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En Ecatepec, autoridades ambientales y municipales impulsan la creación de un humedal de 180 hectáreas en El Caracol para recuperar el Lago de Texcoco, recargar los mantos acuíferos y proteger la biodiversidad del Valle de México

Durante décadas, el Lago de Texcoco fue tratado como un espacio agotable. Se le drenó, se le perforó, se le pensó más como terreno disponible que como sistema vivo. Hoy, en una de sus zonas más castigadas, algo empieza a cambiar. En El Caracol, ubicado en Ecatepec y dentro del Área Natural Protegida del Lago de Texcoco, 180 hectáreas han sido inundadas de manera controlada para dar forma a un nuevo humedal que busca devolverle al territorio una de sus funciones más elementales: retener agua y sostener vida.

El proyecto no es menor. El Caracol abarca más de 800 hectáreas y forma parte de una región donde, por más de 50 años, se extrajo agua de los mantos freáticos sin estrategias reales de recarga. La creación del humedal responde justo a ese vacío histórico. Según Jorge Daniel Fonseca Cando, director del Área Natural Protegida Lago de Texcoco, nunca antes se había apostado de forma seria por la generación de humedales como herramienta para recuperar el equilibrio hídrico de la cuenca del Valle de México.

La lógica es clara: permitir que el agua se quede, que infiltre, que vuelva a circular de manera natural. Y los primeros resultados ya son visibles. En las 180 hectáreas actualmente inundadas ha comenzado a reaparecer flora nativa y, sobre todo, fauna. Aves migratorias, como patos provenientes del norte del continente, han encontrado nuevamente un punto de descanso en su ruta. Un indicio temprano de que el ecosistema empieza a responder.

La meta es ambiciosa pero concreta. En un plazo aproximado de seis meses, se espera consolidar hasta 400 hectáreas de humedal en El Caracol, con la intención de replicar un ecosistema similar al de la Ciénega de San Juan, en Atenco. Ese sitio se ha convertido en un referente regional por albergar hasta 270 especies de aves y por demostrar que la restauración ambiental también puede ser un espacio de convivencia social. En el Área Natural Protegida del Lago de Texcoco, donde se registran más de 560 especies en total, este tipo de proyectos resulta clave para sostener la biodiversidad.

Más allá del impacto ecológico, el proyecto también tiene una dimensión social directa. Ecatepec, con más de dos millones de habitantes, es uno de los municipios con mayor déficit de espacios públicos y áreas verdes. La recuperación de El Caracol abre la posibilidad de generar zonas de recreación, senderos y espacios de esparcimiento vinculados al cuidado ambiental y al acceso digno al agua. No como un lujo, sino como parte de la calidad de vida en una región históricamente marginada.

El avance ha sido posible gracias a la coordinación entre distintas instancias. La Comisión Nacional del Agua, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, los gobiernos municipales de Ecatepec y Atenco, así como integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, han participado en el proceso. Para las autoridades locales, el proyecto representa un giro frente a administraciones pasadas que privilegiaron la ocupación del suelo y los intereses inmobiliarios por encima de la vocación ecológica del territorio.

El reto no es menor. Actualmente, cerca de 30 hectáreas de El Caracol permanecen ocupadas por asentamientos irregulares impulsados en otros periodos de gobierno. Los procesos legales para su liberación ya están en marcha, aunque avanzan de forma gradual. Aun así, el objetivo se mantiene: restaurar la totalidad de las 800 hectáreas en un plazo aproximado de dos años.

Desde Atenco, el llamado es a pensar el Lago de Texcoco como un sistema compartido. Nueve ríos desembocan en esta zona y gran parte de su caudal termina perdiéndose en el drenaje general. La creación de humedales permite aprovechar esas aguas, recargar los mantos acuíferos y reducir la presión hídrica sobre toda la región oriente del Valle de México. Municipios como Nezahualcóyotl, Chimalhuacán y Texcoco están llamados a sumarse a este esfuerzo si se quiere una solución de fondo.

El antecedente de la Ciénega de San Juan lo confirma. Hace apenas tres años comenzaron ahí los trabajos de contención y hoy es un espacio donde miles de aves llegan cada temporada y donde las familias recorren kilómetros de senderos. Un recordatorio de que la restauración ambiental no es una promesa abstracta, sino un proceso tangible cuando se sostiene en el tiempo.

Al cierre de la última temporada de lluvias, el Área Natural Protegida del Lago de Texcoco logró mantener más de 4 mil 300 hectáreas inundadas y captar alrededor de 43 millones de metros cúbicos de agua. En un contexto de crisis hídrica, El Caracol se perfila como algo más que un proyecto local: una apuesta por reconciliar a la ciudad con su geografía original y por devolverle al agua el espacio que durante décadas se le negó.


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Imagen de portada: Somos MXC