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Concentración, (auto)control, autoconocimiento: ¿cuál es el verdadero objetivo de meditar?

Por: pijamasurf - 12/23/2012

Aunque popularizada en Occidente en los últimos años, la práctica de la meditación tiene implicaciones que entran en conflicto con algunos de los conceptos más característicos de la espiritualidad occidental, como el autocontrol o el conocimiento de sí que tiene una persona

En años reciente la práctica de la meditación ha ganado popularidad en países de Occidente, adonde ha llegado de la mano de tendencias espirituales que la consideran uno de los mejores ejercicios para la armonía entre mente y cuerpo con enormes beneficios para ambos, aunque especialmente para la primera, por lo determinante que resulta el bienestar mental para prácticamente todo otro aspecto de nuestra vida.

Sin embargo, como a veces sucede con las costumbres ancestrales de una cultura que repentinamente aparecen trasplantadas en otras, la meditación puede llegar a adquirir formas extraños, conceptos que no se refieren con precisión a lo que es de origen, a sus propósitos verdaderos, a los fines que persigue desde que fue ideada en el contexto de tradiciones orientales religiosas como el hinduismo o el budismo.

Así, por seguir el ejemplo que plantea Maria Konnikova en The New York Times, lo usual cuando pensamos en meditación es que imaginemos a un monje rapado cruzado en flor de loto y de cara a los Himalayas, pero, estrictamente, si nos alejáramos por un momento del cliché para buscar algo más cercano a nuestros referentes compartidos, quizá lo mejor sería recordar a Sherlock Holmes, el legendario detective del 221B de Baker Street, sentado en su sillón de piel, solucionando un crimen desde la paradójica pasividad de su reflexión.

Y es que, en buena medida, meditar provoca en la mente de quien adopta esta acción como una práctica recurrente, un mejor desarrollo de la habilidad que los psicólogos cognitivos llaman en los medios anglófonos “mindfulness, concepto que se ubica en un punto entre la atención y la conciencia que se tiene de una situación dada. “La habilidad de aquietar tu mente, enfocar tu atención en el presente y apartar las distracciones que se atraviesan en tu camino”, escribe Konnikova.

Las investigaciones académicas sobre la meditación  en Occidente llevan realizándose desde hace caso cuatro décadas, desde que Ellen Langer, una de las pioneras, actualmente psicóloga en Harvard, documentara las mejores que la meditación trae a las funciones cognitivas, incluso en adultos mayores. Con el tiempo se descubrió que incluso en sesiones breves, esta práctica tenía un efecto positivo notable tanto en las mociones como los pensamientos de una persona y, por lo tanto, en el sistema neural donde todo esto se origina.

Deconstruyendo la meditación y acercándola más a la manera en que se entiende y se habita el mundo en Occidente, en 2001 un grupo de investigación de la Universidad de Wisconsin descubrió en el cerebro de los asiduos la formación de un patrón de actividad en la zona frontal del cerebro que, entre otras cosas, está asociado a estados emocionales de “enfoque-orientado” (approach-oriented), estado en el cual el individuo está inclinado a interactuar con el mundo que lo rodea y no a huir de él.

Asimismo, trascendiendo este aspecto del control de las emociones, otra investigación, esta realizada en 2012 en la Universidad de Washington, se intentó echar abajo el mito del “multitasking”, la supuesta habilidad de prestar atención a decenas de acciones simultáneas y, lo que al parecer es todavía más valorado, ser el protagonista de ese circo o de tareas cotidianas. Tomando tres grupos de voluntarios que recibieron clases de meditación pero en distintas etapas de la prueba ―antes y después de esta, y el tercero un curso sobre relajación corporal―, los investigadores descubrieron que meditar provocó que los voluntarios tuvieran pocas emociones negativas al final del día e incluso que vieran mejorada significativamente su habilidad para concentrarse.

“La conciencia, en otras palabras, ayuda a nuestras redes de atención a comunicarse mejor y con menos interrupciones de lo que otras querrían”, escribe la articulista, quien agrega además que este podría ser el estado natural de las redes de nuestro cerebro, aquel en que estas se encuentran durante sus horas de descanso.

Como se ve, la meditación tiene un campo de acción amplio que involucra emociones, pensamientos y hábitos mentales, incluso coqueteando con nociones tan caras a la espiritualidad y la metafísica de Occidente como el autocontrol y el autoconocimiento. “Conócete a ti mismo” es, por mucho, uno de los lemas más antiguos e iterados de nuestra historia, un mandato que lleva implícita la relación casi necesaria entre conocimiento y control: solo se controla lo que se conoce, solo te puedes controlar a ti mismo cuando te conoces lo suficiente. Y si algo caracteriza la construcción que ha hecho Occidente de la naturaleza humana es el enfrentamiento entre los instintos y la cultura, entre la pulsión dionisiaca y la apolínea, el atavismo y la civilización, Jekyll y Hyde.

Meditar, de alguna manera, no se trata de controlar ni de conocer. Ambas nociones le son un tanto ajenas. Sus propósitos son menos ambiciosos y, por lo mismo, más asequibles. El infierno en que Occidente sume nuestro pensamiento se disuelve en una práctica mucho más humana, una habilidad muy concreta que solo por los fines que cada persona persiga, puede ser que deriven hacia otras rutas. Concluye Konnikova:

El corazón de la conciencia es la habilidad de poner atención. Eso es exactamente lo que Holmes hace cuando junta sus dedos, o cuando exhala una fina nube de humo. Centra su atención en un solo elemento. […] En el tiempo que toma al detective Mac trompicar por todos esos poblados en busca del ciclista extraviado en The Valley of Fear, Holmes resuelve el crimen entero sin dejar la habitación donde ocurrió el asesinato. Esa es la cosa con la conciencia. Parece que te hace más lento, pero en realidad te da los recursos que necesitas para acelerar tu pensamiento.

La diferencia entre un Holmes y un Watson es, esencialmente, de práctica. La atención es finita, es cierto, pero también se puede entrenar.

[NYT

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Esoterismo multimedia y un incitante espíritu iniciático, son solo algunas de las virtudes de este legendario proyecto psico-musical llamado KLF.

Bill Drummond era el manager de Echo & The Bunnymen y una vez que la banda grabó Cocodriles, su primer disco, se dio cuenta que en los árboles de la portada se dibujaba la cabeza de un conejo gigante de mirada malvada. Preguntó al fotógrafo y a las distintas personas involucradas en la producción del disco y a raíz de su comentario todas lo vieron (búsquenlo, también lo verán); claro, para todos no pasó de ser un dato bastante curioso -ya que el propio nombre de la banda tiene una referencia a conejos, pero no para Drummond: su obsesión llegó a tal punto que, para comunicarse con esa "entidad" llegó a basar las giras del grupo en un recorrido que, dibujado sobre Inglaterra, trazaría la cabeza de un conejo.

Años más tarde, luego de abandonar al grupo, ser productor para una discográfica importante y grabar un disco de folk, Drummond abandonó un retiro tanto temporal como prematuro de la música con un objetivo bien claro: grabar la canción perfecta y triunfar… pero a su modo, siguiendo sus propias reglas. Sucede que a mediados de los 70s había musicalizado la producción teatral de la trilogía Illuminatus! en la que el propio Robert Anton Wilson tuvo una breve participación (gritando nada más y nada menos que "Do what thou wilt shall be the whole of the law"). Drummond comenzó a leer la novela para la obra y aproximadamente diez años después, en pleno retiro, volvió a empezar.

No terminó siquiera el primer libro de la trilogía hasta hace unos pocos años, luego de la muerte de RAW, pero los efectos de ese libro iniciático y demencial fueron instantáneos: llamó por teléfono a su amigo Jimmy Cauty y le realizó una propuesta. Mezclar sintetizadores y hip-hop para crear la canción perfecta de pop e infiltrarse en la industria musical, poner una bomba atómica en su seno. Utilizando técnicas de marketing revolucionarias para la época y una simbología ciento por ciento discordianista, decidieron llamarse primero Justified Ancients of Mummu (The JAMs, nombre tomado de una institución que lucha contra los Illuminati en la ficción) pero lograron su primer éxito bajo el nombre The Timelords al hacer una canción tomando distintos elementos de la popular y arquetípica serie de ciencia ficción Doctor Who.

Los grupos musicales suelen tener una agenda común una vez que logran su primer éxito, pero no estoy hablando de un caso habitual: una vez logrado el objetivo inicial los dos miembros de la banda que sería conocida mundialmente como KLF escribieron un libro (The Manual: How to Have a Number One the Easy Way), una guía que describe paso por paso cómo crear un hit musical y 25 años después algunos de los conjuntos más exitosos del pop siguen utilizándolo a la hora de componer. Pero algo sucedió en ese momento que arrasó con la cultura por completo: el éxtasis y las raves. KLF surfeó la ola como si hubieran nacido para hacerlo y se alejaron del hip-hop (en el que no eran tan buenos, después de todo) para dedicarse de lleno al pop y al acid house. Con esta misma fórmula y siempre desde afuera del sistema, publicando comunicados de prensa en los que continuaban la narrativa de la ficción de la cual tomaron su iconografía, llamando a la liberación del individuo y a luchar contra el orden establecido, lograron éxito tras éxito tras éxito, llegando a tener el número 1 en los principales países europeos y vendiendo millones de copias de sus EPs.

Tenían las canciones más populares teniendo el control, haciendo las cosas a su modo. Por ejemplo, qué significan las siglas, "KLF"? Del mismo modo que la A.:.A.:., su significado cambiaba con el tiempo y todo verdadero fanático sabe que en el fondo no significan nada en particular: cualquiera que asigne a las siglas un simbolismo determinado apenas conoce los beats revolucionarios de Drummond y Cauty. Una vez, durante un recital, regalaron al público las veinte mil libras esterlinas que habían cobrado por la noche; otra iniciaron el show repartiendo helado entre los asistentes. Grababan con su sello discográfico, se encargaban de filmar sus videos -hasta filmaron dos películas: nadie les decía qué hacer, eran libres.

Y en los Brit Awards de 1992 fueron elegidos como el mejor grupo musical del año. No recibieron el premio, se habían ido luego de tocar una versión bastante particular de 3am Eternal junto a Extreme Noise Terror, un grupo de grind metal y de disparar con ametralladoras balas de salva al público. Como siempre, los medios especializados catalogaron la acción como un truco publicitario, pero Drummond y Cauty se empezaron a cansar de ser malinterpretados y la consagración trajo consigo un pensamiento inquietante: hasta qué punto estaban afuera de la industria, hasta qué punto eran libres? No era posible que hubiesen estado engañándose todos este tiempo? Había una sola salida posible: destruir a KLF.

Muchos grupos musicales se separan, no es lo que querían: deseaban recuperar sus almas, destruir aquello que los había corrompido. Por lo tanto, eliminaron todas las copias de sus discos de las que tenían control, ocasionándose pérdidas millonarias. El profundo trabajo de limpieza (que los eliminó de los medios masivos completamente) culminó en un acto de resonancias anárquicas completamente irracional para la mayoría. El 23 de agosto de 1994 filmaron cómo quemaban lo último que les quedaba de KLF: un millón de libras en efectivo.

No quisieron regalarlo ni donarlo: sin saber del todo por qué, prendieron fuego la raíz de la alucinación colectiva, el sustento de todas las industrias, eliminaron algo que de hecho no existe y pese a lo cual es imposible pensar en su eliminación. No quisieron que el dinero cambiara de manos, simplemente quisieron que desapareciera. Alrededor de diez años después, tras la muerte de Robert Anton Wilson, Bill Drummond fue invitado a dar una conferencia sobre él: aprovechó la ocasión para terminar de leer la trilogía. Imaginen su sorpresa cuando se enteró que uno de los motivos de la creación de The JAMs era rebelarse contra la aparición del sistema monetario, los intereses y la usura: contra el dinero.

Tras el ritual de 1994 realizaron una gira por toda Inglaterra mostrando la filmación: querían que la gente aportara ideas, les ayudaran a entender y por qué no también les explicaran por qué lo habían hecho. Alan Moore, autor de cómics y ocultista prestó su casa para que la audiencia discutiera sobre el evento: su conclusión fue que KLF había iniciado un diálogo y ahora estaba esperando una respuesta. Pasados 18 años, seguirán esperando?

Twitter del autor: @ferostabio