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Alexandro García, el hombre que empezó a pintar después de ver un Ovni

Arte

Por: pijamasurf - 06/04/2010

El pintor uruguayo Alexandro García nos invita a dar una vuelta por el plano astral, hacia el lugar donde los dioses espaciales hacen mundos con símbolos.

La visión de una nave espacial cambió la vida del artista uruguayo Alexandro García, quien sin ningún entrenamiento plástico empezó a materializar su perspectiva de la realidad. El resultado es una conciencia diáfana de los mundos secretos de la imaginación y la hiperestesia. Habitar dentro de este universo mágico y navegar los planos astrales, utilizando "el pájaro del alma" para nadar en el cielo de la luz o soñar despierto en el plano astral y capturar la armonía de las esferas, las sutilezas del espectro electromagnético.

García mantiene un espíritu lúdico en sus registros akashikos, como un niño índigo en un laboratorio de alquimia que lleva hacia el jardín secreto en cuyos árboles o sephirots cuelgan las frutas fractales del demiurgo. Oscilando ahí, girando en espirales, caleidoscopios y carruseles, el profundio misterio, más allá de los pasteles, de un extraño conjuro y los paisajes siderales desde donde nos visitan, los atardeceres en el fondo de la miarada de los extraterrestres... Como un viaje de DMT que abre el tercer ojo a los mundos alienígenas de naguales galácticos y arcontes virtuales rueda-de-la-fortuna en el álgebra derrtida que nos cifra. Nos vemos ahí parece decirnos, en su mapa de dimensiones astrales, y el ojo en la pirámide-nave toma vuelo.

Alexandro Garcia, Pajaros del Alma, 2009

Alexandro Garcia, Este se llama - los secretos ocultos, 2008

Alexandro Garcia, Este se llama - en algun lugar, 2008

Alexandro Garcia, Arbol Arco Iris, 2009

Alexandro Garcia, Este se llama - El relas de la vida, 2007

Alexandro Garcia, Este se llama - la copa cosmica, 2007

Alexandro Garcia, Polvos de estrella, 2008

Alexandro Garcia, El portal magico, 1999

Vía a Journey through my skull: I'm gonna meet you in the astral plane

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La fotografía erótica de Kasso tiene que ser una de la más altas manifestaciones del arte contemporáneo: fractales de la eterna forma femenina con la característica refinación japonesa, poesía de lo bizarro y seducción infecta.

La simetría de la forma sagrada: la vulva y la vagina, la V, esa pirámide inversa, que es en el espejo microcósmico de la Tierra el vaso del cielo, el cáliz; desde el contexto urbano, a veces perverso, porcelana glacial, belleza a veces bizarra, máxima feminidad en la plata del papel o en la pantalla, como solo un fotógrafo japonés, de una refinación inasequible, podría vislumbrar. Rikki Kasso, como un dandi divinizado por la feminidad que lo acompaña, que le abre la puerta y se desnuda en esa ciudad fantástica que es Tokio, con el cielo entre los grandes edificios fálicos y las nubes que forman también otros fractales de la eterna forma femenina, produce sin duda uno de los cuerpos fotográficos más seductores en la actualidad, a la altura de cualquier otro fotógrafo, con la ventaja de dominar el tema eterno de la belleza de la mujer y la naturaleza entrelazadas por la mística simetría que nos revela que la feminidad es la cifra originaria de nuestro planeta

 

Rikki Kasso mantiene el blog Tokyo Undressed, de donde hemos obtenido estas fotografías; seleccionarlas ha sido un proceso hipnótico, inabarcable por las miles de fotos que tiene Kasso, todas con la más alta calidad estética y el más puro magnetismo erótico. Autor de varios libros, pinturas y hasta películas, Kasso yuxtapone las imágenes, los cuerpos con paisajes celestes o texturas, creando un efecto similar a la técnica de Eisenstein, donde la suma de las imágenes crea una nueva dimensión, donde se funden conceptos y sutilezas y se empalman formas análogas creando la sublime epifanía de que todas las cosas son otra y la misma.

Parte notable del trabajo de Kasso es su capacidad de erotizarse constantemente sin perder en ningún momento su exquisitez, de encontrar un gesto o una breve forma que logran insinuar toda una narrativa erótica, a veces onírica y a veces sádica; de ver la formas primordiales de la vulva y los senos iterarse en la naturaleza, como un fractal ubicuo. Como si fuera el elegido entre  los voyeuristas, tocado por el hada madrina de la magia sexual, que lo gratifica con sus ninfas: muñecas de la piel más suave, del ardor más secreto, en esa habitación prohibida, tan lejos y tan cerca en su angelical lascivia.