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Un prestigiado científico de la Universidad de Ámsterdam propone a la gravedad como una fuerza ilusoria; quizá un simple pero sofisticado truco cósmico.

 

 

La aparente contundencia de la gravedad podría no ser más que un sofisticado truco cósmico, una jugarreta de inteligencias superiormente abstractas, frente a la percepción del ser humano. Una especie de show provocado por las venerables leyes de la termodinámica. Si imaginamos que hay dioses o entidades superiores frente a quienes representamos una especie de diminuta obra teatral y que ellos se divierten con nosotros, sin duda la gravedad, como una ilusión preprogramada que afecta permanentemente nuestro comportamiento físico, debe causarles hilarantes carcajadas.

“Para mí la gravedad no existe”, asegura Erick Verlinde, un respetado teórico cuántico y profesor de física en la Universidad de Ámsterdam. Haciendo tambalear la lógica acumulada durante más de 300 años de prácticas científicas, su estudio titulado «Sobre el origen de la gravedad y las leyes de Newton» pone en tela de juicio la existencia de una de las fuerzas naturales menos cuestionadas a lo largo de la historia.

El punto no es que si nos tiramos de un séptimo piso no vayamos a caer, sino que la ciencia ha interpretado la gravedad desde una óptica errónea pues no existe por sí misma y en cambio representa una simple detonación de algo más básico, algo a partir de lo cual la gravedad emerge como aparente fuerza. En síntesis mantiene una dinámica similar al mercado de valores: no tiene por sí mismo una existencia sino que es el resultado del comportamiento colectivo de miles de inversionistas.

Este innovador acercamiento al concepto de la gravedad podría destrabar algunos de los obstáculos que han desquiciado a la ciencia en las últimas décadas, arrojando luz a elusivas respuestas que buscan gestarse frente a conceptos como el de la energía obscura, que denota un comportamiento antigravitacional que simula una aceleración en la expansión del universo, o el de la materia obscura o antimateria, material supuestamente necesario para mantener la unión de una galaxia.

[NY Times]

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Como una nueva lluvia cósmica develada por la tecnología del telescopio WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer), durante 2010 se ha registrado un récord en la detección de nuevos asteroides, sumando más de 25,000 de estos cuerpos. A pesar de que nos encontramos en una era con ánimo apocalíptico, para tranquilidad de los más paranoicos, ninguno de estos asteroides mantiene una trayectoria que presumiblemente pudiese chocar contra nuestro planeta.

Además de su nuevo récord, el WISE, que fue estrenado en diciembre pasado, ha ubicado quince cometas, alrededor de veinte de los llamados “planetas enanos” y, quizá el mayor premio a su observación galáctica, una galaxia hiperluminosa ubicada a 10 mil millones de años luz de la Tierra. Para cuando termine el 2010 se espera que este telescopio, cuyo costo superó los 320 mdd, haya contribuido significativamente al masivo censo de cuerpos astrales.

via huffington post