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La UNAM alerta que usar musgo natural en nacimientos navideños provoca daños ecológicos que pueden tardar hasta siete años en revertirse

Cada diciembre el musgo aparece por todos lados. En mercados, puestos ambulantes, nacimientos familiares. Verde, húmedo, “natural”. Lo colocamos alrededor del pesebre casi por inercia, como si fuera un elemento neutro, parte inevitable de la escena navideña. Pero no lo es.

La Universidad Nacional Autónoma de México lanzó una advertencia clara: retirar musgo de su entorno natural provoca daños ecológicos que no se corrigen rápido. Un parche de musgo puede tardar hasta siete años en recuperarse, siempre que no vuelva a ser arrancado. El problema es que cada temporada decembrina la extracción se repite y la regeneración nunca alcanza.

Más que decoración, un organismo vivo

El musgo no es un objeto decorativo. Es un organismo vivo que cumple funciones esenciales en los ecosistemas, sobre todo en bosques templados y zonas húmedas. Su presencia ayuda a mantener la salud del suelo, regula la humedad y sostiene formas de vida que suelen pasar desapercibidas.

Especialistas de la UNAM explican que los musgos forman parte de las briofitas, un grupo de plantas muy antiguo que fue clave para que la vida vegetal pudiera establecerse en tierra firme. Desde entonces, su papel ha sido silencioso pero constante.

Un soporte para el suelo y el agua

En el suelo, el musgo funciona como una especie de colchón natural. Retiene agua, la libera poco a poco y evita que la tierra se erosione con la lluvia o el viento. En zonas montañosas, esa función es crucial. Sin musgo, el suelo se empobrece, pierde estabilidad y se vuelve más vulnerable.

También es un punto de partida para otras plantas. Muchas semillas germinan sobre musgo porque ahí encuentran humedad, protección y nutrientes. Cuando este desaparece, el proceso se rompe. Lo mismo ocurre con pequeños insectos, microorganismos y animales que dependen de él como refugio y alimento.

Un crecimiento lento y un daño acumulado

Uno de los mayores problemas es su lento crecimiento. Algunas especies avanzan apenas uno o dos centímetros al año. Por eso, cuando se extraen grandes cantidades en poco tiempo, el daño se acumula. La UNAM advierte que la extracción decembrina supera por mucho la capacidad natural del musgo para regenerarse.
En México, el saqueo de musgo se ha vuelto una práctica extendida. Aunque no existen cifras oficiales a nivel nacional, estudios regionales han documentado la extracción de decenas de toneladas en una sola temporada. Las consecuencias se sienten en el suelo, en el agua y en la biodiversidad local.

Indicadores ambientales que también desaparecen

A esto se suma otro aspecto poco conocido: muchos musgos funcionan como indicadores ambientales. Algunas especies son sensibles a la contaminación del aire, otras pueden acumular metales pesados. Su presencia dice mucho sobre la calidad del entorno. Cuando desaparecen, también se pierde esa señal.

El país alberga una gran diversidad de musgos, con más de mil especies registradas y varias de ellas endémicas. Muchas crecen solo en condiciones muy específicas, lo que las hace especialmente vulnerables a la extracción continua.

Replantear la tradición

Ante este panorama, la UNAM no plantea romper con las tradiciones, sino replantearlas. Recomienda evitar el uso de musgo natural y optar por alternativas artificiales, recicladas o materiales que no impliquen dañar ecosistemas.

El mensaje es simple: el musgo cumple una función mucho más importante en el bosque que en una mesa. Dejarlo donde crece no es un gesto exagerado, es una forma concreta de cuidar procesos naturales que tardan años en recuperarse y que sostienen la vida de maneras que no siempre vemos.

Tal vez este diciembre el nacimiento se vea distinto. Pero el bosque lo va a agradecer.


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Imagen de portada: N+