Entre la admiración y el temor: 43 composiciones musicales de Friedrich Nietzsche (PLAYLIST)

El nombre de Friedrich Nietzsche es bien conocido entre los lectores de Pijama Surf. Entre otros textos, hemos publicado aquí uno dedicado a dos conceptos clave en su obra: la afirmación de que “Dios ha muerto” y la idea de “amor fati; también tenemos una “guía” para convertirse en superhombre, e incluso contamos con una nota dedicada a una de sus facetas menos conocidas, su labor como poeta.

En esta ocasión añadimos a ese catálogo, breve pero esmerado, una entrada en la que presentamos a nuestros lectores la música compuesta por el filósofo. Como antes con su poesía, quizá saber que Nietzsche incursionó en la composición sorprenda a algunos, acostumbrados como estamos a creer que el escritor debe escribir, el oficinista trabajar, el maestro enseñar, y que cada uno debe lograr el mayor nivel de especialización posible en su propio campo de trabajo, sin inmiscuirse en otros.

Nietzsche, sin embargo, perteneció a una época en que la curiosidad era aún la brújula principal del conocimiento y la investigación. Además, recordemos que el filósofo admiraba sobremanera tanto la cultura de la Grecia antigua como la del Renacimiento, ambas caracterizadas por una comprensión amplia y compleja de la realidad, y ambas caracterizadas también por pensadores, investigadores y científicos que aunque destacados en un ámbito, no por ello dejaron de interesarse en muchos otros.

En el caso de la música, Nietzsche se acercó sobre todo como un amante: con admiración pero cabría decir que también con temor. A esto cabría sumar también el arrojo de la juventud, pues casi todas las composiciones pertenecen a un período de su vida que va de los 13 a los 22 años. Si tenemos en cuenta que a los 24 Nietzsche fue nombrado catedrático de lenguas clásicas en la Universidad de Basilea, podríamos escuchar sus piezas como un último arrebato de adolescencia, antes de entrar de lleno a la madurez, que igualmente vivió con furor.

Las composiciones, por cierto, no fueron bien recibidas en su época e incluso ahora se les considera más una curiosidad anecdótica que piezas de verdadero valor artístico. Por nuestra parte, preferimos dejar el juicio a cada uno de nuestros lectores, quizá alguno encuentre lo que otros han dejado de escuchar. 

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