Lo que resulta inexplicable es la pasividad acrítica de los militantes del PRD en todo el país. (¿Existirán aún?). Ven el desastre y la debacle y no reaccionan. Sufren una especie de disfunción eréctil política, que permite que Jesús Ortega, presidente del PRD, celebre el triunfo ajeno de los panistas. Ni siquiera merecieron unas palabras la derrota de Zacatecas. Pareciera que se les secó el cerebro. Y ya, el club de Manolín Camacho, anticipa la próxima alianza electoral en el Estado de México. La “brillante” estrategia es impedir la llegada de Peña Nieto a los Pinos, a cambio del encumbramiento de quien resulte candidato del PAN. Objetivamente los Chuchos están trabajando para el triunfo, de la alianza ganadora del PRIAN.
¿Qué celebran los Chuchos, si perdieron todo? Ni siquiera es seguro que en Oaxaca los tomen en cuenta. ¡Ah, pero con las sobras que les dejaron los panistas, los Chuchos, que no los perredistas, verán como engordan sus carteras! ¿Hasta cuándo los van a soportar los verdaderos perredistas?