En la década de los setenta el matemático John Conway desarrolló el juego de la vida (Game of life). Un esquema de simulaciones matemáticas que permite imitar el funcionamiento celular y la evolución biológica y celular de una criatura viva. Continuando con este antecedente el programador canadiense Andrew Wade, logró diseñar mediante este juego la primer criatura matemáticamente autoreplicante y la nombró Gemini.
Esta peculiar y algorítmica entidad básicamente se autoreplica siguiendo el modelo bioconstructivo mediante el cual un organismo se genera a partir de un simple átomo. “Existe una fascinación con la complejidad que emana de una serie de reglas increíblemente simples. Eventualmente eso nos lleva a la biología, uniendo simples átomos para dar construir formas complejas de vida” afirma Susan Stepney, científica computacional de la Universidad de York, en Inglaterra.
via New Scientist