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La gira fantasma de Bob Dylan: 50 años del experimento más libre del rock

Arte

Por: Carolina De La Torre - 08/04/2025

En 1975, Dylan se pintó la cara, armó una caravana poética con artistas como Joan Baez y Allen Ginsberg, y salió de gira sin mapa ni reglas. Medio siglo después, la Rolling Thunder Revue sigue siendo un acto de libertad inclasificable

Hace cincuenta años, Bob Dylan se quitó la piel del mito para vestirse de espectro. Se pintó la cara de blanco, se colgó un sombrero de flores y salió de gira. Pero no fue una gira cualquiera. La Rolling Thunder Revue fue un viaje sin guion por teatros pequeños y pueblos olvidados, más parecido a una troupe de teatro ambulante que a una superproducción del rock.

Dylan no quería estadios ni multitudes. Quisó crear algo más íntimo, más caótico, más humano. Para ello se rodeó de un elenco tan variado como brillante: Joan Baez, Allen Ginsberg, T-Bone Burnett, Scarlet Rivera, Sam Shepard, y hasta Mick Ronson, guitarrista de Bowie. Era una especie de caravana poética donde podía pasar cualquier cosa: un recital beat, una improvisación teatral, una canción nueva o un manifiesto disfrazado de concierto.

Entre octubre y diciembre de 1975, la Rolling Thunder hizo 31 paradas por Estados Unidos y Canadá. Ninguna igual a la anterior. Un día Dylan abría con When I Paint My Masterpiece, al siguiente Ginsberg recitaba poemas, y si la noche se alineaba, aparecía Joni Mitchell de sorpresa. Las fechas no se anunciaban con tiempo. No había gran logística ni plan maestro. Solo un deseo urgente de expresión.

Dylan decía que era "una caravana". No por nostalgia, sino porque buscaba romper con la rigidez de la industria musical. Volver al contacto directo, al arte imperfecto. Y en ese espíritu performativo, el maquillaje blanco no era una máscara: era una forma de mostrar el alma desde los ojos.

La gira también sirvió como laboratorio creativo. Muchas de las canciones de Desire nacieron en pleno tour: Isis, Hurricane, One More Cup of Coffee, Romance in Durango. El caos era el hábitat natural. A veces los músicos ni sabían en qué ciudad estaban. En Niagara Falls, una confusión logística los llevó al lugar equivocado. Dylan y Ginsberg, sin inmutarse, se pusieron a cantar en italiano en la banqueta.

El momento más simbólico fue el 8 de diciembre en el Madison Square Garden, en un concierto benéfico para Rubin "Hurricane" Carter. Subieron Muhammad Ali, Roberta Flack, activistas, y se recaudaron más de 100 mil dólares. Esa noche fue registrada en el documental de Martin Scorsese Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story (2019), una pieza donde la línea entre la realidad y la ficción también se disuelve.

En ese documental, se incluye uno de los guiños más delirantes: Sharon Stone como asistente de vestuario, fan de Kiss, enamorada de Dylan. Todo falso. Y a nadie le importó. Porque la Rolling Thunder nunca se trató de lo real o lo falso, sino de lo posible.

Cincuenta años después, esa gira sigue brillando en la historia del rock. Un viaje sin mapa, con amigos, poemas, canciones, sudor, discusiones y libertad. Una gira hecha no para repetir, sino para recordar que el arte, a veces, también necesita perderse para encontrar algo nuevo.


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Imagen de portada: Aleteia