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¿Cómo transmutar mentiras, robos, y piedras de crack en una disciplina para familiarizarte contigo mismo? El libro Dharma Punx no resolvera tu vida pero quizá te inspirará a sentarte y observar.

libro de noah levine dharma punx sobre budismo

Nunca fui muy fan de las historias épicas (con excepción de las aventuras de piratas malayos de Emilio Salgari), sin embargo, a veces puedo entender alguna de las virtudes implícitas en este tipo de narrativas –me refiero a cuando se develan como un pulso de inspiración que incita al lector a emprender una movida práctica con respecto a su propio escenario. Y precisamente esta es, creo, la mayor bondad de Dharma Punx, un recuento autobiográfico en torno al camino que separa el sostener habitualmente una pipa para fumar crack, del apostar a abrazar el aquí y el ahora.

Si bien resulta un tanto clichesero, como arco narrativo, la historia de un yunki que termina envolviéndose en el manto de la disciplina espiritual, lo cierto es que la historia de Noah Levine responde a una pregunta interesante ¿Qué separa a un adicto sumergido en delincuentes patrones y sustancias poco rentables, de un tipo dedicado de lleno a la meditación y al servicio comunitario?  ¿Se trata acaso de algún lujoso centro de rehabilitación que ha descubierto la fórmula mágica para purificar el ser? ¿Es obra del popular programa de los doce pasos fundado por Bob Wilson y Bill Smith? ¿Un risueño milagro?

En realidad, en términos muy básicos, estamos frente a una historia de purificación a base del recurso más simple y accesible del que disponemos: la respiración, o mejor dicho la observación de este mágico ejercicio pendular que consiste en inhalar y exhalar. Y tal vez en la simpleza de la solución a los conflictos de nuestro héroe se encuentra el antídoto contra el cliche de la narrativa de superación. Pero Dharma Punx, no se contenta con superar esta auto-impuesta trampa, superar el cliche, sino que a base de honestidad y una genuina intención por compartir su camino con los demás, si bien dista de ser una prosa memorable, Noah desdobla un entretenido relato a lo largo del cual florecerán interesantes bits de conciencia.

En lo personal hay un par de aspectos que me generan un cierto repele ante la "espiritualidad contemporánea" –y lo asumo como parte de la neurosis que algún día espero disolver para aligerarme–. Por un lado, la frivolidad que caracteriza a la mayoría de las prácticas, o mejor dicho de sus practicantes, quienes sienten una necesidad por evidenciar su "nuevo camino": repiten empalagosas frases ligadas al amor o a la condena del ego, adquieren todo el equipo necesario y demás gadgets complementarios para realizar su práctica (incluso calcomanías de un ohm o algo parecido para pegar en su coche o en su PC), y utilizan su nueva identidad para reforzar su status social y entrar al mercado ontológico de los seres conscientes. El segundo aspecto es un mix entre ostentación espiritual y puritanismo: utilizan como mantra existencial el remarcar que ellos trabajan mucho su camino etéreo, y desacreditan a todo aquel que no está dispuesto a sintonizarse, de manera uniforme, con sus dogmas. Creo que casi cualquiera de nosotros habrá estado expuesto a alguno de estos gestos o, incluso, habremos caído en este tipo de actitudes.

Lo que mayor empatía me genera del trayecto que nos comparte en Dharma Punx su autor, es que desmitifica la práctica espiritual como un recinto elitista, poco accesible, y completamente uniformado. Noah combina sus retiros de meditación con tocadas de bandas como Operation Ivy, Monster Crew y Fury 66, lo cual, más allá de resultarnos simpático, también nos muestra que las antiguas tradiciones místicas pueden ser perfectamente compatibles con nuestras circunstancias personales (lo cual nos remite al experimento de Budismo Open-Source de Kint Finley). Además, más allá de la virtual comodidad de trabajar tu merkaba desde templos, retiros, o talleres, este punk budista sale al llano y se involucra con múltiples programas de ayuda comunitaria y servicio social, lo cual es dificil dejar de admirarle a cualquiera que lo haga.

Curiosamente Noah era un perfecto candidato para caer en el puritanismo del cual les platicaba hace unas líneas, sobretodo si tomamos en cuenta que durante varios años estuvo nadando en las estepas inferiores del fango existencial. Por otro lado, fácilmente habría podido perfilarse en dirección del jet-set espiritual, y en particular del budismo Theravada –su padre, Stephen, es un reconocido maestro de meditación, cercano a otros machos alpha del budismo en occidente como Jack Kornfield o el buen Ram Dass). Pero no obstante su cercanía con estas inercias que hubiesen podido desacreditar su historia, convirtiéndolo en un predicador más del budismo pop, nuestro autor y protagonista sale avante de tan comunes tentaciones. Y tal vez aquí radica el mayor valor no solo de su aventura ahora impresa, sino de su integridad como "observador". Por si no fuese suficiente para calificar esta obra como una crónica útil, Noah no desaprovecha la oportunidad para compartir su desilusión 'gúrica', con el afán, supongo, de alertar a todos aquellos que depositan su propio camino espiritual en las manos de un cuasi-iluminado maestro o incuestionable gurú ("Be yourself, everybody else is taken"). Lo anterior toma aún más valor si reconocemos que este es uno de los más nefastos vicios de aquellos que buscan reflorecer su espíritu.

En fin, más allá de mi experiencia personal durante la lectura de Dharma Punx, y advirtiendo que ni en él (ni en ningún otro lugar) hallarás un instructivo para iluminarte o siquiera para ser mejor persona, creo que este libro que bien pudiera servir como pretexto para que tomes las riendas de tu camino personal (en caso de que no lo hayas hecho aún). Y en un plano aún más simple, la historia de Noah Levine es una amena y franca invitación a sentarte a meditar en lo que vas resolviendo los problemas existenciales que, supones, te acechan. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis

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Fálicas imágenes adornan los muros de templo en Bután

Por: pijamasurf - 08/05/2012

Considerado uno de los lugares más fálicos del planeta, este templo cercano al Himalaya fue una iniciativa de un mujeriego monje llamado Drukpa Kunley (1455-1529), que se dedicó a combatir a una diosa mitad demonio, mitad caníbal con el rayo de “buena energía” que, según él, emergía de su pene.

Considerado uno de los lugares más fálicos del planeta, este templo cercano al Himalaya fue una iniciativa de un mujeriego monje llamado Drukpa Kunley (1455-1529), que se dedicó a combatir a una diosa mitad demonio, mitad caníbal con el rayo de “buena energía” que, según él, emergía de su pene.

La estética que impera en los muros de este templo en Bután ha escandalizado a muchas personas, sobre todo de Occidente, que han pedido se censuren los murales al considerarlos ofensivos. Incluso, un par de asociaciones feministas han acudido a instancias internacionales a quejarse del lugar, asegurando que ayuda a preservar ideologías represoras y falocéntricas.

Conocido también como el "santo loco", Drukpa Kunley es visto por las tribus paganas como una especie de remanso ante las tradiciones budistas más rígidas, aparte de ser considerado un símbolo de la fertilidad y la buena suerte.

El presidente del Centro de Estudios de Bután, Dasho Karma Ura, asegura que el templo es uno de los más visitados del país, con una afluencia de 1 millón de personas al año. Asimismo, defendió el culto fálico como parte de las ricas y polifacéticas tradiciones budistas que, en algunas partes del mundo, se nutren del sincretismo con rituales populares, como en este caso.

También agregó que si bien el templo de Drukpa Kunley es visto por varios contemporáneos como una muestra del narcisismo masculino de un monje que fue muy querido por su comunidad, la verdad es que no representa ideales budistas más universales para los cuales, paradójicamente, la representación de la desnudez femenina es un signo de la reducción de la mujer a su sexualidad y la imaginería fálica evoca el egocentrismo de los hombres, nunca a su masculinidad.

Para una galería de imágenes de este templo, sigue este enlace.