Home office en CDMX: la apuesta de Brugada ante la tensión del Mundial
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 04/17/2026
Por: Carolina De La Torre - 04/17/2026
A menos de dos meses de que arranque la Copa del Mundo, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, lanzó un llamado directo a empresarios, instituciones y actores económicos: retomar el home office durante los días del torneo. La propuesta no es menor. Busca reducir el tráfico, aliviar la presión sobre la movilidad y, de paso, bajar las emisiones contaminantes en una ciudad que ya opera al límite.
La idea parte de algo que ya ocurrió. Durante la pandemia, el trabajo remoto se volvió una solución obligada. Hoy, Brugada propone recuperarlo, pero como una decisión colectiva frente a un evento que transformará la dinámica urbana por varias semanas.
El objetivo es claro. Menos autos en circulación, menos tiempo perdido en traslados y una ciudad más respirable en medio de la euforia futbolera. No se trata solo de comodidad laboral, sino de una estrategia que intenta equilibrar la fiesta con sus efectos secundarios.
En la misma línea, el gobierno capitalino también gestiona la posible suspensión de clases en días clave del Mundial. La intención es reducir aún más la saturación en calles y transporte público, especialmente en zonas cercanas a los eventos.
El impulso al home office forma parte de una estrategia más amplia: “Mundial Verde: Con juego limpio, el planeta gana”. Un plan que articula diez ejes enfocados en disminuir el impacto ambiental del torneo.
Durante su presentación, junto a la secretaria de Medio Ambiente, Julia Álvarez Icaza, se delinearon varias acciones concretas. Una de las más visibles será la eliminación de plásticos de un solo uso en espacios clave como el estadio, festivales futboleros y zonas turísticas.
También se impulsará el uso de vasos reutilizables y se crearán corredores de comercios que cumplan con estas medidas, identificables durante el Mundial. La idea es que el visitante no solo consuma, sino que también participe en una dinámica más responsable.
Otro punto importante será la instalación de estaciones para la correcta separación de residuos en eventos masivos como el Fan Fest. En paralelo, espacios como el Centro de Transferencia en Coyoacán serán adaptados para manejar el volumen de basura que se generará durante esas semanas.
Y lo que normalmente termina en desecho, aquí busca tener otra vida. Materiales como PET o envases tipo Tetra Pak serán transformados en mobiliario urbano.
Pero hay otra capa que ya se siente en las calles. Las obras, adecuaciones y cambios en la infraestructura rumbo al Mundial han comenzado a modificar la vida cotidiana en distintos puntos de la capital. Cierres parciales, desvíos, saturación en vialidades y tiempos de traslado más largos forman parte del día a día para miles de personas.
Ese desgaste ha ido acumulando un malestar que no necesariamente tiene que ver con el evento en sí, sino con la forma en la que se está preparando la ciudad para recibirlo. Para muchos habitantes, la sensación es que el ritmo de las obras y las decisiones urbanas responden más a la urgencia de proyectar una buena imagen hacia el exterior que a resolver las tensiones internas que ya existían.
El Mundial aparece entonces como un escaparate. Uno que exige orden, movilidad eficiente y espacios listos para el visitante. Pero esa exigencia convive con una realidad distinta: la de una ciudad que ya lidia con saturación, desigualdad en servicios y una infraestructura que no siempre alcanza.
En ese contraste es donde surge la crítica. No tanto contra medidas específicas como el home office, sino hacia una lógica más amplia en la que los ajustes recaen, otra vez, en quienes habitan la ciudad todos los días. La pregunta que empieza a circular no es si la capital está lista para el Mundial, sino a qué costo se está logrando.
Más allá del futbol, lo que está en juego es otra cosa. El Mundial 2026 pone a prueba la capacidad de la ciudad para adaptarse a una demanda extraordinaria sin colapsar.
El home office, la posible suspensión de clases, las ciclovías, la modernización del transporte y las medidas ambientales no funcionan de manera aislada. Son piezas de un mismo intento por hacer que la ciudad siga funcionando mientras recibe a miles de visitantes. Si estas medidas logran sostener el ritmo durante el Mundial, ¿podrían quedarse después?