Cuando el sexo se convierte en una lucha de poder

De acuerdo con algunos historiadores, los jóvenes de la Antigua Roma solían violar en grupo a una virgen como un rito de iniciación hacia la adultez. Esta práctica formaba parte de una costumbre, en donde el más poderoso se apropiaba de objetos -incluyendo a personas, como mujeres y esclavos- para ganar un rango con privilegios en la sociedad. Desde entonces, el acoso y abuso sexuales no sólo se han normalizado en nuestra sociedad; también se han convertido en una herramienta de poder. Por esta razón, campañas como "No es no" tienen lugar en los programas a favor de la equidad de género y prevención de feminicidios.

Sin embargo, este tipo de campañas impiden dilucidar situaciones en donde el consentimiento es concedido mediante la extorsión, es decir, que la mujer se ve obligada a aceptar la oferta sexual pese a no desearlo. Un ejemplo de ello es la polémica situación entre los directores en Hollywood -principalmente el caso de Harvey Weinstein y Kevin Spacey- o el catálogo de prostitución de las actrices de Televisa.

Las causas de ello derivan de una crisis y desigualdad socioeconómicas, en donde las mujeres son pensadas bajo el concepto de objeto sexual -una cosa que se puede agarrar y tirar- y se ven obligadas a sostenerse con una entrada de dinero inferior a la que deberían recibir. Es decir que cuando una mujer se enfrenta a la necesidad de mantener a su familia y mantener la solvencia monetaria o el desarrollo profesional, se ve obligada a consentir el acoso de un personaje superior.

En el contexto de estas condiciones, durante décadas se llevaron a cabo reuniones entre el director y productor Weinstein y actrices en desarrollo de su carrera profesional, en la habitación de hotel de aquél. En caso de que ellas rechazaran la oferta sexual del productor, eran amenazadas con perder su trabajo o ser vetadas de otras películas.

Es indispensable realizar una serie de acciones para reducir y prevenir la normalización del acoso, extorsión y abuso sexuales. Desde un principio, hay que tomar conciencia de la situación en riesgo en que están las personas que no gozan de privilegios de poder -como mujeres, indígenas, afrodescendientes...-; reducir el consumo de los productos que se hicieron bajo extorsión, acoso o cualquier situación de abuso; conocer y empezar a demandar el cumplimiento de los derechos a favor de la equidad; o hacer un frente ante las conductas que promuevan la desigualdad socioeconómica entre individuos.

Después de todo, ¿por qué procurar un mundo en donde la crisis colectiva fomenta que el sexo sea una lucha de poder y no una fuente de placer?

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