*

X

Benedicto XVI admite que el uso del condón es "moralmente" permisible

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/21/2012

El condón ya no fue motivo de controversia para Benedicto XVI. En una entrevista declaró que el uso del preservativo, si es un aliado para cuidar la salud, está justificado, aunque no puede considerarse una solución.

Inesperadamente, el Papa Benedicto XVI podría convertirse en un “héroe” para todos aquellos que defienden el uso del condón.   

En una entrevista, el sumo pontífice aceptó que el uso del  preservativo es permisible en casos donde la prevención de algún virus sea el tema fundamental y no la prevención de un embarazo, incluso aseguró que el uso del condón es un acto de responsabilidad, aun fuera del matrimonio.

“No es una solución real ni moral. En algunos casos, donde la intención es reducir el riesgo de una infección, puede ser el primer paso hacia una sexualidad más humana”, declaró el llamado Sumo Pontífice. Además, hizo hincapié en que la abstinencia es el mejor método para prevenir cualquier enfermedad, pero que existen circunstancias en que si el condón es el único recurso para preservar la salud, no se tiene que escatimar su uso.

“Pueden haber casos justificados, por ejemplo cuando un hombre se prostituye. El uso del condón puede ser el primer indicio de una conducta sexual más responsable, de un replanteamiento sobre la idea de que no todo está permitido y  de no todos los deseos pueden realizarse, pero no es la manera adecuada de lidiar con una terrible enfermedad como el VIH”, abundó.

Durante la entrevista, el Papa se dijo sorprendido por los casos de abuso sexual que han envuelto a la Iglesia Católica y sugirió una posible renuncia al Papado, asegurando que sus “fuerzas están disminuyendo”.

[Telegraph]

Te podría interesar:

La esclavitud: una práctica presente como nunca en la historia (y necesaria para el sistema)

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/21/2012

Contrario a lo que podría pensarse, la esclavitud es una realidad laboral sumamente presente en el mundo, con 27 millones de personas padeciendo esta práctica que, en cierto sentido, nunca se erradicará mientras vivamos en un sistema que se basa en la obtención de ganancia por medio del trabajo.

Cortadores de caña en Brasil de camino al ingenio
Ricardo Funari/flickr

Podría pensarse que la esclavitud es una práctica superada y abolida en este punto de la historia. Los esclavos, podríamos pensar, son personas que solo en el pasado fueron forzadas a trabajar sin un salario digno a cambio, en condiciones indignas y aun en contra de su propia integridad, tratados como una subespecie e incluso como si pertenecieran a un estrato inferior que no mereciera mayores consideraciones.

Esto, sin embargo, no es cosa del pasado. Por el sistema económico en el que vivimos —y para cual, según el mismo sistema nos hace creer, no hay alternativas— la esclavitud es una realidad “laboral” persistente, sobre todo en lugares donde el imperio del capital se sobrepone al de la ley, donde la vida humana —su cuerpo, su energía— se incorpora a una cadena de producción de la que es otro elemento más, tan importante o tan trivial como el objeto manufacturado o la materia prima empleada.

De acuerdo con datos que ofrece Cameron Conaway en el sitio Alternet, actualmente hay más esclavos que en ninguna otra época de la historia: alrededor de 27 millones en todo el mundo. Una realidad lamentable pero, podría pensarse en un inicio, contradictoria. En efecto: la apabullante cifra tiene que ver, en buena medida, con la cantidad de población que hay en el planeta. Pero esta es una falacia si pensamos que la esclavitud debería ser una realidad inadmisible en este punto de la historia, una de las prácticas que en el proyecto de la modernidad, que al menos en la letra decía privilegiar el progreso y la consecución de un estado de bienestar colectivo e igualitario, desaparecería por sí solo.

Solo que no es así. Millones de personas en el mundo se encuentran esclavizadas en una de múltiples maneras. Después de las armas de fuego, el tráfico de personas es la segunda industria ilegal más grande del mundo, mayoritariamente de mujeres y niñas destinadas al mercado sexual, y hasta 1.2 millones de niños cada año.

En muchos círculos —escribe Conaway— el término “tráfico de personas” se tiene como eufemismo para la esclavitud moderna. La definición la da la ONU en su Protocolo de Tráfico: “el reclutamiento, transporte, transferencia, albergue o recepción de una persona por medios tales como la amenaza, el uso de la fuera y otras formas de coacción, secuestro, fraude o engaño con fines de explotación”. Esta explotación se presenta típicamente en la forma del sexo o del trabajo, según lo señaló hace poco la sobreviviente Ima Matul: “No importa de qué tipo. El sexo es noticia, pero todas las formas son inhumanas. El tráfico es tráfico”.

En el caso especial de los niños, no son pocas las organizaciones, algunas de ellas criminales, que los emplean porque representan un menor riesgo para sus intereses. Sea como parte de los mecanismos del tráfico de drogas o en labores que se creerían menos ilegales como la cosecha de enormes campos de cultivo (como en Zimbabue, donde los niños reciben un dólar por cada 60 kilogramos de hojas y brotes de té recolectados), este sector de la población es uno de los más susceptibles de volverse esclavos.

La maquila, de algún modo la quintaesencia del capitalismo, es otro caso paradigmático: miles de personas en Ciudad Juárez, en el sureste asiático, en las amplias bodegas de Foxconn en China, trabajando jornadas inhumanas en la fabricación masiva, desmesurada, de productos que Occidente consume insaciablemente. Miles de personas que fácilmente pueden y son sustituidas por otro tanto que espera resignadamente su turno en la fila para formar parte de este sistema.

De ahí que inevitablemente surja la pregunta de si de verdad, en algún momento, el proyecto de la modernidad se propuso eliminar la esclavitud. Si nuestro sistema apoya su supervivencia en la ganancia y esta se obtiene, fundamentalmente, de escamotear el costo del trabajo —siempre insuficiente, por definición—, ¿de verdad la esclavitud puede desaparecer del mundo en su forma actual?

Con información del Alternet