Arturas Zuoakas respondió al llamado de los ciudadanos que se quejaban de que los autos de lujo acaparaban la ciclovía en total impunidad. Como un superhéroe o una manifestación rediviva de la vieja máquina soviética de un hombre de acción, el alcalde tomó el tanque, aplastó el auto, luego limpió los residuos de la destrucción y se fue felizmemente montado en su bicicleta en una mañana soleada (además del peligro del tanque los lituanos enfrentan el peligro de la propaganda).
“Ya tuve suficiente paciencia con estos conductores que estacionan sus autos de lujo en los carriles para bicicletas y pasos para peatones”, exclamó Zuokas tras arrollar el auto.
“Este tanque es una buena herramienta para resolver el problema de estacionamiento en el lugar equivocado”, concluyó el alcalde.
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