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Se puede saber si una persona está deprimida por el uso de estas palabras

Salud

Por: pijamasurf - 02/09/2018

Más que palabras que denotan emociones negativas, las personas que utilizan mucho pronombres en primera persona o términos absolutos suelen estar deprimidas

La depresión en algunos casos permea todo los ámbitos de la existencia de una persona, incluyendo el lenguaje que usa. Un nuevo estudio publicado en Clinical Psychological Science sugiere que las personas deprimidas usan más cierto tipo de palabras y que incluso se puede hacer un análisis lingüístico para predecir si un individuo está deprimido.

No es sorpresa que las personas deprimidas utilicen más palabras que describen emociones negativas, como pueden ser "soledad", "tristeza" "miseria". Lo notable es su uso de pronombres en primera persona como "yo", "mío", "mí" y significativamente menos pronombres en segunda o tercera persona como "ellos", "ustedes" "ella", etcétera. 

Los investigadores creen que esto indica que los individuos deprimidos están enfocados en sí mismos, incluso ensimismados u obsesionados con su propio pensamiento y condición, y por lo tanto, menos conectados con los demás. Estos pronombres, de hecho, son más precisos para predecir la depresión de una persona que las palabras que señalan emociones negativas. Existen estudios que correlacionan el rumiar, los pensamientos obsesivos o en círculos, generalmente sobre los propios problemas, con la depresión. Sin embargo, no se sabe del todo si la depresión causa que las personas se enfoquen en sí mismas o si quienes se enfocan en sí mismos se deprimen por esto.

Aún más preciso para predecir la depresión que los pronombres, según la investigación, es el uso de palabras de carácter absoluto como "siempre", "nada"" "totalmente"; las personas deprimidas usan más estas palabras, que indican una visión blanco o negro del mundo.

Descubre cómo será tu relación amorosa según el tipo de apego que tienes

Salud

Por: pijamasurf - 02/09/2018

Si bien en los últimos años numerosas investigaciones han demostrado que la infancia no es un fenómeno exclusivamente determinante, conlleva una serie de rasgos del pasado que nos acompañan tanto en el presente como en el futuro

Hay quienes dicen que “infancia es destino”, dando por sentado que aquello que se vive en los primeros años de vida se vuelve la base de la vida adulta. Y si bien en los últimos años numerosas investigaciones han demostrado que la infancia no es un fenómeno exclusivamente determinante, conlleva una serie de rasgos del pasado que nos acompañan tanto en el presente como en el futuro. Principalmente, cuando se refiere al tipo de afecto o apego que estamos acostumbrados a recibir y a dar.

Después de una observación rigurosa sobre los tipos de apego entre madres y bebés, los psicólogos John Bowlby y Mary Ainsworth llegaron a la conclusión de que dependiendo de la frecuencia y maneras de acercamiento-cariño en que las figuras maternas buscaban a los niños, estos últimos desarrollaban una serie de reacciones al amor –que, en muchas ocasiones, reproducían a lo largo de su vida–. Estos son los dos tipos de apego:

 

    – Apego seguro

Cuando ambos, madre/padre y bebé se encuentran en una misma habitación y el primero se va, el bebé protesta ante su ausencia. Esto se debe a que el niño percibe el cuidado como una base segura tanto para la exploración como para la proximidad; y si bien puede ser consolado por extraños, muestra una clara preferencia por su madre/padre pues son ellos quienes brindan la sensación de exploración segura. Según Bowlby y Ainsworth, este tipo de apego es típico de figuras paternas/maternas que reaccionan de forma apropiada, rápida y consistente a las necesidades. Esto permite que el niño desarrolle un autoconcepto merecedor de cariño/buenos tratos y de autoconfianza. De hecho, estos bebés tienden a ser cálidos, estables y con relaciones interpersonales satisfactorias.

 

    – Apego inseguro, del cual surgen: 

        – Apego ambivalente

En este caso, cuando el cuidado se va y el niño no lo percibe como una base segura, suele buscar la proximidad incluso antes de la ausencia. Por lo tanto, suele irritarse con la separación, mostrando rabia y renuencia a acercarse a la figura padre/madre y volver a jugar enseguida. Bowlby y Ainsworth notaron que el bebé con un apego ambivalente suele preocuparse por la disponibilidad del cuidado: busca su atención y cuando la consigue –y no se encuentra con ánimos para recibir mimos, porque está adormilado o tiene hambre–, muestra una resistencia furiosa que los extraños no pueden aliviar fácilmente. En otras palabras, el bebé siempre se encuentra ansioso, haciendo rabietas y protestando al respecto, debido a que la disponibilidad del cuidado no es consistente y él no ha tenido tiempo para desarrollar correctamente las herramientas emocionales necesarias, así como expectativas de confianza y acceso a los cuidadores.

    

        – Apego evitativo

Ante el poco y pobre intercambio afectivo en el juego, un niño con apego evitativo no muestra ninguna irritación con la ausencia de la figura materna/paterna. Es decir que, a diferencia del apego ambivalente y el apego seguro, estos niños simplemente ignoran o se alejan del contacto para protegerse del abandono. Evitan sentirse abandonados, aprendiendo a “arreglárselas solos”. Normalmente, las figuras maternas/paternas que transmiten este tipo de apego desalientan el llanto o la irritación y alientan la independencia. Por lo tanto, durante la adultez, los individuos pueden sentirse inseguros y desplazados por eventos que les hacen sentir abandonados –e incluso abandonan a otras personas, antes de ser ellos los abandonados–.

 

        – Apego desorganizado

Es el apego con mayor tendencia a la psicosis, pues no existe una estrategia coherente de apego: la figura madre/padre verbaliza su cariño pero se contradice con una conducta agresiva, abusiva o negligente. Una frase que caracteriza al apego desorganizado es “Te pego porque te quiero”. Las figuras madre/padre suelen tener comportamientos de asustado o asustador, intrusivo, rechazador, negativo, confuso en los roles, errante en la comunicación afectiva y tener malos tratos con el hijo. Los psicólogos han observado que los adultos con apego desorganizado suelen verse a sí mismos con un autoconcepto pobre y no poseen los recursos necesarios para confiar en los demás, no buscan la intimidad con otros y suelen reprimir sus emociones.