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Revista científica aplica innovadora técnica de neuromarketing para subir ventas

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/07/2010

New Scientist probó con éxito el uso del neuromarketing, medir las respuestas inconscientes del cerebro con sensores electroencefalográficos para de esta tener un neurofocus gruoup de mayor éxito.

Las compañías hacen lo que sea por lanzar de forma exitosa sus productos y que tú los consumas, nada parece detenerlos con tal de llegar a tu cerebro y a tu bolsillo. Sin embargo, no todos los productos son exitosos, y en el intento de ahorrarse campañas que no logran con efectividad influir en la psique de las masas, se ha desarrollado la que seguramente es la técnica de marketing del futuro, el neuromarketing: apelar directamente a las zonas del cerebro que se encargan de las respuestas emocionales instintivas, generalmente el llamado cerebro reptiliano.

La popular revista británica New Scientist acudió a la empresa NeuroFocus para probar un poco de este innovador acercamiento a la propaganda. Aplicando una serie de sensores electroencefalográficos para capturar las respuestas subconscientes de sujetos a los que se les mostró las siguientes tres portadas del número de agosto, la gente de NeuroFocus identificó claramente la superior en términos de efectividad neurológica, o punch subliminal. Esto fue realizado monitoreando las ondas cerebrales de los sujetos mientras veían cada parte de la portada –se usó también tecnología de eye-tracking.

La ganadora fue la primera de last tres portadas. Aunque todas fueron bien recibidas, como es evidente (todas son muy interesantes). La diferencia estuvo en el nivel de involucramiento emocional y de atención y retención de memoria, en lo cual la primera portada se destacó de sobremanera.

Y los resultados hablan, la edición de agosto fue la segunda más leída del año, representando un 12% de incremento sobre la edición del año pasado en el generalmente flojo mes de agosto.

Esto tiene profundas implicaciones en el oscuro arte de hacer que las personas compren un producto. En el caso de las revistas la portada equivale al diseño de paquete o envoltura en la que se presenta un producto y que busca, utilizando todo tipo de trucos, estimular tanto la recordación como la relación emocional que se forma entre una persona y un pedazo de plástico.

Anterioremente hemos escrito sobre el caso del MKT Ultra, Clotaire Rapaill, un experto en lo que llama neuromarketing reptiliano, en el que se busca detonar los mecanismos del cerebro primitivo humano para generar respuestas automatizadas al ser expuestos a la comunicación de un producto (como esos perros de Pavlov cuando sonaba una campana). Rapaill vende sus servicios a grandes corporaciones que predan el deseo inconsciente del ser humano en el imperio del consumo.

También hemos escrito un poco sobre el neurocinema, que básicamente transpolar los principios del neuromarketing y de la estiumlación craneal a través de impulsos, imágenes y sonidos, para obtener un estado emocional predeterminado. Esto, sobra decirlo, aseguraría que una película fuera un éxito de taquilla, hecha con una formula específica, metahollywoodesca, una especie de acupuntura a distancia para lleva a la mente al estupor palomero.

Vía Nielsen Wire

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Uno de los más grandes científicos de la humanidad dedicó lo mejor de su tiempo a la alquimia, en la cual basó su descubrimiento de la gravedad y las leyes de movimiento universal.

El New York Times publica un artículo sobre el “trabajo nocturno” de Sir Isaac Newton: la alquimia, su verdadera pasión de vida. Newton, quien descubrió las leyes universales del movimiento, la atracción gravitatoria, las propiedades espectrales de la luz y coinventó el cálculo, también escribió más de un millón de palabras sobre la alquimia -las cuales guardaron el silencio místico del artista de la Piedra Filosofal o Manzana del Sol- sin ser publicadas por la Royal Society, que consideró demeritaban la institución científica que construiría alrededor de la interpretación reduccionista, meramente mecáncia -desdiosada- de la obra de Newton.

El artículo del New York Times está inspirado en el trabajo del profesor de historia y filosofía William Newman y sus indagaciones en la opus hermética newtoniana. Básicamente el mainstream de la ciencia, se pregunta como una de sus divinidades, junto con Einstein, pudo haber dedicado lo mejor de su tiempo lo que llama una “seudociencia totémica”. Incluso preguntándose si Newton no había padecido un envenenamiento de la razón, expuesto en demasía al mercurio. Y aunque la visión de Newman es más moderada: sostiene que era natural que en la época de Newton (1642- 1726) se creyera en los postulados de la alquimia, aún refinada la razón, no deja de ser ridícula y sintomática del dogma que la misma ciencia acusa en las disciplinas como la alquimia o la astrología. La ciencia con todo su oropel , autodesignada como la vanguardia del conocimiento humano, aún de forma ignorante sostiene que la alquimia se trata de transmutar una serie de elementos en otros elementos más valiosos, como si estuviera buscando obtener ganancias económicas, y no reconoce lo evidente, que la alquimia, es también un arte, sin dejar de ser una ciencia, y se envuelve en el simbolismo como espejo del lenguaje luminoso del universo.

Newman expone que en el tiempo de Newton existían bases teóricas para creer que la materia podía ser reconfigurada en sustancias más deseables, alimentando el sueño de convertir metales como el plomo en oro. Y le da una aplicación a la alquimia, según este estudioso del trabajo de Newton, su descubrimiento de que la luz blanca está compuesta de una mezcla de rayos de colores y de que un rayo de sol puede ser descompuesto en un prisma iridiscente, se deben a su trabajo con los corpúsculos, dividiendo la materia, la química, antecedida por la alquimia.

Pero nosotros iríamos mucho más allá: el descubrimiento de las leyes de la gravedad, también nacen del cuerpo hermético de la alquimia, tradición del gnosticismo, que Newton conocía como atestigua su propia traducción de la tabla esmeralda de Hermes. Específicamente de lo que en el hermetismo -como es enunciado en textos como el Kybalion- se conoce como la ley de atracción y repulsión, que rige el movimiento universal. Asimismo la armonía de las esferas, de Pitágoras, el ocultista iniciado en la arcana egipica, es una clara influencia en las leyes del movimiento del universo newtoniano. La influencia del alquimista suizo Paracelso en la Royal Society, de la cual Newton era miembro, ha sido documentada. La historia pop nos dice que Newton descubrió esto cuando le cayó una manzana, y sin embargo, un hombre que vivió 85 años dedicado con una disciplina inexorable, casi en un rapto místico, lejos de las distracciones de la carne, ciertamente lo había suscitado por su propio estudio y llamado, avizorando las leyes transparentes del Gran Arquitecto Cósmico, que en el universo mecánico de Newton era quien daba cuerda con sus armonía celeste al mundo.

El silencio de Newton puede ser justo lo que más nos diga sobre su obra alquímica, recordemos que Sir Isaac nació el 25 de diciembre, bajo el signo de Saturno, el guardián de la puerta de oro, dador del humor melancólico, el sello del alquimista que labra la piedra de su cuerpo para transmutarlo en espíritu. Durante su vida uno de sus grandes intereses fue el Templo de Salomón (la logia masónica de la Universidad de Cambrdige lleva el nombre de Newton), la empresa fundamental de reconstrucción masónica -la nave cósmica del espíritu- y, también, la interpretación de la Biblia y del Apocalipsis.