Desconfianza histórica: el gobierno de Trump y el desgaste institucional en Estados Unidos
Política
Por: Yael Zárate Quezada - 01/15/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 01/15/2026
La confianza en que el gobierno del presidente Donald Trump “hará lo correcto casi siempre” no es alentadora; por lo menos no para el republicano y su partido, que desde el último año en que asumió su segundo mandato presidencial han puesto en marcha diversas estrategias de aislamiento político y persecución “criminal”. A ello se suman discursos incendiarios, invasiones a otros países, amenazas militares, tensiones diplomáticas y un largo etcétera que ha marcado la agenda de Washington.
Con estas y otras medidas, no resulta extraño que sólo el 17% de los estadounidenses afirme hoy que confía en que el gobierno federal hará lo correcto “casi siempre” (2%) o “la mayor parte del tiempo” (15%). Aunque la confianza en el gobierno se ha mantenido baja durante varias décadas, la cifra actual es una de las más reducidas desde que el Estudio Nacional de Elecciones comenzó a formular esta pregunta en 1958, y es incluso inferior a la registrada el año pasado (22%). Así lo señala el reporte Confianza pública en el gobierno: 1958-2025, elaborado por el Pew Research Center.

Foto: Spencer Platt
En términos de percepción de gobernanza, el descontento es aún más evidente. Siete de cada diez estadounidenses (69%) consideran que Donald Trump intenta ejercer más poder que sus predecesores y califican sus esfuerzos como “perjudiciales para el país”.
La crítica no se limita a la oposición. Incluso dentro de las filas del Partido Republicano persisten dudas sobre el ejercicio del poder presidencial.
“La mitad de los republicanos (49%) afirma que Trump intenta ejercer más poder presidencial que sus predecesores, mientras que el 41% afirma que ejerce aproximadamente el mismo. Solo el 3% afirma que intenta ejercer menos poder, mientras que el 7% se muestra inseguro”.
Las tensiones con Venezuela, el secuestro de Nicolás Maduro, la cercanía con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu —quien encabezó ataques sistemáticos contra la población palestina en años recientes—, la relación con el agresor sexual y pederasta Jeffrey Epstein, así como las detenciones y deportaciones masivas contra integrantes de la comunidad migrante, son apenas algunos de los factores que explican la caída en la confianza y popularidad del magnate que llegó por segunda ocasión a la presidencia de Estados Unidos.
El desgaste de la confianza institucional también se refleja en el actuar del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), una de las agencias más cuestionadas durante la administración Trump. Entre 2023 y el último registro disponible, correspondiente a octubre de 2025, un total de 145 mil 273 migrantes de nacionalidad mexicana fueron detenidos por esta corporación. A la par, la cadena CNN informó que hasta diciembre del año pasado al menos 75 mil personas bajo custodia del ICE no contaban con antecedentes penales.
Lejos de reducir la tensión social, el accionar de la agencia —encabezada por Todd Lyons desde marzo de 2025— ha provocado una escalada de confrontación que ya dejó víctimas fatales y varios heridos, bajo el argumento de “cumplir con su deber”. El caso más emblemático fue el de Renée Good, ciudadana estadounidense y poeta, cuya muerte durante un operativo encendió las alarmas sobre el uso excesivo de la fuerza y la falta de controles internos.
Las protestas que siguieron a ese hecho derivaron en nuevos episodios de violencia. En Santa Ana, California, Kaden Rummler, un joven de 21 años, perdió completamente el ojo izquierdo tras recibir el impacto de una bala no letal disparada por un agente del Departamento de Seguridad Nacional, durante una manifestación contra el asesinato de Good y las deportaciones masivas. De acuerdo con familiares, Rummler fue sometido a una cirugía de seis horas, en la que médicos encontraron fragmentos de plástico, vidrio y metal incrustados en su rostro, uno de ellos alojado a apenas siete milímetros de la arteria carótida, una lesión que pudo haberle costado la vida.
Ese viernes por la noche, cientos de personas se congregaron en el centro de Santa Ana para exigir justicia. Al grito de “¡Fuera ICE del Condado de Orange!”, los manifestantes denunciaron las redadas, la separación de familias y la brutalidad policial, mientras sostenían carteles con consignas en defensa de los derechos humanos.
La indignación se replicó en otras ciudades. En Minneapolis, las movilizaciones contra el ICE se intensificaron y los agentes recurrieron nuevamente al uso de la fuerza. Durante un intento de arresto, un agente disparó contra una persona, hiriéndola en la pierna, según confirmó el Departamento de Seguridad Nacional, que justificó la acción al señalar que el detenido se resistió y “agredió violentamente” al oficial.
Días antes, el lunes 12 de enero, agentes del ICE arrestaron al comediante y cantante de protesta Robby Roadsteamer, conocido por manifestarse vestido con un disfraz de jirafa, durante una protesta frente a un edificio federal en Minneapolis. El hecho fue interpretado por activistas como una muestra más de la criminalización de la protesta social.
La erosión de la confianza en el gobierno de Trump es el reflejo de una administración que ha normalizado la confrontación, el uso de la fuerza y la concentración del poder como herramientas de gobierno. Mientras los ciudadanos perciben a las instituciones como abiertamente hostiles, el tejido democrático se debilita y la legitimidad del Estado se resquebraja.