El pasado domingo se celebró la tradicional cena anual de la White House Correspondents Association, en la cual el presidente de Estados Unidos acostumbra presentar una especie de stand up cómico, analizando con humor su propio desempeño y el de las principales figuras políticas del momento.
Este evento llevado a cabo desde 1920 y que incluye la presencia de un destacado comediante (esta vez tocó a Wanda Sykes), es de relevancia mediática para la figura presidencial, pues se ofrece en honor de los reporteros que cubren al presidente de EU, e históricamente es detonador de importantes críticas o aplausos para el mandatario en turno.
Como era de esperarse Obama se desenvolvió con su ya característico encanto que parece emanar cada vez con mayor naturalidad (o maestría). Entre los asistentes se encontraba el gremio VIP de la prensa incluyendo todos los corresponsales presidenciales, destacados políticos, invitados especiales, y por supuesto una gran cantidad de celebrities como Robert De Niro, Tom Cruise, Steven Spielberg, Natalie Portman, y hasta Stevie Wonder.
Desde que comenzó su campaña a la presidencia o incluso desde su memorable discurso como senador en 2005 para inaugurar el Lincoln Presidential Library Museum en Chicago, Obama produce una de especie de hipnosis neo patriótica, semiliberal, y “buena onda”, que se sintoniza de manera casi perfecta con el show mediático que exige la política contemporánea.
Medios, estudiantes, celebridades, demócratas y hasta algunos republicanos, parecen siempre sonrientes y listos para aplaudir, casi sistemáticamente, cualquier acción de su recién estrenado presidente.
A pesar de que hasta ahora, a poco más de 100 días de su gobierno, Obama ha mostrado congruencia con sus posturas y buena voluntad en los temas de mayor relevancia, es aún poco tiempo para evaluar su desempeño y comprobar los verdaderos efectos de su gobierno.
Hasta el día de hoy sólo queda claro que es una persona hábil, inteligente y carismática, que es bueno con la palabra, tiene una sonrisa que inspira confianza, y que sin duda tiene buena estrella (probablemente los dioses hawaianos tambien simpatizan con él).
Lo que queda por confirmar es su capacidad para gobernar Estados Unidos, un complejísimo país que desde hace décadas se ha caracterizado en materia política, con marcados matices entre algunos de sus presidentes, por ejecutar arbitrarias incursiones militares, abusivas políticas internacionales, control de mercados, oscuras estrategias mediáticas, fomentar la proliferación de grupos secretos de poder, y mostrar un aberrante sex appeal por la hegemonía.