La revista Slate cuenta el caso de una chica que se mudó a un edificio donde una pareja dominaba la noche con sexo violento y altisonante, lo que mantenía en un estado de perturbación al resto de los vecinos. Por lo cual, después de unos días, uno de ellos decidió nombrar su cuenta de Wi-Fi "Te podemos oír teniendo sexo", para de esta forma evitarse la pena de hablar del tema pero permitiéndose comunicar algo que le inquietaba.
Esto mismo podría hacerse en el sentido contrario, quizás poéticos mensajes que vayan sentando una atmósfera en el éter para llevar a la cópula vecinal, superando la timidez de una forma creativa, ondas de kundalini en el ciberespacio.
La mensajería vecinal Wi-Fi, ¿una brillante forma de comunicación para nuestras urbes atestadas y segregadas o una forma cobarde y pasiva-agresiva de evitar el confrontamiento?
Como dato relacionado, en Nueva York el 68% de las personas dice escuchar a sus vecinos teniendo sexo, una cifra que podría ser mayor en otras ciudades, donde las paredes que separan a los departamentos son muy ligeras (como algunas de España).