Un hombre en Canadá adquirió uno de estos dispositivos confiado en que su virilidad aumentaría aceleradamente. Pero tras acumular 500 horas de estar bombeando su pene y esperando con ansiedad que este se alargara, el paciente canadiense intuyó que había sido estafado. Tras este ejercicio de concientización el hombre procedió a levantar una demanda contra los fabricantes del prometedor dispositivo. Lo que no queda claro son los efectos que su miembro sufrió tras la maratónica sesion con el alargador.
via The Consumerist