La economía por colores: una guía para entender los modelos que transforman al mundo
Buena Vida
Por: Yael Zárate Quezada - 11/15/2025
Por: Yael Zárate Quezada - 11/15/2025
Cuando escuchamos hablar de “economías por colores”, probablemente pensamos en una forma creativa de clasificar el mundo financiero, pero en realidad, se trata de un enfoque que permite entender distintos modelos de desarrollo según sus prioridades. Ya sea la protección ambiental hasta la cultura, la innovación o la igualdad, cada color agrupa tendencias, sectores y estrategias que organismos internacionales han definido para explicar cómo evoluciona la actividad económica.
A través de esta clasificación podemos comprender el rumbo que toman países y empresas frente a los desafíos globales. Instituciones como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han establecido estos conceptos para analizar el impacto social, ambiental, tecnológico y cultural en el crecimiento económico.
El PNUMA define la economía verde como aquella que mejora el bienestar humano y la equidad social mientras reduce de manera notable los riesgos ambientales y la escasez de recursos. La CEPAL advierte que el cambio climático amenaza las proyecciones económicas a largo plazo y puede profundizar desigualdades si no se actúa con políticas sostenibles.
Ejemplo: la instalación de parques solares y eólicos que generan energía limpia, crean empleos locales y disminuyen la dependencia de combustibles fósiles.

La economía amarilla, centrada en ciencia y tecnología, impulsa procesos más eficientes mediante inteligencia artificial, automatización y modelos digitales. Su meta es aumentar la competitividad a partir de innovación y conocimiento, aunque también implica la necesidad de capacitar a la fuerza laboral para evitar desplazamientos.
Ejemplo: fábricas que integran Inteligencia artificial para optimizar su producción y reducir desperdicios.

Según el Banco Mundial, la economía azul promueve el crecimiento económico mientras protege los ecosistemas marinos y costeros. En América Latina, más de una cuarta parte de la población vive cerca del litoral, lo que convierte este modelo en una vía clave para generar empleo, preservar la biodiversidad y mejorar la calidad de vida.
Ejemplo: proyectos de pesca sostenible que mantienen el equilibrio del océano y fortalecen economías locales.

Para el BID y la CEPAL, la economía naranja abarca industrias culturales y creativas basadas en propiedad intelectual. Arquitectura, diseño, artes visuales, música, moda y software se convierten en motores de transformación social y económica gracias a la creatividad y la innovación.
Ejemplo: estudios de animación que producen contenido original para plataformas globales.

La economía rosa hace referencia al poder adquisitivo y la influencia económica de la comunidad LGBTQ+ y, en algunos contextos, también a mercados orientados específicamente a mujeres. Incluye estrategias de consumo, publicidad y productos dirigidos a estos grupos, cuyo impacto es cada vez más visible.
Ejemplo: marcas que desarrollan campañas inclusivas y productos adaptados a las necesidades de la comunidad LGBTQ+.

La economía violeta busca un sistema justo e inclusivo para mujeres y grupos marginados. Este enfoque promueve negocios liderados por mujeres, impulsa emprendimientos sociales y prioriza prácticas sostenibles que fortalezcan comunidades resilientes.
Ejemplo: programas de financiamiento y capacitación para emprendedoras que enfrentan barreras de acceso a recursos.

La economía roja señala un modelo de consumo intensivo donde comprar, desechar y reemplazar productos es lo que mueve el crecimiento. Se asocia con impactos ambientales y sociales debido a su ciclo lineal de extracción, producción y desecho.
Ejemplo: la moda rápida, que fomenta compras constantes pero genera altos niveles de contaminación.

También llamada economía sumergida o informal, incluye actividades no declaradas desde trabajos lícitos sin registro hasta operaciones ilícitas como narcotráfico o trata de personas. Se caracteriza por transacciones en efectivo y evasión fiscal.
Ejemplo: comercios que operan sin registro, impuestos o controles oficiales.
