistas religiosos…) Los conspiradores suelen ser liderados por personajes siniestros y/o con cuerpos extraños: un babuino con la piel de Barack Obama, el anticristo o marcianos perversos, reunidos para someter a la humanidad a la hora del té.

Una de tantas TC es la del Nuevo Orden Mundial. En ella se cree que un grupo élite controla el gobierno, la industria, el dinero y los medios de comunicación a través del  Sistema de Reserva Federal (encargado de guardar todos los fondos de los bancos de EU), el Fondo Monetario Internacional yla ONU; con el fin, dicen, de someter a la humanidad; sin embargo sólo ellos saben el para qué de sus intenciones siempre misteriosas. El asunto con las TC es que elegimos la que mejor encaje con nuestra creencia y al presumirlas, buscamos defenderlas a toda costa.

Toda creencia es una apuesta de fe y para corroborarla se sirve de santos, milagros, apariciones, estigmas. Lo mismo sucede con las TC, cuyas pruebas de existencia son como la rajita de canela en nuestros calzoncillos: aquella que debe permanecer oculta a pesar del rastro. La rajita de canela del Nuevo Orden Mundial son armas secretas, vigilancia de los números de seguridad nacional, registros minuciosos de códigos de barras, implantes de microchips, control mental y aquellos mamotretos de evidencia en Wikileaks… Más allá de considerar esto como la prueba irrefutable del cinismo político y económico, las TC lo muestran como evidencia del plan maestro del Nuevo Orden Mundial.

Para los creyentes de las TC, la crisis financiera de España y Grecia en 2012, es otra “prueba” del Nuevo Orden Mundial. El desempleo, la falta de servicios sociales, la huida de capitales, las medidas de austeridad son diminutos apocalipsis y la hambruna se traduce como “genocidio”.  Se habla de un complot mediático que oculta la elevada taza de suicidios, la prostitución y criminalización de las personas participante en las protestas y marchas. La generación de partidos de ultraderecha en Grecia y su candidatura ala Presidencia, son tomados como “sistemas asesinos de explotación y miseria” Sin embargo, es conocida la historia de los partidos de ultraizquierda que han llevado a sus países a condiciones similares. Podríamos pensar que el problema está en las medidas neoliberales, los tratados mafiosos de banqueros, sus cómplices ratas, el sostenimiento del Status quo, o que los políticos son culeros. Pero en la negativa ante la idea de que el hombre puede ser malvado, tendrá que ser un Babuino y el Dr. Doom los conspiradores.

Como a los calzoncillos de fe no podemos exigirles pruebas, es muy sencillo dar un salto al más allá. Al mismo Obama se le replicaba la ilegitimidad en su candidatura para la presidencia de los EU, debido a que había nacido en Honolulu, Hawaii, es hijo de un padre keniano (marciano) y de madre wichita (venusina), con lo que en secreto mantenía una doble nacionalidad. Los teóricos se las gastaron diciendo que compró su acta de nacimiento en el mercado negro, que su número de seguridad social era falso y afirmaban que antes de ser cristiano era musulmán, y con ello hermanastro religioso del terrorismo. En fin, que ser padrino étnico de Osama Bin Laden, era un impedimento para postularse a la candidatura y que su hembra, demasiado guapa e inteligente, podía ser un obstáculo para los beneficios del Nuevo Orden Mundial. Aunque también puede ser su augurio, su verdadera líder o la “real conspiradora”, ¿quién sabe?

En general sobre las TC, y particularmente sobre el Nuevo Orden Mundial, los teóricos se dedican a presumir un par de trusas cochinas, para exponer que Barack Obama es el Babuino líder de una conspiración. No obstante, sabemos que la teoría y los malabares con las palabras son innecesarias, si demostraran el culo rosado de Obama-mandril. En efecto, si se tratara de una conspiración, asumiríamos nuestra derrota ante un ser superior, le conferiríamos poder para hacer y deshacer a voluntad, y nos restaría preguntar cabizbajos: ¿qué acción podemos llevar a cabo contra el líder de un grupo disfrazado imponiendo su fuerza? ¿Para qué hacer algo al respecto, si ninguna acción tiene relevancia ante potencias supremas?

Como sea, todos tenemos creencias, las defendemos para no complicarnos la vida  y porque no es posible vivir sin ellas. La apuesta por la creencia es fácil, divertido, provee esperanza, confort y fantasía. Sin embargo, pasar las creencias por el filtro de la duda y hasta el de la evidencia, nos enfrenta a las personas complejas que somos. Si lavamos los calzoncillos de nuestra creencia, (si le ponemos un “no mames” a las TC), quizá encontremos horizontes de pensamiento. Sobre todo cuando estamos en el camino de comprender el mundo y nuestras creencias interfieren con las soluciones, además ¿por qué parar en nuestra búsqueda y quedarnos sólo con aquello que creemos? ¿Por qué no mudar de calzoncillos gastados, incluyendo los calzoncillos del conocimiento? ¿No es mejor revalorar nuestras creencias?

Blog y Twitter del autor: Divina Geliofobia y @elcrisgg

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Transformar información en conciencia, y esta a su vez en cotidianidad, es el proceso básico que define el reto de nuestra generación: ser congruentes.

*Imagen tomada de Instagram (paradoxeparadis)

"Walk the talk"

Generacionalmente somos un grupo  privilegiado. Disponemos hoy de una cantidad de información que apenas hace unas décadas era difícil de concebir, y los flujos de data circulan con inédita soltura y velocidad. Sin embargo, los retos que enfrentamos de manera colectiva se han complejizado, de manera proporcional,  a esta facilidad informativa. 

Si bien antes acceder a cierta información  calificaba como proeza, algo asequible solo para los más osados, los más afortunados o para unos cuantos "iniciados", ahora estamos ante un par de interrogantes cruciales: ¿cómo reforzar la transformación de información en conciencia? y sobretodo ¿cómo hacer que esa conciencia se proyecte tangiblemente en nuestra vida diaria?

Si intentáramos definir un modelo en el cual se basa nuestra evolución consciente, podríamos proponer una dinámica basada en lo siguiente: obtención de información, procesamiento de data, construcción de conciencia y, finalmente, materialización de esta conciencia. Y, por cierto, este último paso podría considerarse como el máximo reto de nuestra generación. 

Información en Conciencia

Acumular información selecta ya no implica un gran merito (esto a pesar de que distinguir en un maremágnum de data cuáles son las hebras más lúcidas o benéficas, sin duda requiere de una cierta dedicación). El procesar dicha información, para eventualmente traducirla en conocimiento y luego en conciencia, es una especie de obligación existencial, sobretodo si partimos de la premisa que la data por sí sola no implica beneficio alguno y, en cambio, si puede intoxicarte o inclusive alimentar tu ego, sugiriéndote que ‘sabes mucho’.

Desconozco si existen reglas o fórmulas para guiar este proceso, pero por lo pronto propondría dos acciones esenciales para alcanzar con éxito este objetivo. Por un lado tenemos el ‘ejercer’ la información, experimentándola para lograr así su “desconceptualización” y carearla con lo mundano –recordemos que a fin de cuentas este terreno será el receptor final, o semifinal, de toda esta alquimia informativa–. Como complemento a este ‘vivir’ la información que vas recolectando, creo que el segundo acto sería, en esencia, el compartir los frutos de esa experiencia, honrando así su naturaleza de flujo. 

Conciencia en Congruencia

Una vez sensibilizados los bits de información que vamos recolectando, proceso al cual podríamos atribuirle el carácter de ‘construcción de conciencia’, aún resta una fase fundamental para consumar la gran obra de data-alquimia: sumergirte genuinamente en esa conciencia y embalsamar con ella tu vida cotidiana. Para lo anterior existe un término que si bien es popularmente dimensionado, lo cierto es que pocas veces se aplica como una filosofía de vida: la congruencia.

La congruencia podríamos definirla como una pulcra sincronía entre lo que sabes, es decir aquello de lo que eres conciente, lo que predicas, y lo que haces. Esta sintonización de pensamientos, palabras y actos, ha sido enaltecida como fundamento en múltiples tradiciones místicas, modelos filosóficos, y postulados éticos. Incluso hay quienes afirman que esta virtud es la clave para la felicidad –Gandhi afirmaba que esta última “ocurre cuando lo que piensas, lo que dices, y lo que haces, se encuentran en completa armonía”. Sin embargo, créanme, se trata sin duda  del paso más complicado. ¿Cuántas veces hacemos algo que sabemos que no será benéfico para nosotros o nuestro entorno? Al menos yo, demasiadas.

El reto (¿estás listo?)

Resulta relativamente fácil, considerando la cantidad de data accesible, entretejer vistosos discursos evolutivos, teorizar sobre la posibilidad de alcanzar en un futuro próximo radiantes escenarios de vida, o trazar emocionantes panoramas. Pero también es claro que la pirotecnia retórica –aunque no niego que puede ser inspiradora, y en este sentido juega rol de cierta relevancia– está lejos de ser suficiente para poder completar nuestra ‘gran obra’ generacional (la cual consiste en gestar un nuevo programa de realidad que manifieste cabalmente principios como la justicia, la equidad, el bienestar compartido, etc).

Y a propósito de esto, creo que vale la pena retomar unas líneas incluidas en el texto “Revolución no, Renacimiento sí (sobre el aquí, el ahora, y la congruencia)”, publicado aquí mismo, en Pijama Surf, a mediados del año pasado:

Pero estos ecos propositivos ya no son suficientes. Si yo (que a la vez soy tú) no me hago responsable de mi vida, de cada instante que se trenza a lo largo de cada día de mi vida, si no tengo la voluntad para materializar esa conciencia en cada uno de mis actos, si no soy capaz de traducir mi discurso evolutivo en ese axis del momento presente, si no logro sintonizar mis pensamientos con mis acciones y mi discurso con mi corazón, entonces habremos perdido, una vez más, la oportunidad de compartir un dorado amanecer. […] El verdadero heroísmo descansa en micro-decisiones concertadas de manera permanente (la épica es una secuencia tan larga como microscópica). La conciencia está (afortunadamente) de moda. Pero la única ruta posible hacia un ‘algo’ mejor es la congruencia. Los tiempos de presumir nuestra disposición a participar en un futuro más luminoso han terminado.

* Zig Zag mantra

Congruencia no es transmitir el eco de los grandes maestros ni dibujar potenciales paraísos evolutivos. Congruencia no es predicar acciones inspiradoras o emitir tuits de misticismo pop. Congruencia no es hablar sobre el camino, ni presumir proyectos de vida. Congruencia no es acumular información opulentamente sofisticada, o estudiar el trayecto de personas ejemplares. Y ciertamente congruencia no es escribir un artículo en Pijama Surf sobre las mieles de ser congruente (lo cual admito que, desde cierta perspectiva, es francamente grotesco).

Poiesis

Para concluir, me gustaría aludir brevemente a la poiesis, antecedente etimológico del término poesía, que se refiere a “hacer, a consumar un acto continuo de transformación del mundo", a ejercer la poética de manera vivencial. Hagamos pues poesía. Culminemos la obra o disolvámonos en el intento, de cualquier forma no hay mucho más que alguna de estas dos opciones. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Javier Barros del Villar