A 100 años de incertidumbre, la física cuántica sigue en busca de sentido
Ciencia
Por: Yael Zárate Quezada - 08/08/2025
Por: Yael Zárate Quezada - 08/08/2025
Hace un siglo, comenzó una de las discusiones más fascinantes de la ciencia moderna. Todo partió de una carta escrita en una isla del mar del Norte, que cambiaría para siempre nuestra forma de entender la realidad.
Fue un 9 de julio de 1925 cuando Werner Heisenberg —entonces un joven físico de 23 años— escribió desde la isla de Helgoland a su colega Wolfgang Pauli con una mezcla de emoción e incertidumbre. “Mis puntos de vista sobre la mecánica se han vuelto más radicales con cada día que pasa”, decía. En esa carta confesaba también su duda existencial, que era completar el manuscrito que lo obsesionaba o quemarlo. Ese borrador sobrevivió, pero más allá de eso, terminó por convertirse en el artículo Umdeutung, considerado por muchos como el punto de partida de la mecánica cuántica moderna.
En ese trabajo, Heisenberg rompía con la tradición de la física clásica al proponer eliminar las órbitas atómicas —que no podían observarse— y reemplazarlas por descripciones matemáticas basadas únicamente en lo que podía medirse.
Lo que quizás no imaginaba es que, cien años después, estas cavilaciones seguirían generando debates. La teoría cuántica ha sido fundamental para el desarrollo tecnológico y científico del último siglo, pero su significado más profundo aún está bajo discusión. ¿Qué nos dice realmente sobre la realidad? ¿Qué es lo que describe? ¿Y cómo deberíamos interpretarlo?
En julio de 2025, para conmemorar el centenario de esa carta, la revista Nature publicó una encuesta con más de mil físicos del mundo. El resultado fue que, a pesar de un siglo de avances, la comunidad científica no logra ponerse de acuerdo sobre qué significa la física cuántica. Solo el 24 % aseguró estar convencido de que su interpretación preferida es la correcta. La mayoría la ve útil, pero no verdadera. Es decir, los cálculos funcionan, pero el sentido profundo detrás de ellos sigue siendo un misterio.

Carl Werner Heisenberg en 1920 / Daily Herald Archive
Entre la variedad de intentos por darle sentido a la teoría, la interpretación de Copenhague —propuesta por Niels Bohr y el propio Heisenberg— sigue siendo la más popular con el 36 % de los encuestados que la eligieron como su favorita. Esta visión sostiene que los sistemas cuánticos no tienen propiedades definidas hasta que alguien los mide.
Sin embargo, más de la mitad de quienes eligieron Copenhague reconocieron tener dudas, o no poder justificar del todo su preferencia. Y es que no se trata solo de resolver una ecuación, se trata de comprender qué nos está diciendo el universo a través de esos cálculos.
Frente a esa incertidumbre, otras ideas han ganado terreno como la Interpretación de los Muchos Mundos (MWI, por sus siglas en inglés), propuesta en 1957 por Hugh Everett. Según esta visión, cada vez que ocurre una medición, el universo se divide en múltiples realidades paralelas, donde todos los resultados posibles se vuelven reales en alguna versión del cosmos. Aunque podría parecer ciencia ficción, esta interpretación alberga al 15 por ciento de los físicos encuestados, en parte porque evita el misterioso "colapso" de la función de onda y preserva una visión determinista del mundo.

A pesar de la falta de consenso, lo cierto es que sin la física cuántica no tendríamos buena parte del mundo moderno. Computadoras, láseres, GPS, teléfonos móviles, compras en línea y hasta diagnósticos médicos dependen de tecnologías basadas en principios cuánticos. Y eso es solo el comienzo. Campos emergentes como la inteligencia artificial, la robótica o la telemedicina también están profundamente condicionados por esta rama de la ciencia.
Como lo explica Rocío Jáuregui Renaud, investigadora del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de México (UNAM):
“Esta rama de la ciencia estudia cómo se comporta la materia y la radiación en escalas diminutas, como átomos y partículas subatómicas. Su descubrimiento se remonta a 1900, cuando científicos encontraron evidencias de que las leyes de la física clásica no podían explicar ciertos fenómenos, como el comportamiento de la luz y la materia a nivel de sus componentes”.
A diferencia de la física clásica, que confía en la certeza absoluta, la cuántica opera desde la probabilidad. En lugar de decirnos con precisión dónde está algo y qué velocidad tiene, nos da un abanico de posibilidades. Esta naturaleza ambigua es la que alimenta los debates, la teoría funciona, pero ¿qué realidad describe exactamente?
Un siglo después de que Heisenberg decidiera no quemar su manuscrito, seguimos preguntándonos qué clase de universo nos reveló aquella carta.