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Misterioso patrón de espina de pez formado por dos chorros de agua (VIDEO)

Por: pijamasurf - 02/25/2012

Un hermoso patrón de espina de pez se forma al disparar dos chorros de agua, poesía líquida.

El placer de contemplar el agua transformándose sobre un fondo que simula el vacío. Ah, coreografía líquida que sabes se mueve bajo una dinámica en la que se transparentan los secretos del universo. O tal vez no.

La ciencia de la dinámica de fluidos no es del todo dominada. Los científicos todavía intentan entender qué es lo que hace que algunos líquidos formen patrones predecibles (e impercedibles en otros casos).

Pero, acaso con mayor celeridad que aquellos monos que si tuvieran suficiente tiempo podrían componer las obras de Shakespeare, chorros de agua, con el tiempo, puden formar numerosos patrones, incluyendo estea hermosa espina de pez.

Sungjune Jang de la Universidad de Cambridge explica:

Este video muestra la evolución de las estructuras de flujo generadas por la colisión de dos chorros de agua con radio de 420um. Los chorros fueron disparados de una boquilla cilíndrica con un diámetro interno de  0.85mm.

La colisión de los chorros resulta en varios sistemas de comportamiento dependiendo de sus velocidades y propiedades líquidas. Nos enfocamos en el sistema donde los chorros forman una hoja líquida que luego se deshace en una sucesión regular de ligamentos y gotas, el llamado patrón de "espina de pez". Esta imagen de alta velocidad revela la formación de pez del fluido... Estamos particularmente interesados en la formación del fluido, porque el fenómeno provee una simple y visual herramienta para evaluar las propiedades de impresión a chorro de fluidos, con las que la estructura de espina de pez sensiblemente varía.

¿Entendieron algo? ¿No? Poco importa sólo hay disfrutar del video.

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Con esta pieza inauguramos un psico-bestiario que agrupará diversas distorsiones que ejercemos ante la realidad; en esta entrega, Fausto Alzati Fernández reflexiona sobre el efecto de disociación entre la auto-valoración y las habilidades "reales".

autopercepcion y desordenes mentales

Todos tenemos puntos ciegos; sin importar nuestros gustos o las buenas intenciones. Quizás, para compensar esto, surgió la tendencia a imaginar a Dios como omnividente —característica que perturba (¿excita?) a los creyentes a la hora de masturbarse. Comoquiera, es también un alivio tener puntos ciegos, tanto como lo es no recordar cada detalle de lo que nos sucede. No podríamos sobrevivir en este mundo de no ser por nuestra capacidad a) de valorar la realidad y b) de distorsionarla. De no ser por un cierto grado de autoengaño pereceríamos al primer impacto con la realidad (sea lo que sea que eso es). No hacer más que palpar nuestra mortalidad y la naturaleza pasajera de nuestras vidas, en un entorno carente de sentido intrínseco, sería sino deprimente al menos terriblemente aburrido.

Hay de distorsiones a distorsiones; una de las más fundamentales es que nosotros mismos solemos ser nuestro punto ciego. Es decir, el modo en que estamos configurados suele ser invisible para uno mismo—cualquiera que haya pasado una temporada en el diván de un buen analista lo puede atestiguar. Es parecido a cómo no puedes ver tu propia pupila mientras miras a través de ésta (porque aunque la veas en un espejo, sería solo el reflejo de la misma). De tal suerte que solemos obviar la manera en que miramos al mundo, el modo en que lo ordenamos en nuestra cabeza. Aunque en ocasiones llegamos a tener percepciones atinadas, ser totalmente objetivos implicaría dejar de ser quienes somos; seríamos meros testigo de nosotros mismos.

En 1999, David Dunning y Justin Kruger, publicaron un estudio intitulado Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One's Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments [Incapaz e inconsciente al respecto: Cómo las dificultades en reconocer la propia incompetencia conducen a una auto-valoración inflada], donde plantean el siguiente descubrimiento: las personas con pocos conocimientos suelen sobreestimar sus habilidades, considerándose, de paso, más listos que personas mejor preparadas; mientras que las personas capaces tienden a subestimar sus habilidades. Reminiscente a aquella frase de Bertrand Russell que dice: “Una de las cosas dolorosas de nuestro tiempo es que aquellos que sienten la seguridad son estúpidos, y los que tienen algo de imaginación y comprensión están llenos de dudas e indecisión”. Es curioso el tema de la convicción y la duda que recorre los descubrimientos de Dunning y Kruger, particularmente al considerar quienes son las personas que ocupan los sitios de liderazgo en nuestro mundo.

El Efecto Dunning-Kruger es, fundamentalmente, un problema de metacognición. En otras palabras, se refiere a la (in)capacidad de percibir los propios procesos mentales. Hasta sin querer somos observadores de nuestro modo de pensar; poder palpar no solo lo que piensas, sino cómo lo haces. Sin embargo es una habilidad que puede desarrollarse tanto como puede atrofiarse. El Efecto Dunning-Kruger se da gracias a que nos evaluamos según nuestras capacidades; la cuestión es que si tus capacidades son limitadas no tienes mayores criterios que los que esas capacidades te permiten, ni siquiera se te ocurre que haya cosas más complejas o mejor elaboradas. Ignorar es, sobre todo, ignorar que se ignora. En cambio con parámetros más amplios resulta más difícil ese grado de engreimiento, ya que los estándares por los cuales te mides rebasan tus capacidades; y eres, además, capaz de concebir capacidades que rebasan las tuyas. Si a un perro le das LSD, es probable que alucien huesos.

A diario me encuentro con tanta información retacada de ideales o teñida de pesimismo, que el aburrimiento resulta indispensable. Así, considero, apoyado en Dunning y Kruger, que la convicción que caracteriza a tantos líderes es posiblemente una manifestación de estupidez. De cierto modo esto hace mucho sentido; explica casi todo sobre por qué el mundo funciona como funciona. Y no es necesariamente que sean imbéciles, solo carentes de una capacidad metacognitiva básica. (Ahora empieza a resonar un exceso de convicción en mi texto). Como lee aquel poema ‘The Second Coming" (1919) de W.B. Yeats: The best lack all conviction, while the worst / Are full of passionate intensity [Los mejores carecen cualquier convicción, mientras los peores / Están llenos de apasionada intensidad]. Es decir: me rehúso a negar la tremenda complejidad de los factores con los que se entrelaza la vida hoy en día, y menos a cambio de teorías simplistas o conspiracionistas; sí, pero tampoco pretendo que por compleja sea complicado. (De nuevo esa estúpida convicción… carajo).