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La religión del entretenimiento: suave distracción, simulacro y programación de masas

Por: pijamasurf - 09/09/2011

Las máscaras que toma la propaganda adoctrinante en una sociedad supuestamente democrática son reveladas por Aldous Huxley.

Aldous Huxley ha sido acusado de muchas cosas, entre ellas, junto a su hermano Julian, de ser parte del brazo ideológico del Nuevo Orden Mundial. Esto puede o no ser cierto —a primera vista parece mera conspiranoia apoyada en tomar los ejercicios de ciencia ficción de manera literal, como ejercicios de un think-thank  o de wishful thinking—, pero lo que sí es evidente es que la lectura de Huxley puede ayudar justamente a desalinearse del orden mundial y volver concientizar los mecanismos de programación masiva característicos del paradigma sociocultural en el que vivimos. En este sentido es, al menos, un doble agente y, como diría Aeolus Kephas, "Illuminati are us", (Iluminati somos nosotros).

Huxley escribió sobre una amplia gama de temas y entre legendarios libros como Las Puertas de la Precepción, Un Mundo Feliz, Moksha o La Isla, por citar algunos con predilección, puede pasar desapercibido su brillante ensayo Propaganda en una Sociedad Democrática, nunca tan vigente y en el cual encomiamos su capacidad temprana, a la McLuhan, de detectar la tendencia del uso de los medios de comunicación como aparatos del Estado con el fin de ejercer una versión más sofisticada de la añeja práctica de control de las masas a través de la distracción y del adoctrinamiento tautológico. Al igual que Borges, quien dijo que "la democracia es la superstición de nuestra era" y Louis-Ferdinand Céline, que notó que hacer que el pueblo vote es la forma moderna de velar la esclavitud, Huxley advirtió que la democracia es parte de este gran simulacro de la libertad, lo cual, con gran agudeza, lo hace un insospechado precursor de Jean Baudrillard. El entretenimiento que generalmente se considera como algo neutral, y  veces incluso positivo, que hace que el hombre pase "bien" el tiempo, en realidad nos distrae de nuestro presente y aquello que más nos concierne: conocernos a nosotros mismos y buscar, en la guerra perpetua del instante, la libertad, a través de la cual accedemos al lado activo del infinito.

Traducimos algunos extractos que contienen, según se dice en la tradición zen, sendos satori:

«En lo que respecta a la propaganda, los primeros defensores del alfabetismo universal y de la prensa libre advirtieron solo dos posibilidades: que la propaganda sea verdad o que sea falsa. No previeron lo que en realidad ha sucedido, sobre todo en nuestras sociedades occidentales capitalistas: el desarrollo de una vasta industria de comunicación masiva, que no lidia ni con lo falso ni con lo verdadero, sino con lo irreal, lo que es casi siempre totalmente irrelevante. En una palabra, fallaron en tomar en cuenta el apetito casi infinito del hombre por las distracciones.

»En el pasado la mayoría de las personas nunca tuvieron una oportunidad de satisfacer del todo este apetito. Podían haber anhelado distracciones, pero esas distracciones no eran provistas. La Navidad llegaba una vez al año y las fiestas eran "solemnes y raras"; habían pocos lectores y poco que leer y lo más cercano a un cine de barrio era una capilla, donde los espectáculos, aunque infrecuentes, eran algo monótonos. Por condiciones remotamente comparables a las que ahora prevalecen tenemos  que remontarnos a la Roma imperial, donde se mantenía al pópulo de buen humor con dosis frecuentes y gratuitas de diversos tipos de entretenimiento —desde dramas poéticos a luchas entre gladiadores, desde recitales de Virgilio hasta rounds de boxeo, conciertos, ensayos militares y ejecuciones públicas. Pero incluso en Roma no había nada comparado con el sinfín de distracciones que proveen los diarios, las revistas, la radio, la televisión y el cine. En Un Mundo Feliz las distracciones sin cortes de la naturaleza más fascinante (the feelies: películas también táctiles, orgy porgy, sexo grupal bajo la influencia de las drogas, centrifugal bumblepuppy, una futurista versión de espirobol) son deliberadamente usados como instrumentos de política pública, con el propósito de impedir que la personas presten mucha atención a las realidades de la situación social y política. El otro mundo de la religión es diferente al otro mundo del entretenimiento; pero se asemejan en que decididamente "no son de este mundo". Ambos son distracciones y, si se viven continuamente, pueden volverse, como en la frase de Marx, "el opio del pueblo" y, por consiguiente, una amenaza a la libertad. Solo los que vigilan pueden mantener sus libertades y solo los que están constante e inteligentemente en el aquí y en el ahora pueden autogobernarse efectivamente por procedimientos democráticos. Una sociedad, cuyos miembros pasan buena parte de su tiempo  no en el presente, no en el aquí y en el ahora y en el futuro calculable, sino en otro lugar, en los otros mundos irrelevantes del deporte y las telenovelas, de la mitología y la fantasía metafísica, encontrarán difícil de resistir las invasiones de aquellos que controlan y manipulan la sociedad.

»En su propaganda los dictadores de hoy dependen fundamentalmente de la repetición, supresión y racionalización —la repetición de eslóganes que desean que sean aceptados como verdad, la supresión de hechos que quieren que sean ignorados y la estimulación y racionalización de pasiones que pueden ser usados en el interés del Partido o del Estado. Al tiempo que el arte y la ciencia de la manipulación son mejor entendidas, los dictadores del futuro indudablemente aprenderán a combinar estas técnicas con las distracciones interminables que, en el Oeste, amenazan con ahogar en un mar de irrelevancia la propaganda racional esencial para mantener las libertades individuales y la sobrevivencia de las instituciones democráticas».

     

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Operación Northwood: el plan de Estados Unidos para simular ataques terroristas

Por: pijamasurf - 09/09/2011

Hace cinco décadas el gobierno de Estados Unidos elaboró un sofisticado plan para simular ataques terroristas en su propio país y así justificar una intervención militar en Cuba.

 

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El ataque a las Torres Gemelas hace diez años, uno de los eventos más relevantes para el diseño geopolítico de la última década, ha sido considerada por miles de voces, tal vez millones, como un funesto montaje ideado por el propio gobierno estadounidense —y grupos de poder anexos— para justificar acciones que al parecer eran cruciales dentro de su estrategia global.

A esta denuncia se han unido arquitectos, ingenieros, militares y especialistas en demolición, sin tomar en cuenta voces calificadas, como la de un delegado de la ONU, que aisladamente también han sugerido la creación de un monumental teatro como herramienta para detonar un masivo sentimiento de miedo y la virtual necesidad de tomar acciones bélicas para hacerle frente a una amenaza simulada.

Pero más allá de conspiracionistas o de adeptos a la comodidad que ofrecen las versiones oficiales, existe un hecho interesante que de algún modo refuerza la teoría de que aquella fatídica mañana del 11 de septiembre de 2001 lo que en realidad presenciamos fue un auto-atentado: la Operación Northwood.

Esta operación básicamente se trató de un sofisticado plan elaborado por el gobierno Estados Unidos para simular distintos ataques terroristas en su país. El fin era justificar una intervención militar en Cuba. Fue en 1997 cuando se liberaron archivos de la “era Kennedy”, entre los cuales se incluía un documento fechado en 1992 y titulado  “Justification for US Military Intervention in Cuba”. En este se describían diversas acciones que implicaban la simulación de ataques cubanos contra Estados Unidos.

Una de las acciones que se contemplaron en la Operación Northwood guarda oscuras coincidencias con lo que sucedió el 9/11. La CIA disfrazaría uno de sus aviones como si perteneciera a una aerolínea comercial, posteriormente despegaría de un aeropuerto local un avión idéntico repleto de pasajeros, con alias cuidadosamente seleccionados. Ya en el aire, ambas aeronaves intercambiarían papeles: el avión tripulado continuaría a aterrizar secretamente mientras que el de la CIA  continuaría con la ruta comercial pero ya sin ningún tripulante. Finalmente el avión sería destruido en el aire y se alegaría la muerte de más de cien personas, como parte de un ataque terrorista orquestado desde Cuba.

Entre el resto de los atentados simulados se encontraba un ataque a la base militar ubicada en la Bahía de Guantánamo, durante el cual Estados Unidos incluso hundiría uno de sus barcos y fingiría el funeral de una decena de soldados. También se tenía previsto disfrazar un avión estadounidense como si fuese un avión ruso de combate que atacaría una base situada en la costa este y el fatal hundimiento de un bote con cubanos que estuviesen intentando huir desde la isla hacia la costa de Florida, para inculpar a Castro.

La razón para este elaborado show era bastante concreta: obtener apoyo político y civil para una eventual intervención militar a Cuba. La operación Northwood de algún modo recuerda a cuando el gobierno de Estaos Unidos hundió su propio barco, el Maine, construyendo una excusa para entrar en conflicto con España (durante la breve guerra que ambos países sostuvieron en 1898) e incluso al histórico ataque de Japón a Pearl Harbor (que justificaría el lanzamiento de bombas nucleares contra Hiroshima y Nagasaki) y el cual, si bien no fue auto-orquestado, se ha comprobado que los mandos del ejército estadounidense sabían que dicho ataque iba a ocurrir y prefirieron no tomar ninguna precaución para evitarlo, suponiendo que les redituaría más para llevar a cabo sus planes.

Pero en fin, después de este breve repaso histórico, solo queda advertirte que si encuentras cualquier similitud entre lo que se planeaba con la Operación Northwood y lo que sucedió el 11 de septiembre de 2001, entonces lo más probable es que seas una persona paranoica o, en el mejor de los casos, un conspiracionista, y que por lo tanto tu opinión debe ser automáticamente descartada o incluso ridiculizada.  

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