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Considerado por muchos como el libro más exótico jamás publicado, el Códice Seraphinianus cobra vida entre una enciclopedia imaginaria y un manifiesto que nos compromete a construir realidades.

 

"La imaginación es la voz del atrevimiento. Si hay algo realmente divino en Dios, es eso. Se atrevió a imaginar el todo." 

Henry Miller

 

La imaginación es ese recinto al cual originalmente todos accedemos por naturaleza y que permite extender, literalmente, los márgenes de la "realidad". Hay quienes aseguran que incluso es el pulso original del nuestro y de todos los universos posibles. Una "herramienta" utilizada tanto por hombres como por dioses (si es que acaso no somos los mismos), que alude al eco de un suspiro arquitectónico a partir del cual se diseñó el todo. A lo largo de la historia, algunos de los más ilustres seres humanos le han rendido tributo, con apasionada devoción, a esta, en esencia indescriptible, acompañante de la conciencia. 

Pero la imaginación no solo nos permite ser ingenieros de realidades o dar a luz escenarios, seres y sucesos que eluden las reglas de lo establecido, sino que representa una especie de guarida, de jardín secreto, en el cual podemos cobijarnos de los tiempos lineales, los espacios finitos y otras varias anti-bondades de la lógica tradicional. En este sentido la imaginación resulta un factor decisivo para la existencia de uno de los estados más anhelados por el ser humano a través de los siglos, la libertad. 

Precisamente es la imaginación la musa, y a la vez el destino final, del Códice Seraphinianus. Esta obra, considerada por muchos como el "libro mas extravagante que jamás se haya publicado", representa un cúmulo de parodias surrealistas, lúcidamente canalizadas a través de una intrigante estética y un hermoso desorden. Obra del artista, diseñador y arquitecto Luigi Serafini, esta especie de almanaque alucinatorio fue publicado por primera vez en 1981 por el afamado editor Franco Maria Ricci.

Desde una cierta perspectiva, este documento es una proyección cartográfica de la neuro-creatividad de su autor (¿el territorio hace al mapa o en realidad se entretejen mutuamente?). Pero más allá de imágenes de parejas copulando que transmutan en cocodrilos o máquinas inéditas de abstracta sofisticación, Serafini llevó su manifiesto anarco-imaginario a otro nivel: ensayó la creación de un alfabeto y lenguaje propios, además de recurrir a un extraño sistema numeral para organizar la paginación.

En cuanto a lo primero, el alfabeto endémico, ningún lingüista ha sido capaz de decodificar este extravagante lenguaje inventado por el propio autor. En una ponencia realizada en la Sociedad de Bibliófilos de la Universidad de Oxford, en 2009, Serafini afirmó que en realidad se trata de un lenguaje asémico, pues es de sintaxis abierta, es decir, que no tiene sentido. De acuerdo con él, su intención era la de acompañar sus ilustraciones, hechas a mano, con textos que nadie pudiese entender, remitiendo así a la experiencia infantil de enfrentarse con un texto y, al no poder entenderlo, simplemente liberar la interpretación, ejerciendo así, plenamente, su imaginación. Sin embargo, a pesar de las declaraciones del autor, muchos consideran aún que existen significados ocultos detrás de los escritos incluidos en el códice, aunque hasta ahora solo se ha logrado distinguir ciertas similitudes con la estructura de los lenguajes occidentales, además de ciertas alusiones a la escritura semita y el hecho de que consiste en una caligrafía curvilínea. 

En lo que se refiere al sistema numeral que utilizó Serafini en la paginación de su obra maestra, se logró comprobar que está basado en el número 21. Esto quiere decir que cada número se expresa a partir de una suma de 21, y Serafini recurre a diversos símbolos conjugados para ir enumerando las paginas.   

"Las personas que se recargan demasiado en la lógica, la filosofía y  la exposición racional, terminan por  marginarse de la  mejor faceta de la mente." 

William B. Yeats

El Códice Seraphinianus está estructurado en once capítulos temáticos:

I - Flora: describe exuberantes flores y árboles fantásticos. 

II - Fauna: quimeras y seres de otros planos. 

III - Alude a un reino de extrañas criaturas bípedas. 

IV - Este capítulo es una especie de tour por las leyes químicas y biológicas de un mundo impenetrablemente abstracto. 

V - Estrambóticas máquinas, vehículos y dispositivos. 

VI - Meta-antropología y bio-sociología.

VII - Historia, demografía y antropología calendárica. 

VIII - Una descripción del extraño sistema escritura utilizado en el códice. 

IX - Gastronomía y moda. 

X - Juegos y deportes

XI - Arquitectura

La naturaleza enciclopédica del Códice Seraphinianus —que, por cierto, ha inspirado a gente como Italo Calvino y Roland Barthes— lo dota de una identidad ligada a la clasificación, es decir, a la organización de los elementos que emanan de la percepcion de alguien y que se organizan de acuerdo con sus propios parámetros, para luego ser compartidos con alguien más (consumando así un acto de transfusión perceptiva).

Y precisamente esta forma de convidar es la que anima las hebras que, a su vez, entretejen el pasado, el presente y el futuro de nuestra realidad. Es así como van gestando acuerdos cognitivos, psicosociales, en busca de edificar un espacio compartido, en el cual todos, o al menos el grupo de personas al cual ha llegado directa o indirectamente esta transfusión, puedan encontrarse. Y al ser integrado a esta "realidad" convencional o compartida, no solo debes de considerar los elementos propios del escenario para definir tu conducta, sino que idealmente debieses, a la vez, aportar nuevos ingredientes que han sido diseñados en tu propio caudal imaginario. ¿O acaso lo que conocemos como "realidad" no es más que una orgiástica interacción de ideas, previamente imaginadas? Como dice Baudrillard: "Detrás de todo objeto real, hay un objeto soñado". 

En este sentido el Códice Seraphinianus no es solo una enciclopedia alucinatoria o un bestiario ilusorio: es un manifiesto que busca, más alla de tributar el pulso primigenio, la imaginación, invitarnos a concertar un activo compromiso con el mas preciado de nuestros roles como seres humanos: somos creadores de realidades, arquitectos de información y todos, sin excepción, aunque en muchos casos sin haberlo hecho consciente, hemos creado nuestros propios Códices Seraphinianus —ahora solo nos resta compartirlos.  

Consulta el CS completo

Twitter del autor: @paradoxeparadis

 

 

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¿Debería la NASA fingir una guerra santa interplanetaria?

Por: pijamasurf - 01/22/2012

Ante el recorte de presupuesto, la exploración espacial necesita de algún evento extraordinario que dirija recursos económicos. Como están las cosas, tal vez solamente una guerra con entidades extraterrestres (con tintes religiosos) podría llevarnos a otros planetas con solvencia.

La comunidad de astrónomos e ingenieros espaciales en Estados Unidos ha sufrido en los últimos años un notable recorte en el presupuesto de exploración espacial y búsqueda de vida extraterrestre, tanto que algunos investigadores bromean con que tal vez la NASA debería de fingir una guerra o al menos una amenaza de guerra con seres del espacio exterior.

En una reciente entrevista el director del Planetario Hayden y relevo de Carl Sagan en el remake de la serie Cosmos, Neil deGrasse Tyson,  dijo que si bien "la exploración está en nuestro ADN", este argumento no funciona mucho cuando se trata de recaudar fondos para más de 10 mil millones de dólares.

"Las únicas motivaciones que realmente estimulan a las personas a gastar dinero son la guerra y el beneficio económico —y una tercera: el culto a la realeza o a la divinidad. Hubo una época en que podías invocar a ambas para hacer cualquier cosa. Obtienes las pirámides y las iglesias y catedrales en Europa. Podías hacer eso si había un poder superior que temías o al cual querías adorar. Pero eso ya no pasa mucho hoy".

En el blog de Discovery discuten la posibilidad de que ya que la exploración espacial no rinde muchos beneficios económicos, solo quedan la guerra y la religión si se quiere seguir descubriendo los secretos siderales, lo cual deja a los científicos de la NASA deslumbrados pensando en sacar una jugarreta estilo Orson Welles y fingir una invasión de extraterrestres. Es más,  por qué cazar dos pájaros de un tiro y fingir una guerra santa extraterrestre, después de todo muchas sectas y facciones conservadoras cristianas en Estados Unidos consideran que los OVNIs y los supuestos aliens son demonios.

El mismo premio Nobel de economía Paul Krugman dijo que una invasión extraterrestre sacaría rápidamente a la economía de su recesión, fomentando el consumo y el gasto público.

Así que tal vez la NASA y el gobierno de Estados Unidos deberían de simular una invasión extraterrestre interdimensional para salir de aprietos y hacer que las cosas suceden. ¿O quizás serviría solamente asegurar que existe una amenaza demoniaca en Marte para ganar la ferviente aprobación del pueblo y fondear sondas al planeta rojo, interceptando así exploradores satánicos siderales? O mejor aún, tal vez recibir información de que existe vida amenazante en un exoplaneta cercano.

Fuera de broma, existe una interesante sospecha de que una invasión falsa extraterrestre podría haberse planeado desde tiempo atrás entre la más alta cúpula del poder para beneficiarse económicamente y sobre todo del estado mental vulnerable (y todavía más manipulable) de la población. De manera relacionada o tal vez no, el ejército de Estados Unidos consideró fondear tecnología holográfica para simular la aparición de deidades en el campo de batalla. Dicen que los artistas son las antenas de la civilización y pueden detectar y hasta moldear el futuro: ¿veremos pronto un evento orquestado en código Orson Welles?

[Discovery]