El sol de la noche: ¿qué es este fenómeno y en dónde puedes verlo?

Existen registros en la antigua Roma que describían noches con luces que aparecían en el cielo y que permitían ver paisajes y montañas a cientos de kilómetros de distancia, sin haber luces de calle, ni velas, ni Sol, ni Luna, ni estrellas. Se trataba de un sol nocturno.

Ahora, milenios después de investigar sobre ese fenómeno, científicos de la Universidad de York, en Canadá, han descubierto que se trata de una serie de ondas atmosféricas que son capaces de iluminar las noches del planeta. Para Gordon Shepherd y Young-Min Cho, científicos atmosféricos, el sol nocturno comienza con una iluminación derivando a un aire brilloso que existe a kilómetros por encima de la superficie terrestre.

Shepherd y Cho explican que dado que la atmósfera de la Tierra está principalmente compuesta  de moléculas de nitrógeno y oxígeno, las cuales se convierten en un solo átomo de oxígeno, a esas alturas, la luz ultravioleta del Sol separa estos átomos en dos moléculas, provocando que en la noche, sin el brillo solar, se vuelvan a complementar liberando cierta energía conforme se reúnen. Esta energía es visible mediante destellos lumínicos y, conforme la presencia de oxígeno, la luz puede adquirir tonalidades verdes.

Los científicos también explican que los instrumentos tecnológicos disponibles son lo suficientemente sensibles como para detectar la luz; sin embargo, la visión humana sólo puede ver este fenómeno cuando hay un inesperado alineamiento de las ondas en una de las capas de la atmósfera más cercana, que permite amplificar el brillo.

Estas ondas, llamadas “ondas zonales”, se ven fuertemente influenciadas por el clima en la superficie del planeta y suelen viajar por la atmósfera superior. A lo largo de la investigación, los científicos descubrieron que las ondas se vuelven más evidentes en diferentes lugares a lo largo de sus viajes por la Tierra, pero “de vez en cuando se alinean y resultan en un punto específico. Sólo imaginen las ondas en el océano apilándose unas sobre otras. Eso hace una onda más grande”. De modo que conforme se sobreponen de esa manera, la intensidad de la luz se incrementa, al grado de poder verlo sin necesidad de instrumentos. Esa es una posible explicación a los soles nocturnos que relataban los romanos, los cuales solían durar entre 2 y 4 noches.

Desgraciadamente, la contaminación lumínica en nuestras ciudades haría casi imposible observar estos soles nocturnos; no obstante, basta paciencia, suerte y encontrar un lugar especial para ser testigo de este sorprendente fenómeno.

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