Cada vez más personas están reemplazando fármacos por marihuana (y les funciona mucho mejor)

Dentro de los monumentales intereses económicos que han impulsado la absurda "guerra contra las drogas", sin duda debemos considerar a la industria farmacéutica. En el caso de la marihuana, está comprobado que tiene efectos medicinales que fácilmente pueden reemplazar medicamentos diversos, entre ellos antidepresivos, analgésicos y sedantes; y lo mejor es que, al menos en los lugares donde ya es permitido, las personas pueden literalmente crecer su propia medicina, en lugar de depender de sombríos laboratorios que producen dudosos fármacos para luego ofrecerlos en el mercado a precios altos. 

Desde que en Estados Unidos comenzó el proceso de descriminalización de la marihuana, que hoy abarca buena parte de los estados, decenas de miles de personas han optado por explorar los beneficios medicinales de la cannabis como sustituto de fármacos que empleaban contra la ansiedad, el dolor crónico o la dificultad para dormir. Por fortuna, eso significa que cada vez menos personas consumen fármacos como Vicodin, Xanax y Ambien, los cuales probadamente pueden volverse adictivos e incluso detonar sobredosis.

Durante los últimos 15 años se han llevado a cabo más de 20 mil estudios relacionados con los beneficios medicinales de esta planta –que van desde propiedades anticancerígenas y el tratamiento de desórdenes neurológicos, por ejemplo el Alzheimer, hasta su capacidad para moderar desórdenes inmunológicos como la esclerosis, pasando por muchas bondades contra malestares más cotidianos.

Hoy, que apenas tenemos una probada de lo que podría ser un mundo que no criminaliza el consumo de marihuana, gracias a algunas entidades de Estados Unidos, el consumo de medicamentos elaborados por los gigantes farmacéuticos (que, de acuerdo con pruebas empíricas, tiene efectos secundarios o colaterales que han resultado muy dañinos) ha disminuido notablemente. Esto no sólo representa una mejora para la calidad de vida de la sociedad, sino que también tiene beneficios en un plano económico –tanto para la economía familiar como para la nacional, por los ahorros en materia de salud pública.

 

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