La terrible golpiza, ocurrida en varios momentos, no fue detenida hasta que la mujer transexual empezó a tener una especie de ataque epiléptico y una mujer de edad avanzada interviniera —mientras el personal del restaurante atestiguaba impávido la crisis como si fuera parte de un reality show.
A las agresoras de 14 y 18 años de edad se les acusó penalmente, pero los empleados de McDonald's no han sido sancionados por la empresa, que solamente emitió una carta donde manifiesta su consternación por el asunto y externa su plena colaboración con las autoridades para resolverlo.
El grupo activista LGTB (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) pidió a la Policía investigar el caso a fondo. Autoridades de Baltimore dijeron que indagarán si hubo o no motivación discriminatoria en el asalto.
Aunque buena parte de la atención se ha centrado en los empleados de McDonald's que no hicieron nada para detener la golpiza, el hecho muestra una terrible violencia de género, muchas veces poco publicitada: la virulenta discriminación que padecen los transexuales en sociedades conservadoras.