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¿Está la CIA (por medio de Al-Qaeda) detrás de los rebeldes sirios?

Política

Por: pijamasurf - 12/21/2011

La posibilidad de que Al-Qaeda sea una organización al servicio de la CIA se plantea una vez más dado el camino que siguen algunos grupos supuestamente rebeldes en Siria.

Utilizando como foro el sitio de la independiente Red Voltaire, el intelectual de origen francés Thierry Meyssan denuncia que algunos grupos de rebeldes sirios bien podrían ser agentes de Al-Qaeda con los que la CIA y el gobierno estadounidense intentan manipular el devenir político del país árabe.

De acuerdo con testimonios presenciales recogidos por Red Voltaire, algunos de los supuestos rebeldes posee un acento distinto al sirio e identificado más con otras nacionalidades y etnias: “iraquíes, jordanos o libios, e incluso pashtunes”.

Asimismo, varios periódicos locales han informado sobre la infiltración al país de hasta 1,500 miembros del Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL), considerado una extensión de Al-Qaeda.

Meyssan habla además de la posibilidad, altamente probable, de que esta organización pretendidamente terrorista sea más bien de corte mercenario y esté al servicio de la CIA, la central de inteligencia del gobierno estadounidense. Escribe Meyssan:

Estas denuncias encuentran la incredulidad de quienes siguen creyendo que Al-Qaeda y la OTAN son enemigos irreconciliables e incapaces de cooperar entre sí. Lo cierto es que esas denuncias confirman la tesis que vengo defendiendo desde los atentados del 11 de septiembre de 2011, de que los individuos catalogados como Al-Qaeda son mercenarios utilizados por la CIA.

Desenhebrando la compleja red de relaciones entre los distintos grupos de poder que se disputan el incierto futuro sirio, el periodista se extraña de que aunque algunos de los dirigentes del GICL están fichados por la ONU y el Departamento de Estados de Estados Unidos —y que por esta razón debieran ser detenidos en cualquier país donde se encuentren— en Siria parecen operar con total libertad.

[Red Voltaire]

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Ni George Orwell en su novela 1984 o Terry Gilliam en su largometraje Brazil pudieron siquiera aproximarse a lo que hoy el mundo atestigua ante la muerte del líder máximo de Corea del Norte, Kim Jong-il. Cientos de miles de coreanos, civiles y miembros de la fuerzas armadas, despidieron entre sollozos y gritos de histeria a su “Gran líder”, su “Querido líder”, “el Sol del siglo XXI”, Kim Jong-il.

Los ciudadanos de las democracias occidentales veían con incredulidad la transmisión de imágenes de  coreanos con lágrimas en los ojos, diciendo adiós al líder de uno de los regímenes políticos más represivos en la historia moderna. Un régimen que prácticamente no permite la entrada de extranjeros a su territorio, ni pensar en la salida de coreanos fuera de él, que utiliza la pena de muerte sistemáticamente como mecanismo para controlar a sus opositores. Un régimen político instaurado por el padre de Kim Jong-il, Kim Il-sung, sustentado en una alianza con la fuerzas armadas y el partido de los trabajadores, cuyos ciudadanos tienen una expectativa de vida de tan solo 68 años (por debajo países como Honduras o Bangladesh) con un inmenso arsenal de armas nucleares, pero incapaz de alimentar a su población: en abril de 2011 el Programa Mundial de Alimentos lanzó una operación contra la hambruna que acechaba 3.5 millones de niños en el país.

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Todo esto es aparente, pues en realidad el control mediático y político dentro de esta nación es de tal magnitud que pocos fuera del mundo conocen lo que realmente ocurre en Pyongyang. Pero lo mismo ocurre al interior de Corea del Norte. El régimen tiene un control férreo sobre la información que del propio país y el extranjero tienen los ciudadanos coreanos. Los mecanismo de control mental y propaganda han permitido al régimen construir argumentos que en otro lugar y en otro momento se reconocerían como un absurdo, como efectivamente considerar la posibilidad de que en el día del sepelio de Kim Jong-il el cielo lloraba en forma de nieve mientras la carroza fúnebre, una limosina de hechura estadounidense, rodaba lentamente frente al público espectador.

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