Amor e impermanencia: ¿Qué dice el budismo sobre el matrimonio y las relaciones de pareja?

A diferencia de otras religiones, el budismo no tiene una ceremonia o liturgia establecida para el matrimonio. En parte esto se debe a que el budismo surgió como una religión eminentemente monástica, si bien el Buda mismo incorporó enseñanzas para cabezas de familia o practicantes que llevaban una vida mundana. La otra razón tiene que ver con que el matrimonio suele implicar una relación para toda la vida -hasta que la muerte separe a la pareja, se dice- y el budismo es sumamente consciente de la impermanencia de todas las cosas e incluso de la importancia del desapego, mientras que el matrimonio suele defender la idea de que dos personas se apeguen el uno al otro en todas las circunstancias. 

Aunque el budismo no tiene una ceremonia de matrimonio y ciertamente tiene una concepción de la pareja muy distinta, el budismo no se opone evidentemente a la vida en pareja. Según el maestro tibetano Dzongsar Khyentse Rinpoche, cuando soplan los vientos del karma se presentan relaciones y el amor puede florecer y no hay nada de malo en jugársela. Sin embargo, es fundamental "desde el primer día asegurarte que no te atrapen las expectativas y la esperanza. Si se hace eso, se puede construir una buena relación". Es decir, no creer en esta idea de que el matrimonio es para siempre o que estamos destinado a otra persona o que otra persona podrá brindarte la felicidad que tú por ti misma no puedes conseguir. Dzongsar señala que casi siempre buscamos relaciones para eliminar o paliar nuestra inseguridad -y no hay prueba más grande de la inseguridad que mueve al matrimonio que el anillo de compromiso-. Pero la seguridad que nos da un matrimonio o una relación de pareja es mayormente ilusoria, ya que no nos salva de la muerte o de perder a esa misma pareja en cualquier momento. Toda seguridad material, basada en objetos o conceptos derivados del éxito, es sumamente frágil y engañosa.

Dzongsar Khyentse Rinpoche menciona que sería buena idea que el padre mencionara en una boda que "nunca se sabe lo que va a pasar, incluso esta noche se podrían separar. Aunque esto podría sonar poco auspicioso y preocupar a los suegros". De cualquier manera es importante hablar desde el principio de la separación y de la fragilidad de una relación, lo cual es simplemente notar la realidad. Quizás esto haría perder un poco el poder de atracción del matrimonio que justamente se compone de ideas irreales de seguridad y amor permanentes, pero sentaría a la pareja en un terreno más sólido (paradójicamente más sólido por saberse inestable o frágil).

Por otro lado, para las personas que tienen ya una relación, si quieren practicar la filosofía budista deberían de incluir los principios del Mahayana, que se basa en el servicio y fundamentalmente en buscar que todas las demás personas se liberen y sean felices. Esto va en contra un poco de la noción actual del matrimonio que ha devenido también individualista. El matrimonio es visto actualmente en ciertas sociedades desarrolladas económicamente -con un poco más de realismo- como una relación que el individuos contraen para desarrollarse cada uno de mejor manera dentro de ella. Es decir, es una decisión basada en un mutuo acuerdo para la propia felicidad y no tanto para darle felicidad al otro. Una persona cree que en esa relación obtendrá la propia felicidad y ya no considera el matrimonio a la antigua, como la consagración a la felicidad del otro.  La actitud budista no sería, sin embargo, la del sacrificio forzado, sino el de la compasión inteligente; el entender que la felicidad de la pareja es interdependiente y preferir la felicidad del otro -en el sentido de que es más que uno- sin que esto signifique negar las necesidades propias. 


 

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