Utilizando el humor o la picardía para mediar en un diálogo entre lo práctico y lo abstracto, la forma y el fondo, o el observador y lo observado, Los Carpinteros crean instalaciones, esculturas, y otras piezas que resultan de su diestro experimento. Actualmente conformado por el dúo Marco Antonio Castillo Valdés y Dagoberto Rodríguez Sanchez, ambos originarios de Cuba, la obra de este colectivo es en si un manifiesto a la convivencia directa entre el arte y la sociedad –discurso que se opone a la tendencia que busca postular al arte como un lenguaje exclusivo, y excluyente, que merece regodearse en los distantes recovecos de una plano elitista.
Además de este compromiso con la accesibilidad del arte, los aspectos más destacables de este ingenioso proyecto son, por un lado la ágil convivencia de disciplinas (entre ellas arquitectura, plástica, interiorismo, y diseño), ejercicio que deriva en una identidad artística honesta. En segundo lugar no podemos dejar de mencionar el que su nombre tributa a uno de los más lúcidos gremios en la historia humana, aquel que trabaja con la madera, y el cual implica una renuncia al crédito personal en favor de una colectividad creativa –algo que no puede dejar de aplaudirse en un medio donde el egocentrismo frecuentemente demerita el talento que supuestamente lo justifica.
Afortunadamente la obra de Los Carpinteros, con una bandera que si bien no deja de ser amigable tampoco niega su alma contracultural, ha sido reconocida en algunos de los más prestigiados museos y galerías del planeta: MOMA y Guggenheim (Nueva York), Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia (Madrid), Thyssen-Bornemisza Contemporary Art Foundation (Vienna), Los Angeles County Museum of Art, y el Museo de Bellas Artes (Habana), entre otros. Actualmente su trabajo se exhibe en el Faena Arts Center de Buenos Aires.