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Google y Facebook se niegan a promover al Partido Sexual de Australia

Política

Por: pijamasurf - 09/25/2012

Bajo explicaciones turbias y poco convincentes, las dos corporaciones estadounidenses se negaron a apoyar al Australian Sex Party.

Cuando una propuesta política no se adapta a lo establecido, cuestiona a las autoridades en turno o plantea nuevas estrategias para el desarrollo de un país, sus opositores comienzan a obstaculizar el desarrollo del partido en cuestión o de aquel que busca desafiar a un conservadurismo rancio y enmohecido. Ese fue el caso de The Australian Sex Party, quien el pasado 13 de septiembre impuso una demanda en Estados Unidos contra Google, acusando al rey de los buscadores de interferir ilegalmente en las elecciones pasadas de Melbourne y Victoria, negándose a promover al ASP a través de anuncios publicitarios.

En una carta dirigida al Departamento de Justicia de los Estados Unidos, la presidenta del partido, Fiona Patten, acusa a Google de interferir ilícita y corruptamente en elecciones estatales y federales.

Patten asegura que el ASP recibe un trato distinto en comparación a los otros partidos, lo que se traduce en más votos para el Partido Laboral y para el llamado de “Los Verdes”, los principales opositores a la ideología del ASP.

Además, la presidenta del partido señaló que Google rechazó anunciar a su partido a través de AdWords, un servicio publicitario de búsquedas pagadas que consiste en dar preferencia a tu producto cuando algún usuario teclea el o los nombres de tu marca o palabras a fin a este, pero Google respondió que esto se debió a que el ASP no cumplía con los requisitos de donaciones e impuestos. Sin embrago, Fiona Patten alegó que ningún partido cumplía con este requisito y que, además, las oficinas del ASP quisieron ponerse en contacto con Google para resolver el problema, pero sus llamadas y peticiones simplemente fueron ignoradas o negadas.

Con o sin publicidad, el Australian Sex Party quedó en tercer lugar, por debajo de las candidatas Jennifer Kanis y Cathy Oak, pero quizá otro de los culpables por este resultado es Facebook, quien también se negó a promocionar al partido bajo el argumento de que el nombre del mismo puede ser motivo de promoción de productos y servicios para adultos.

Google respondió que todas las peticiones del ASP fueron tomadas en cuenta y que todas las violaciones a la Ley de Prácticas Corruptas fueron prohibidas por el código de conducta de Google, por lo que se llevará a cabo una investigación sobre las denuncias y quejas descritas. 

También en Pijama Surf, Cópula política: el Partido Australiano del Sexo, conoce la ideología y el desarrollo de este partido en pasadas elecciones en Australia.

[SMH]

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Por: pijamasurf - 09/25/2012

Conductismo y consumismo son dos ideologías y modos de ser y estar en un mundo dominado por el afán de ganancia que se corresponden en la construcción de sujetos maleables que fáciles de controlar y manipular, un modelo cultural que aunque parece exclusivo de Estados Unidos, es exportado a tantos países como llegue el modelo capitalista.

De algún modo no parece casualidad que Estados Unidos sea la principal fuente de teorías de la conspiración e hipótesis que tienen todas como rasgo común la idea de un poder superior que manipula la realidad colectiva para hacer cumplir su voluntad sin que nadie, a excepción de unos cuantos “paranoicos”, lo note ni lo impida: en una sociedad con tan alto grado de industrialización y sofisticación de la vida cotidiana, la simulación parece una consecuencia previsible. Fue justamente a partir de un viaje a la Unión Americana que Jean Baudrillard, uno de los filósofos más lúcidos de las últimas décadas, consolidó sus ideas sobre la presencia del simulacro en los mecanismos sociales por los cuales se construye la [hiper]realidad.

“La corporatización de una sociedad requiere de una población que acepte el control de la autoridad, por eso cuando los psicólogos y los psiquiatras comenzaron a proveer técnicas que pudieran controlar a la población, la corporatocracia abrazó a los profesionales de la salud mental”, escribe Bruce E. Levine al inicio de un artículo publicado en el sitio Alternet en el que se pregunta por qué los estadounidenses son tan fáciles de manipular y controlar.

Levine traza la historia de los profesionales de la mente que, comenzando con el famoso padre del conductismo B.F. Skinner, centraron su labor en descifrar los supuestos mecanismos por los cuales el control masivo de la población sería no una fantasía totalitaria sino una realidad asequible, sin importar que estos “descubrimientos” atentaran contra la ética de su profesión e incluso contra circunstancias mucho más trascendentes como la democracia misma. Justificados en la felicidad y la igualdad —como ya lo imaginaran los utopistas del Renacimiento— los psicólogos de mediados del siglo XX buscaban la normalización de todos los individuos, la homogeneización de una sociedad entera, como antecedente necesario e irrenunciable para suprimir la posibilidad de alteración y conflicto.

Desde la perspectiva del conductismo y su concepto del condicionamiento operante —una variación del “clásico” acuñado por Ivan Pavlov en el que un estímulo produce siempre una misma respuesta— la dinámica individual, y por ende la social, solo obedece al refuerzo positivo o al negativo, a las recompensas o los castigos, al dinero o los electroshocks, en el salón de clases o el lugar de trabajo, la sala familiar o la vía pública.

Imprevisiblemente, en las últimas décadas del siglo XX el conductismo encontró una enorme resonancia con otro de los modos de ser y estar en el mundo más característicos de esta época: el consumismo. Expresión neta, íntima, del capitalismo, la compulsión a consumir, tan necesaria para el sistema, se consolidó gracias a algunas de las premisas más elementales de la corriente psicológica fundada por Skinner, extendiéndose a ámbitos más allá de lo meramente económico. “El comprador, el estudiante, el trabajador y el votante son todos para el consumismo y el conductismo la misma cosa: objetos condicionables, pasivos”, escribe Levine, identificando esa relación de igualdad entre personas y objetos que al final terminan, ambos, convertidos en mercancías disponibles para su compra-venta.

Individuos controlados, mansos, cumplen fácilmente propósitos planteados de antemano. La pregunta, claro, es quién fija estos propósitos. Y, en una sociedad como la nuestra, la respuesta es sencilla: quien pueda pagar por los servicios de los científicos que prometen dicho control social.

Alfie Kohn, por ejemplo, escritor que se ha enfocado en temas como la paternidad, la educación y el comportamiento humano, ha documentado cómo la modificación del comportamiento es mucho más factible en personas dependientes, sin poder, infantilizadas, aburridas e institucionalizadas —de ahí que sean justamente estas características la que las autoridades buscan diseminar entre la población. Igualmente, según las investigaciones de Morton Deutsch, el condicionamiento se facilita en personas a quienes les desagrada lo que están haciendo. Por último, la probabilidad de enfrentar un desafío está en función de la dificultad de este y la magnitud de la recompensa que se obtendrá el completarlo (se trata de las calificaciones en la escuela o el salario en el trabajo).

Sin embargo, la naturaleza de la democracia, su dinamismo intrínseco, se confronta directamente con el conductismo. La existencia de muchas opciones, la capacidad de elección, los incentivos para que sea el propio individuo y su comunidad quienes transformen su realidad inmediata, son circunstancias que contradicen la búsqueda del control y la manipulación masivos por parte de una élite que necesita de estos para generar sus ganancias y conseguir sus fines particulares.

Por desgracia, esta no es una realidad que pertenezca a una época pasada o un país que no sea el nuestro. Se trata de un sistema económico y cultural, amplio, que trasciende fronteras y mientras se revele exitoso —apariencia de éxito debido a la falta de modelos alternativos— persistirá en el tiempo y será exportado a toda sociedad que funciones bajo la lógica capitalista.

[Alternet]