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El gran historiador de la mitología y la religión, Joseph Campbell, reflexionó lúcidamente sobre la naturaleza de los diablos o demonios

El gran mitólogo e historiador de las religiones Joseph Campbell es conocido por su penetrante entendimiento de los arquetipos que atraviesan las diferentes culturas y nuestro mismo inconsciente colectivo, particularmente por su estudio sobre el arquetipo del héroe. Campbell está especialmente calificado para comprender el significado recurrente de los diablos o demonios, que aunque irreductibles a un único entendimiento, tienen características o motivaciones similares en su aparición en la religión y en la psique humana.

En el texto An Open Life: Joseph Cambell in Conversation with Micheal Toms se encuentra está excelente cita:

Mi definición de un diablo es un dios que no ha sido reconocido. Esto es, un poder en ti mismo que no has logrado expresar y que has retraído. Y entonces, como toda energía reprimida, se va apilando y se convierte en completamente peligrosa para la posición que quieres mantener.

Aquí hay dos puntos importantes. Por una parte la lectura psicológica de los diablos o demonios, que son entendidos como aspectos de la mente que al no ser atendidos se mueven hacia la sombra, como una especie de toxina que se va acumulando hasta que no puede ser ya enterrada e irrumpe en nuestra vida, como si fuera un demonio, una enfermedad o una contrariedad que tiene su propia existencia. Por otro lado, se entiende aquí que estos demonios, en realidad, son nuestros amigos. Por dos razones; por un lado, porque vistas desde una perspectiva no-dual o que no condena moralmente su manifestación, estas energías demoníacas son también fuerzas divinas, aspectos de un mandala o una totalidad psíquica que no han sido reconocidos, pero que al ser parte de dicha totalidad no son menos divinos. Un ejemplo de esto existe en el budismo tántrico donde el enojo, por ejemplo, cuando es reconocido y aceptado como pura energía, se convierte en una forma de sabiduría (específicamente, en "sabiduría similar al espejo"). Algo similar podría hacerse con los siete pecados capitales y diablos representativos, los cuales serían regresados a su naturaleza angelical original al entenderse aspectos de Dios. La otra razón por la cual los demonios son nuestros amigos es que nos producen malestares y desavenencias que nos sirven como síntomas para notar que tenemos una condición que debemos resolver, que hay algo que debemos enfrentar si queremos crecer. En este sentido son nuestros aliados aunque lo son son al aparecer como nuestros enemigos, de alguna manera, en una especie de teatralidad sagrada.

En el budismo tibetano este entendimiento de los demonios ha sido desarrollado de manera sumamente sofisticada, particularmente con la práctica de chöd, donde se busca enfrentar y hasta alimentar a entidades demoníacas (que son como cuerpos emocionales: miedo, ambición, enojo encarnados, etc.) para reconocer que no son otra cosa que la naturaleza misma de nuestra mente. El maestro tibetano Thinley Norbu Rinpoche escribió: "Mientras no creamos en nuestra propia naturaleza búdica, las proyecciones de la mente ordinaria de demonios y dioses seguirán ocurriendo, y creeremos que tienen una realidad objetiva y separada". En otras palabras, es sólo porque creemos que existe el mundo material objetivo e independiente de nuestra mente que podemos experimentar apariciones de demonios y demás. Es esta noción de ser un ego en contraposición a un universo de objetos la que permite que puedan existir demonios y elementos agresivos. Thinley Norbu, en White Sail, agrega:

Siempre existe el mal causado por la energía dualista del ego. Al olvidar que todas las proyecciones, reacciones y contraproyecciones tienen su raíz en el ego, el mal parece proceder de afuera de nosotros, de múltiples formas y sonidos. En realidad, el mal sólo aparenta tener una independencia externa, esto es debido a que uno olvida lo que el propio ego demoníaco ha creado al construir malos hábitos por muchas vidas, no reconociendo las propias proyecciones.

  El santo yogui del Tíbet, Milarepa, dijo:

Las fuerzas malignas de demonios masculinos o femeninos

que causan miríadas de problemas y obstrucciones

parecen reales antes de que uno ha llegado a la iluminación

pero cuando una ha descubierto su verdadera naturaleza

se convierten en protectores,

y a través de su ayuda y asistencia

uno alcanza numerosos logros.

De la misma manera que en la magia salomónica occidental se utilizan los ángeles y espíritus, estos demonios en el budismo tántrico son utilizados como protectores y guardianes del dharma. Pero para que esto suceda se tiene que llegar a la realización profunda de la naturaleza de la mente, de que no existe separación entre la conciencia y los fenómenos externos y demás. Es importante mencionar que hay una tendencia a interpretar estas ideas de los demonios o entidades como coemergentes a la mente creyendo que todo es una mera proyección de nuestra mente y que realmente no existen, mientras que nosotros sí existimos. Pero lo que se dice en el budismo es que estos demonios son tan reales (relativamente) e irreales (absolutamente) como nosotros mismos, como el yo fijo con el que nos identificamos. Esto es lo radical, no perderle el miedo a los demonios, sino perderle el miedo a todo porque no hay nada exista realmente por su propia cuenta, lo único que subsiste es algo inefable y misterioso, que a falta de otro término llamamos la budeidad o el estado natural, intemporal, libre de contenido u objeto de la conciencia.

Los 11 principios thelemitas libres de toda jerga ocultista y lenguaje metafórico

1. Sé que explorar y expresarme es mi derecho y mi propósito.

2. Sé que todos los demás seres también tienen el mismo derecho y propósito de explorar y expresar sus naturalezas.

3. Acepto a todas las personas sin importar lo que parezcan o crean, y acepto todos los momentos sin importar si son buenos o malos.

4. Siempre estoy creciendo, siempre buscando y esforzándome cada vez más en todas las cosas.

5. Miro las cosas difíciles en la vida como mis maestros que me ayudan a crecer, y los abrazo.

6. Nunca olvido que estar vivo y ser consciente es una bendición misteriosa que siempre merece gratitud y alegría.

7. Disfruto de la belleza de todos y de todo lo demás, y ayudo a traer más belleza al mundo.

8. Busco la verdad: pienso por mí mismo, soy honesto conmigo mismo y con los demás, y me cuestiono a mí mismo y a los demás.

9. Exploro y desarrollo mi creatividad en todos los aspectos de la vida, y ayudo a otros a hacer lo mismo.

10. Estoy conectado con todo en el universo, así que vivo en armonía con otras personas, animales, plantas y todas las demás cosas en la Tierra y en todo el cosmos.

11. Me río: disfruto de todas las partes del mundo, y no me tomo demasiado en serio.

 

Acabas de leer los 11 principios thelemitas libres de toda jerga ocultista y lenguaje metafórico. El «Liber AL vel Legis» o «El Libro de la Ley» es la base del sistema filosófico llamado Thelema.

El Libro de la Ley es un texto que está escrito utilizando un lenguaje metafórico, cargado de parábolas, aforismos y alegorías que ante el ojo profano -al igual que la mayoría de sus textos- puede resultar incomprensible, y no pocos terminan convencidos de que se trata de magia negra o tan sólo de simples locuras sin sentido producto de un desequilibrado mental.

Aleister Crowley fue una de las mentes más brillantes y versadas del siglo XX, pero al mismo tiempo fue una persona de lo más extravagante y excéntrica.

Crowley amaba los juegos de palabras, decir que utilizaba dobles sentidos es decir poco, pues sus escritos están llenos de triples y cuádruples sentidos, el lenguaje que utiliza está plagado de acertijos y paradojas, así como referencias a la mitología griega y egipcia, y todo esto aderezado con su exótico sentido del humor que utilizó con la más fina sutileza, pero que muchas veces combinaba con lo vulgar y lo soez para cifrar su profundo conocimiento hermético y cabalístico.

Pese a que utilizó el más riguroso pragmatismo para describir los sistemas mágicos occidentales, así como las prácticas yóguicas orientales, en general los escritos de Crowley se caracterizan por ser ingeniosos, paradójicos, brillantes, oscuros y deliberadamente enigmáticos en diferentes grados.

"Haz lo que tú quieras será toda la ley” es la máxima por la que se guiaba Aleister Crowley; sin embargo, insistía en que «Haz lo que quieras» es muy diferente de «Haz lo que te apetezca». Esto era debido a la naturaleza de lo que él llamaba la «voluntad auténtica».

La voluntad auténtica era distinta de los deseos normales y se definía como un acto que estaba en armonía con el conjunto del universo, un acto que ocurría de forma natural y que uno no llevaba a cabo por una «lujuria del resultado».

[al estar] en armonía con el movimiento de las cosas, tu voluntad es parte de la voluntad de Dios, y por lo tanto equivalente a ella […]. Si todos los hombres y mujeres hicieran su voluntad —su voluntad auténtica—, no habría choques. Todos los hombres y todas las mujeres son estrellas, y cada estrella se desplaza por un camino previsto sin interferir con las demás. Hay espacio de sobra para todas. Es sólo el desorden lo que produce la confusión…

Amor es la ley, amor bajo voluntad. Haz tu voluntad: será toda la ley.

(Aleister Crowley)

 

Para consultar las fuentes escritas de los 11 principios thelemitas en su lenguaje original:

https://iao131.com/2013/03/19/11-principles-of-thelemites/

 

Para profundizar más sobre LA VIDA Y OBRA de Aleister Crowley, también en Pijama Surf:

"Invócame bajo las estrellas", el amor bajo voluntad de Aleister Crowley

"Haz lo que tú quieras será toda la ley", la ética trascendental de Aleister Crowley

Magia y voluntad: Aleister Crowley y Jakob Böhme

Educación para el nuevo eón: Aleister Crowley y Raw sobre la formación de los niños

Los poemas pornográficos de Aleister Crowley: herejía erótica y misticismo

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