La adicción a la heroína es un fenómeno definitvamente complejo, tanto que para ser institucionalmente saciado requiere de dispensarios de alta tecnología que dosifiquen en forma precisa, las virtuales necesidades bioquímicas de los delirante adictos.
Por estas razones el contrastante gobierno inglés (por un lado se entrelaza en absurdas guerras en alianza con EU y por otro lado consciente a sus heroinómanos) realizó una inversión de cuatro millones de libras esterlinas para dotar con maquinas hipertecnológicas a 170 de las 140 prisiones que existen en Inglaterra. Según el departamento de salud del Reino Unido anualmente se emplean $140 mdl en programas de tratamiento a los aficionados de las drogas.
Estos dispositivos permitirán proveer a todos los reclusos con la suave y reconfortante metadona, un sustituto médico que se emplea para tranquilizar los sistemas biológicos de los adictos a la heroína. Los tecnoelegantes dispensadores no sólo permiten administrar dosis con exactitud milimétrica sino que funcionan con un sistema biométrico de reconocimiento ocular. Cuando un preso se para frente a la maquina esta escanea su iris y consulta en microsegundos la base de datos que le indica cada cuando y cuanta metadona debe recibir el sujeto en cuestión.
Una vez dosificados, una leve sonrisa emana de las bocas de los atormentados adictos (fix love fix) y a continuación se preparan para sobrevivir, docilmente, hasta su siguiente dosificación…