Como si se tratase de una especie de shangri-la improvisado para animales, un espacio en donde diversas especies pueden coexistir en forma armónica, el porche de una casa en Alaska recibe la visita de una zorra, un gato, y un águila. Este lugar de encuentro, que seguramente haría sonreír al santo amante de los animales, San Francisco de Asis, surge de manera espontánea, y para algunos inexplicable, pues la convivencia entre animales salvajes y domesticados, incluídas tres familias de especies: un ave de presa, un zorro polar, y un par de felinos. Y si el escenario no fuese suficientemente estimulante, al fondo a la distancia, posada sobre un poste de electricidad, podemos observar otra águila. Al parecer la vida en está obligadamente conectada a la naturaleza.