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El líder de Sonic Youth publica sus memorias y retrata desde dentro la escena que transformó el rock para siempre.

Thurston Moore no es solo el tipo que desafinó su guitarra para convertirla en un arma de distorsión melódica con Sonic Youth. Es también alguien que vivió, documentó y ayudó a moldear una de las épocas más inquietas del rock alternativo. Hoy, ese registro llega en forma de libro: Sonic Life, sus memorias, que ya fue nombrado el mejor libro de música del año por Rough Trade y Resident.

La historia comienza en 1978, cuando Moore se muda al East Village de Manhattan con 19 años y una obsesión: sumergirse en la escena sonora de la ciudad. Es una Nueva York aún sucia, peligrosa y fascinante, donde el punk se mezcla con la poesía y donde los clubes nocturnos funcionan como fábricas de ruido experimental. De ahí nace Sonic Youth, el grupo que fundó en 1981 junto a Kim Gordon y Lee Ranaldo, y que acabaría marcando a toda una generación.

Sonic Life no es una autobiografía tradicional. Moore no se detiene demasiado en los dramas personales ni en la intimidad emocional. Su relación con Gordon —y el quiebre que derivó en el final de la banda— aparece apenas mencionado. En cambio, lo que ofrece es un recorrido minucioso (y a ratos nerd) por su educación musical: desde los Stooges hasta Glenn Branca, desde Boris Policeband hasta el concierto de los Cramps que lo sacudió más que la muerte repentina de su padre. Hay más detalles sobre conciertos y discos que sobre su familia o sus relaciones, pero quizá esa sea justamente la idea.

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El libro también retrata, con bastante fuerza, ese Manhattan precario donde artistas como Jean-Michel Basquiat, Keith Haring o una joven Madonna cruzaban caminos con músicos que hoy apenas sobreviven en el recuerdo de fanzines. Ahí, en medio de guitarras desafinadas, ruido atonal y cervezas baratas, Moore encontró su distorsión. 

Y aunque Sonic Youth nunca fue una banda pensada para el mainstream, terminaron tocando con Iggy Pop y Neil Young, firmando con una disquera importante sin perder su esencia, e incluso ayudando a que Nirvana firmara con la misma. Después del suicidio de Kurt Cobain, Moore entendió que la fama podía ser una trampa. Y decidió mantenerse en los márgenes.

“Sonic Life” funciona mejor como documento cultural que como confesión. Es el testimonio de alguien que estuvo ahí cuando el rock dejó de ser solo melodía para convertirse en resistencia. Y aunque evita los golpes bajos o el morbo de lo personal, también deja claro algo: que para Moore, la música siempre fue más íntima que cualquier otra cosa.


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Imagen de portada: Wikipedia