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Tanto James Holmes, como Anders Behring Breivik, acusados de tiroteos en masa, no usaban Facebook. Puede que no unirse a las redes sociales sea signo de un ser disfuncional, afirman psicólogos.

Como Facebook ha invadido casi cada rincón de la sociedad moderna, ahora muchas personas, psicólogos y empleadores sospechan de quienes no se unen a las redes sociales.

Los departamentos de recursos humanos desconfían de los aspirantes jóvenes que no utilizan este sitio. ¿Sus razones? Sospechan que sus páginas se llenaron de quejas y reportes, por lo que tuvieron que ser borradas.

La columnista de Slate.com, Emily Yoffee, advirtió a los jóvenes que no deberían salir con alguien si se dan cuenta que no está en Facebook, pues “puede estar dando un nombre falso”.

Incluso, hay sitios como la revista alemana Der Taggspiegel o Slashdot que señalan que el hecho de no tener una página de Facebook puede ser la primera señal de que eres un asesino en masa, pues tanto James Holmes, el acusado del tiroteo en un cine, como Anders Behring Breivik, el noruego que asesinó a 77 personas con un coche bomba y una balacera en masa, no lo utilizaban.

Aunque esto sólo aplica para los jóvenes adultos, no para las personas de más edad que no se han acostumbrado al uso de las redes sociales.

No tener una página de Facebook es visto como una negativa a participar en la sociedad actual, en el mainstream,  y ser como los demás.  Esto para muchas personas y corporaciones es algo perturbador, un síntoma patológico; para otros podría ser una especie de virtud ascética, de declaración de principios y afirmación del mundo fuera del ágora moderna: un nuevo paganismo. 

[Daily Mail]

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Aunque el grado de terror que causan no es distinto, los terroristas reciben un trato diferente en los medios en función del color de su piel y su origen étnico.

El terrorismo, ese fantasma contemporáneo que asola las pesadillas de Occidente, posee un solo rostro: el que los medios mainstream conforman día a día con las noticias que difunden y, en especial, con las sutiles inflexiones con que tratan el tema.

Juan Cole, profesor de historia en la Universidad de Michigan, ha elaborado un interesante recuento de 10 diferencias que existen solo en el ámbito de los medios cuando se tiene que hablar de un terrorista, diferencias que, por elemental o sorprendente que parezca, están basadas únicamente en el color de la piel del presunto criminal y, en última instancia, en su origen étnico, creando dos grandes grupos al momento de juzgarlos mediáticamente: los blancos y los no-blancos.

Así, según Cole están son dichas distinciones:

A los terroristas blancos se les llama “pistoleros” [gunmen]. ¿Qué significa eso? ¿Una persona con una pistola? ¿No sería eso cualquiera en los Estados Unidos? A otros terroristas se les llama “terroristas”.

Los terroristas blancos son “solitarios con problemas” [troubled loners]. Otros terroristas son siempre parte de un complot global, incluso cuando son evidentemente solitarios con problemas.

Hacer un estudio sobre el peligro de terroristas blancos en el Departamento de Seguridad Interior te valdrá la marginación de enojados congresistas blancos. Hacer estudios sobre otros tipos de terroristas te garantiza una promoción.

La familia de un terrorista blanco es entrevistada, lloriqueando mientras se preguntan dónde se equivocó. Las familias de otros terroristas casi nunca son entrevistadas.

Los terroristas blancos son parte de una “excepción” [fringe]. Otros terroristas son aparentemente la regla [mainstream].

Los terroristas blancos son eventos azarosos, como los tornados. Otros terroristas son conspiradores de largo aliento.

A los terroristas blancos nunca se les llama “blancos”. Pero a otros terroristas se les dan afiliaciones étnicas.

Nadie piensa que los terroristas blancos son personas blancas típicas. Pero otros terroristas son considerados parangones en sus sociedades.

Los terroristas blancos son alcohólicos, adictos o enfermos mentales. Otros terroristas aparentemente llevan una vida limpia y perfectamente sana.

No hay nada que puedas hacer con los terroristas blancos. El control de armas no los detendría. Ninguna política que puedas diseñar, ningún programa gubernamental, podría tener un impacto sobre ellos. Pero cientos de miles de millones de dólares deben gastarse en políticas y en el Departamento de la Defensa, en el TSA [Adminstración de Seguridad del Transporte], que desnuda virtualmente a 60 millones de personas por año, para lidiar con otros terroristas.

[Alternet]