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Soñar para sobrevivir: la función evolutiva del espacio onírico

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/04/2011

Los ensayos virtuales de los sueños parecen haber sido vitales para la evolución humana; en una siguiente etapa evolutiva los sueños podrían ser el escenario de consciencia mutante que descubre su capacidad inherente de crear la realidad

"Los sueños son reales mientras duran, ¿puedes decir más de esta vida?", Henry Havelock Ellis.

Más allá de la delicia mental -la menta suprema- que dosifica Morfeo... y su evanescencia, lo que se va, ¿por qué razón, si la hay, el cerebro se involucra en imaginar mundos mientras descansa? ¿Para qué sirve soñar en un mundo donde, al parecer, lo que rige es la implacable evolución y los mecanismos de sobrevivencia, donde todo se supedita a la practicidad genética de permanecer y transmitir información que nos re-produce? Donde muchas veces, como han teorizado algunos, los sueños son percibidos como meros repositorios de la psicobasura diurna.

Más allá del encanto etéreo de soñar y su aparente sublime inutilidad,  es precisamente esa urgencia evolutiva la que parece conducir a los sueños. Psicólogos evolucionistas creen que el acto onírico -esa cópula de espejos-  tiene la insuperable función de promover la supervivencia de la especie. Como si fuera un canto revolucionario, soñar es, bajo esta concepción, una forma de vencer a la muerte.

Según este artículo del LA Times, "psicólogos evolucionistas teorizan que los humanos empezaron a soñar para promover la sobrevivencia a través de ensayar una respuesta adaptativa a los desafíos".

"En la prehistoria era algo cómo 'qué hago para escaparme de tigres diente de sable"', dice la psicoterapeuta Sandy Ginsberg, argumentando que los sueños son escenarios virtuales para ensayar soluciones que de otra forma, en un escaenario "real", nos costarían la vida. "Todavía estamos soñando cómo sobrevivir".

Existen varios casos famosos de personas que han solucionado un problema o creado una puerta para  cruzar en el futuro a través de los sueños. Quizás el más famoso es el de Dimitry Mendeleev, quien supuestamente soñó la tabla periódica de elementos. No menos notable, el químico Friederich Kekule, en 1864, descubrió la elusiva estructura de la molécula de benceno -similar a un anillo- después de que soñó  que una serie de átomos formaban una serpiente enrollada mordiéndose la cola, el arquetípico Ourboros de los alqumistas, que representa el opus magnum. Este sueño zanjó el camino para el establecimiento de la química orgánica moderna.

El premio nobel Otto Loewi, soñó en 1920 sobre  un experimento con una rana que luego probaría que los impuslos nerviosos son transmitidos químicamente.

En otro ámbito el poeta inglés Samuel Taylor Cooleridge soñó el memorable poema "Kubla Khan".

La psicología evolucionista interpreta que el espacio onírico en estos caso está siendo usado como un escenario para poner a prueba posibles soluciones a problemas. Puede ser un poema o un forma de cazar a un mámut.

En 1975 el Dr. William C. Dement, el hombre que descubrió los sueño R.E.M.,  escribió que su más "salvaje especulación" era que en el ser humano "el sueño REM podría haber evolucionado para ser utilizado en el futuro", y profetizó "la función eventual de los sueños será permitir al hombre experimentar las múltiples alternativas del futuro en la cuasi-realidad del sueño, y así tomar una decisión más 'informada'". El mismo Dement dejo de fumar después de tener un sueño donde se vio a sí mismo con un 'inoperable cáncer en su pulmón'.

En esta frase Dement se vuelve Morpheus de Matrix, el guardían de los sueños, que enseña al hombre nuevo lo que puede hacer en un programa de realidad virtual, lo enseña a volar, a esquivar balas, a doblar la realidad. Los sueños como escenarios virtuales donde podemos experimentar los múltiples futuros, un poco los jardínes cuánticos que se bifurcan y elegir lo que queremos con nuestro nodo central, el corazón de nuestra tabla de surf, de ser.

Estudios compilados por Stephen Laberge en su libro "Lucid Dreaming" demuestran que una de las funciones biológicas de los sueños podría ser justamente el aprendizaje, existe una correlación entre el REM y nuestra capacidad de aprender algo. Acaso porque en los sueños tomamos el tiempo, con una acceso a una mayor amplitud de nuestras capacidades mentales, para ensayar y asimilar lo que vemos y queremos en el 'mundo real'. En este sentido, de forma similar a aquellas cuevas mágicas del paleolítico en las que el arte simulaba cazar a un animal para que esto se suscitara en la realidad, cuando hacemos algo en los sueños estamos aprendiendo a hacerlo en la reaildad, ya que en el fondo el cerebro no distingue entre estos dos estados que dividen el continuum de la consciencia.

Uno de los mejores poemas de Octavio Paz dice "Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos, soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos". Estas líneas del poema Cántaro Roto pueden ser interpretadas desde la perspectiva onírica evolutiva como la intuición de que los sueños son los grandes constructores de nuestro destino, que con manos oníricas podemos materializar mundos fantásticos, una ventana brillante a nuestra naturaleza creativa. Si combinamos esto con la frase que cita W.B. Yeats de una vieja obra de teatro inglesa anónima: "In dreams begins responsibility" (en los sueños inicia la responsabilidad) podemos acercarnos al entendimiento de que aquello que hagamos mientras dormidos tiene una profunda influencia en nuestras vidas -no es solamente una amable distracción, una película palomera- y es nuestra responsabilidad desarrollar nuestra voluntad onírica, nuestra reconexión con la profundidad de nuestra psique para evolucionar más rápido.

Tal vez el último secreto de los sueños sea que evolucionaron para permitirnos tomar consciencia de que podemos crear la realidad, de la misma forma que creamos mundos en los sueños, tal vez sea posible crear galaxias y estrellas en un futuro cuando aprendamos a usar la divina plastilina onírica. Como dice Shakespeare en La Tempestad, "We are such stuff as dreams are made of", en este sentido operar sobre la sustancia onírica, es operar sobre nuestros cuerpos.  Un sueño lúcido en el que despertamos sin dejar de soñar podría ser equivalente a despertar del sueño de la muerte. Un sueño lúcido colectivo podría ser la siguiente etapa de la evolución humana.

El erudito de lo oculto Manly P. Hall decía que en ocasiones los sueños  son símbolos que genera nuestro espíritu (nuestro yo superior  o ser astral). Acaso comunicando importante información -mapas de la psicogeografía divina- para el crecimiento personal y la autorrealización del individuo que busca justamente materializar su espíritu.

Esta idea de que los sueños pueden comunicar información profética o de origen divino, es expuesta por Homero en voz de Penelope, en la Odisea. Penelope reflexiona que existen dos portales para los sueños, los que provienen del márfil y los que provienen del cuerno, los que provienen del márfil suelen engañar y los que provienen del cuerno se suelen cumplir -un juego de palabras en griego donde márfil es similar a engañar y cuerno a cumplir. Es responsabilidad del oneironauta abrir ese cuerno de los sueños verdaderos, la cornucopia de la psicografía espiritual. De otra forma tal vez nunca sepa quién es y para qué está en este planeta.

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Oneironauticum es un proyecto dedicado a la colectividad onírica a través del cual un grupo de personas se reúnen periódicamente en la dimensión de los sueños para gozar de experiencias compartidas

Los últimos sábados de cada mes un grupo de personas alrededor del mundo saltan juntos al espacio onírico. En ejercicios colectivos pre-agendados, los oneironautas se ponen de acuerdo para encontrarse en sueños. Oneironauticum es un proyecto que envuelve tres elementos fundamentales de la existencia humana: el sueño, la disciplina y la colectividad, y tal vez por esto es que se perfila como una de las iniciativas más estimulantes que podamos encontrar actualmente.

Utilizando un detonante común que han llamado oneirogen (del griego oneiro=sueño y gen=creación) los participantes se sincronizan para conectarse con la matriz de la tierra de los sueños. Estos detonantes son variados y pueden ir desde el uso de sustancias estimulantes como la galantamina, hasta ingredientes como el ajo o incluso prácticas de budismo tibetano orientadas al sueño lúcido.

Más allá de que podamos adjudicarle un objetivo épico al Oneironauticum, como por ejemplo novedosas funciones terapéuticas, canalizar información de planos superiores o ejercitar algunas facultades especiales como la precognición, entre otras, lo cierto es que el alma de esta iniciativa realmente consiste en la sincera exploración (tal vez el más apropiado fin al que debiésemos  aspirar los humanos) de la percepción, las herramientas biocognitivas y la posibilidad de alcanzar realidades que se encuentran al alcance de nuestra conciencia.

Jennifer Dumpert, fundadora de este colectivo descentralizado, advierte:

Cualquier meta es valida. Pero mi interés no es el averiguar por qué la gente participa sino qué es lo que ocurre cuando simplemente practicamos juntos. Soñamos juntos para ver qué sucede, sin expectaciones sobre eso que sucederá. Oneironauticum ofrece una exploración sin límites sobre como es la experiencia en sí. 

Más allá de las múltiples y sofisticadas interpretaciones en torno al acto de soñar, a sus causas y consecuencias en planos biológicos, psicológicos, y espirituales, algunas de las cuales ofrecen lúcidos fundamentos y otras simplemente se estacionan en divagaciones propias del New Age, parece innegable que los sueños, y los escenarios psicoemocionales que emergen en ellos, representan cúmulos de información cuya exploración pudiera ser indispensable para evolucionar en nuestro entendimiento de la conciencia humana y, por ende, del universo que habitamos. Y si tomamos en cuenta la actual tendencia a la colectivización hiperconectada, fenómeno que incluso sugiere que el próximo ser iluminado o gran referente espiritual podría ser un colectivo y no un individuo, la idea de compartir en forma organizada y consciente nuestros sueños podría considerarse como una prioridad para la nueva mente social.

El sueño ha sido un elemento que a lo largo de la historia humana se ha revelado como un aspecto fundamental de nuestra esencia. Sin excepción, todas las culturas, las tradiciones místicas, y las disciplinas psicosociales le han atribuido gran importancia. El soñar es, de alguna manera, una modalidad cognitiva, distinta a la realidad que experimentamos cuando estamos despiertos, dentro de la cual pasaremos una considerable porción de nuestras vidas.

La Dra. Marylin Schlitz, directora del genial centro de alter-investigación Institute for Noetic Sciences, ha realizado diversos experimentos que le han llevado a concluir que el soñar es una actividad comunitaria pero que no nos hemos dado cuenta de ello porque inconscientemente nos cerramos a la posibilidad de compartirlos.

Las implicaciones son que todos estamos conectados y que nos entrelazamos los unos a los otros a un nivel interno. La información recabada sugiere que no somos seres aislados, sino que de hecho estamos relacionados en un plano profundo. Soñamos juntos, co-creamos juntos, podríamos mover nuestra conciencia de una conversación sobre el "yo" a una sobre el "nosotros", sobre nuestra experiencia conjunta […] Todos somos fragmentos de sueño de algo más, y ello implica que si la gente dedicará mayor tiempo a compartir sus sueños podríamos construir un mejor modelo para el futuro" concluye.

Oneironauticum podría considerarse como un vehículo disponible para explorar estos paisajes de información universal, que compartimos a través de códigos arquetípicos – y que a  la vez representan una versión etérea de nuestro “jardín secreto”. En este sentido resulta interesante reflexionar sobre la paradójica naturaleza del soñar, una actividad intrínsecamente universal e inconsciente, pero ineludiblemente compartida y que a la vez es el pulso que se emite desde nuestra más profunda intimidad. Y para navegar este sensible “universo alterno” la atención colectiva, prepactada, puede ser una herramienta de enorme utilidad.

Previo a cada Oneironauticum junto sábanas, cobijas, almohadas y futones en mi camioneta y conduzco hasta el lugar de la cita —la casa de uno de los participantes. En algunas ocasiones yo misma soy la anfitriona. La gente llega entre las 10 y las 11 equipadas con sus pijamas y sus diarios de sueños. Mientras nos acomodamos y esperamos a que todos lleguen conversamos sobre alguno tópico oneiro-céntrico.

A continuación los presentes proceden a arreglar sus lechos, que en este caso más que una cama representan una especie de naves transdimensionales, se lavan los dientes y se enfundan en sus pijamas (listos para surfear) y finalmente ingieren el oneirogen elegido para la ocasión. Finalmente penetran colectivamente el portal del sueño y procuran dormir durante una sesión larga, de al menos nueve horas, ya que los ciclos de REM son más extensos entre más se acumulan a lo largo del sueño (por eso los últimos episodios de sueños durante una noche son más largos luego de 6 o 7 horas durmiendo). A la mañana siguiente van despertando uno a uno, cuidando de que la transición entre el sueño y el despertar sea pausada y suave ya que ello ayuda a retener las vivencias oníricas y posteriormente comparten el desayuno mientras cada uno platica su experiencia.

Afortunadamente no es necesario vivir en San Francisco, ciudad en la que radica este organizado grupo de navegantes de los sueños, para participar en los rituales mensuales de onirismo. Si te interesa sintonizarte con el grupo desde cualquier otra ubicación en el planeta solo debes de visitar el sitio urbandreamscape.com donde podrás enterarte de los detalles de la siguiente sesión. Además, las sesiones de sueños compartidos que llevan a cabo en el área de San Francisco, California, son mapeadas a través del método psicogeográfico, el cual te permitirá correlacionar el espacio urbano con esta serie de prácticas etéreas. Es importante que procures encontrar el oneirogen escogido para la ocasión, generalmente son productos fáciles de conseguir en muchos lugares: suplementos vitamínicos, ajo, hierbas medicinales o algunos otros estimulantes naturales. Y en caso de que no lograras encontrar el detonante del mes, puede ser que tu intención bien dirigida baste para la fiesta de los sueños. Por cierto, las instrucciones para participar y toda la información requerida se publican en el sitio.

Se ha registrado que alrededor de dos mil personas visitan el sitio antes de la sesión del mes aunque los organizadores no han podido comprobar cuántas de estas personas finalmente participan en las sesiones. Lo que sí saben, por las decenas de correos electrónicos que reciben mensualmente, es que existen oneironautas en Sudáfrica, Italia, Nueva Zelanda, Japón, Brasil, así como muchos canadienses y en Australia incluso se ha formado un grupo espejo que replica las prácticas de Oneironauticum.

A lo largo de este tiempo en funciones, los miembros del colectivo han comprobado que la intención onírica, proyectada multiplicadamente en un sueño grupal, contribuye a hacer más vividas las experiencias y a que los participantes puedan recordar con mayor fidelidad sus vivencias durante el sueño. De ahí que participar en este proyecto haya enriquecido significativamente esa vida paralela a la que todos tenemos acceso y la cual se encuentra compleja y excitantemente entrelazada con la realidad cotidiana: los sueños.

Así que si te sientes atraído en general por la psiconaútica, o en particular por la disciplina onírica, tal vez sea buen momento de que te sincronices con los chicos de Oneironauticum y te prepares a fortalecer tu “nave de los sueños”, compartiendo tu intención con un grupo de experimentados oneironautas en busca de una interacción etérea que podría refinar tu existencia de cara a alcanzar una lúdica libertad y, en especial, un inédito estado de autoconocimiento y paz interior.

Twitter del autor: @paradoxeparadis 

Visita la comunidad urbanonírica de San Francisco urbandreamscape.com