¿Por qué le deberías echar un ojo a ‘Bright’ aunque parezca un churrazo? (y aunque probablemente lo sea)

Hasta ahora la producción más cara de Netflix, de 90 millones de dólares, resulta más que nada arriesgada. Si bien puede reflejar una conjunción de géneros y arquetipos que funcionan en la pantalla digital de manera popular, porque Netflix tiene mil y un maneras de medir estos porcentajes a nivel mundial, el mundo de las fantasías medievales reproduciéndose con las películas policíacas y de acción con aventura, no es en nada común. El resultado es Bright (David Ayer, 2017), una cinta irregular pero asombrosamente interesante por varias razones.

1) Las actuaciones. Algunos no identificables hasta la lista de créditos, por la manera como están caracterizados. Por ejemplo, Noomi Rapace interpreta a una temible villana que hace funcionar el cuento cyber medieval, gloriosos ojos de pistola que matan antes de que lo hagan sus movimientos de cobra vengadora. O el regreso triunfal de Will Smith a las pantallas resulta sorprendente, brinda humor a escenas pasadas de violencia en ocasiones tétricas, perfecta combinación muy al estilo de Los cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), algo parecido a lo que hacía en Hombres de negro (Barry Sonnenfeld, 1997).

2) Los maquillajes. Si eres de los que disfrutaste de niño las escenas con Jabba the Hutt en El retorno del jedi  (Richard Marquand, 1983) y ahora eres chavorruca o ruco que disfrutas películas de Guillermo del Toro que se basan mucho en trabajo de maquillaje, no puedes dejar de verla. ¿Te perderías de orcos que parecen reales, además de guardias Gamorreans actuales?

Un ejercito de maquillistas, entre los que destaca el nombre de Alec Gills (encargado de los orcos), crean una verosimilitud mordaz. 

3) Las escenas de acción. La razón por la que fue contratado el director David Ayer para la gran empresa resulta muy justificada, antes dirigiendo películas emblemáticas en el género de acción ya sea mezclado con policíaco callejero (antecedente de Bright) y cinta de gánsteres, Reyes de la calle (2008), o lo mismo pero súmenle película encontrada de esas en que los personajes se graban a sí mismos, Último turno (2012). O su versión antinarcóticos swat team con Schwarzenegger de protagonista. Acción combinada con película de guerra y drama con Brad Pitt en Corazones de guerra (2014). O acción combinada con película de cómics en la peculiar Escuadrón suicida (2016). Hasta los que no disfrutan mucho de las cintas de acción se darán cuenta de que Ayer se maneja en este género como pez en el agua, y la manera como maneja sus tonos híbridos mucho tiene que ver con su plataforma al estrellato: el guionismo. David Ayer antes que nada escribió guiones para cintas de acción básicas para entender el cine de acción hollywoodense de principios de la década pasada, con títulos como Rápido y furioso (Rob Cohen, Mel City, 2001) Día de entrenamiento (Antoine Fuqua, 2001). Gigantescas explosiones, coreografías excelsas de combates cuerpo a cuerpo y a tiros con pistolas, persecuciones asombrosas en vehículos que vuelan por los aires, etcétera…

4) Mundo bizarro. ¿Te perderías una cinta donde las hadas son tratadas como plagas en los domicilios, y los orcos sufren de racismo viviendo en guetos y portando jerséis deportivos largos con cadenas de oro, los elfos son millonarios y dueños de las empresas importantes y los humanos no tienen más remedio que seguirse reproduciendo para seguir poblando una nueva clase media?  

5) El diseño de producción. Aunque la cinta está llena de violencia extrema, como ya dije antes, suavizada con tremendas actuaciones, el departamento de arte tiene mucho que ver para que funcione esta locura de híbrido creando un mundo casi palpable. Por un lado el apocalipsis que son varios barrios que hay que patrullar, por otro la magia de los elfos con sus arboles de luz y piscinas en edificios de más de una planta, y por otro la sorprendente guarida del clan orco con paredes amenazantemente medievales, por mencionar algunos ambientes.

Twitter del autor: @psicanzuelo

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