Hitler era vegetariano: revelación de la mujer que probaba la comida del Führer

Desde tiempos remotos los grandes hombres de poder han tenido a su lado a personas con el encargo de probar alimentos y bebidas destinadas originalmente al tirano, rey, gobernante, dictador o quien sea que al mismo tiempo que tiene necesidad de comer y beber, siente temor de que dichos alimentos estén envenados. Como bien señaló Elias Canetti en su lúcido Masa y poder, la posición de preeminencia de una persona sobre otras viene acompañada, casi indisociablemente, de una aguda paranoia, el miedo incesante no a perder la vida o a ser dañado, sino más bien a perder ese poder, la raíz verdadera del miedo.

En este sentido, pese a la idea que posiblemente tenía de sí mismo, Adolf Hitler era un sujeto bastante regular, un individuo con las mismas reacciones y comportamientos que casi cualquiera que por uno u otro motivo se encuentra en esa rara encrucijada existencial que termina por otorgar poder a una persona.

En su caso la persona encargada de probar los alimentos del Führer era un grupo de 15 mujeres quienes realizaban dicha tarea por obligación. Entre estas se encontraba Margot Wölk, entonces de 24 años, quien luego huir de Berlín a causa de los bombardeos de 1941, encontró refugio en Gross-Partsch (una ciudad en Prusia que ahora pertenece a Polonia con el nombre de Parcz), sin imaginar que ese sería el cuartel de los nazis en el Frente Este. Una mañana, oficiales de la SS llegaron a casa de Wölk y se la llevaron consigo.

A partir de entonces la muchacha pasó a formar parte del equipo que probaba los alimentos del Führer, en buena medida por los rumores crecientes de que los Aliados planeaban envenenarlo. Sus labores comenzaban desde temprano siempre y cuando Hitler se encontrara en Wolfsschanze, la “Guarida del Lobo” que fue también uno de los mayores cuarteles nazis de la Segunda guerra mundial.

Recientemente el conocido periódico alemán Spiegel realizó un amplio reportaje sobre Wölk, destacando cómo, más allá de la metáfora, su vida pendía de un bocado. Si de verdad había veneno en la comida o la bebida de Hitler, la mujer sería una de las primeras en saberlo.

Entre las revelaciones más sorprendentes de los hábitos alimenticios del Führer destaca su vegetarianismo. Cuenta Wölk que la comida en Wolfsschanze provenía de Krausendorf, donde se cocinaba. En el cuartel el resto del personal al servicio de Hitler completaba los platillos con vegetales, salsas, fideos y frutas exóticas, para después llevarlos a una habitación donde los colocaban en una gran mesa de madera, el preámbulo para que los probadores hicieran su trabajo.

“Nunca había carne, porque Hitler era vegetariano. La comida era buena, muy buena, pero no podíamos disfrutarla”, recuerda Wölk.

[Spiegel]

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