A pesar de esta moratoria los japoneses aprovecharon desde entonces un hueco legal en la legislación, justificando la matanza anual de mil ballenas residentes en la Antártida. A pesar de esto, en una discreta reunión que se llevará a cabo próximamente en Miami, se podría conceder nuevamente el derecho al aniquilamiento de estos esplendorosos gigantes marinoníricos, con fines comerciales.
Grupos ambientalistas ya se preparan a la International Whaling Commission, organismo que dictaminaría el fallo definitivo en junio de este año. De permitirse a Japón regresar a la matanza comercial, se estima que diversos países “balleneros” alegarían para que a ellos también se les levantase la veda.
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