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¿Acaso los millennials se están convirtiendo en socialistas?

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/23/2018

¿Cómo es que el socialismo, olvidado en los fríos rincones de la antigua Unión Soviética, se encuentra coqueteando con los jóvenes de la actualidad?

Socialismo y capitalismo, dos antiguos enemigos que llevaron al planeta tanto a largas guerras como a constantes crisis socioeconómicas, ahora vuelven a aparecer en la actualidad coqueteando con los millennials. Mientras que el primero se caracteriza por la privatización y el control por parte del gobierno sobre propiedades y recursos naturales, enfocando una idea de cooperación social para vivir y trabajar, el segundo se basa en el trabajo privado fundamentado en elecciones individuales dentro del mercado libre, permitiendo distribuciones variadas de los bienes y los servicios. Si bien es verdad que el socialismo critica la injusticia, explotación y monopolio tanto del poder como de la riqueza ejercidos en el capitalismo, este último señala el autoritarismo unilateral del primero.

Ahora, ¿cómo es que el socialismo, olvidado en los fríos rincones de la antigua Unión Soviética, se encuentra coqueteando con los jóvenes de la actualidad? De acuerdo con Jerrod Laber, colaborador en The Washington Post, los millennials comienzan a tener un acercamiento con este movimiento político, social y económico, mostrando un poco más que tan sólo un interés casual. Si bien algunos de ellos no se comprometen con los principios socialistas –que proponen que la verdadera equidad requiere el control social de los recursos que brindarán la prosperidad para cualquier sociedad– y llegan a confundir al socialismo con el comunismo, Laber especula que los millennials “tienen una perspectiva poco realista de lo que el gobierno debería hacer y de lo que es realmente capaz de hacer”.

Según varias encuestas realizadas entre el 2015 y el 2016, el 58% de los jóvenes de la actualidad tiene una opinión positiva del socialismo y al mismo tiempo está a favor del comercio libre –tendencia capitalista–; por otra parte, el 44% prefiere vivir en un país socialista que en uno con una economía basada en el mercado, confundiendo a su vez la definición del socialismo.

Muchos especulan que es la lucha a favor del feminismo, la defensa de pueblos o minorías en situaciones de riesgo y la ecología, entre otros, lo que atrae a la juventud en búsqueda de la equidad social; no obstante, según Laber, “los millennials no entienden ni pueden concebir la experiencia de vivir bajo el totalitarismo”. En otras palabras, “muchas personas no poseen un entendimiento textual de los detalles de la cotidianidad bajo un régimen comunista. Nunca han tenido que lidiar con algo como la reducción de los productos básicos como el papel de baño”. Otras especulaciones se basan en la insistencia de una teoría ideal a nivel gubernamental en un mundo no ideal; es decir, en una “perspectiva del mundo real, problemas institucionales con alternativas perfectas”. De modo que la búsqueda de soluciones inmediatas sin el entendimiento profundo de los defectos institucionales ni del contexto global de cada cultura, sociedad y país, desencadenaría una ola de violencia que los jóvenes no están preparados para vivir –o siquiera se imaginan que existe–.

En palabras de Laber, “el simbolismo de un mundo perfecto no puede resolver los problemas del mundo real”. De modo que, ¿acaso el capitalismo/socialismo es la solución a la injusticia social, pobreza y monopolio tanto del poder como del dinero? Es evidente que los millennials están buscando un estilo de vida más justo para todos; sin embargo, quizá habría que cuestionarse, como si uno fuese especialista de la salud, cuáles fueron los elementos que enfermaron a la sociedad y dilucidar cuáles son soluciones adecuadas contemplando el contexto histórico, económico, social, geográfico y político; habría que considerar que una sociedad no puede curarse en el mismo ambiente en el que se enfermó, que la proactividad es necesaria para ser escuchado y que los cambios empiecen a dar resultados, que el conocimiento incentiva la sabiduría mientras que la ignorancia incentiva la implosión.

¿Hemos llegado al punto en que la seducción o el coqueteo insistente son considerados crímenes?

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/23/2018

¿El coqueteo torpe, la galantería, el intento de seducción, en un ambiente enrarecido, podrían ser considerados abuso sexual?

El feminismo ha sido un movimiento sumamente importante que ha logrado avances significativos en los derechos de las mujeres, pero la persistencia de una cierta veta machista y la radicalización del mismo feminismo han llegado a un punto de enfrentamiento y a un ambiente de animadversión que ha merecido la denuncia de un grupo de mujeres francesas, quienes acaso son conscientes de que este estado de las cosas está afectando la naturaleza más básica e íntima de la relación entre hombres y mujeres.

El grupo, en el que se encuentran Catherine Deneuve, la escritora Catherine Millet, la cantante Ingrid Caven, la editora Joëlle Losfeld, la cineasta Brigitte Sy, la artista Gloria Friedmann y la ilustradora Stéphanie Blake, es consciente de que no se debe tolerar la violencia o el abuso sexual, pero afirma que no debe extenderse este clima a trastornar y enrarecer el acto mismo de la seducción o la forma en la que un hombre se acerca a una mujer por la cual siente deseo. Sentir deseo y querer acercarse a alguien es el acto más natural que existe, y así, resulta un tanto ridículo que un hombre sea obligado a dimitir simplemente "por haber tocado una rodilla, intentado dar un beso, hablado de cosas intimas en una cena profesional o enviado mensajes con connotaciones sexuales a una mujer que no sentía una atracción recíproca". La insistencia de seducción, el coqueteo torpe o la galantería, señalan estas mujeres, no son crímenes, son cosas que existen y existirán entre el hombre y la mujer y que, en sus cabales, las mismas mujeres jamás desearían que dejaran de existir. Asimismo, según estas mujeres francesas, la mujer debe poder vivir libremente sin la idea de verse como una víctima. Aunque existen ciertamente muchas mujeres que han sido víctimas (y por lo tanto hombres que deben hacerse responsables de sus actos), la noción de víctima como etiqueta de sexo no es algo que, al menos ellas, compartan o piensen que deba ser colocada a la mujer.

Si un velo sombrío y prohibitivo se mantiene sobre la seducción, esto entorpecería y enrarecería nuestras relaciones. Y la realidad es que, para el hombre como para la mujer, no hay nada que sea más importante para su bienestar que las relaciones amorosas. La idea de un cierto feminismo radical en el que la mujer no necesita al hombre para ser feliz es simplemente absurda, la necesidad es mutua. Y ambos sexos se necesitan, en gran medida, porque son diferentes.

Otra cosas es crear o utilizar posiciones de poder para forzar a mujeres a hacer cosas que no desean. Por supuesto, lo más delicado del asunto y que no es fácil de resolver es definir cuándo se realiza una petición en una llamada posición de privilegio, donde una mujer es vulnerable a ceder a dicha invitación no por su propio deseo sino por temor al poder del individuo en cuestión. Y en la complejidad de establecer esta línea divisoria, era de esperarse que algunas mujeres han acusado al grupo de mujeres francesas firmantes de "misoginia interiorizada". Sin embargo, en todo caso, por lo que se debe luchar es por que los hombres que realmente realizan abusos sean castigados, para que las mujeres que se ven en esas situaciones se sepan protegidas y no tengan que someterse a los deseos del otro. Es indudable que existen muchos países donde abundan entornos que privilegian a los hombres y dejan impunes sus actos. Los movimientos sociales deben trabajar en denunciar esto y en establecer condiciones más equitativas. Dicho eso, se debe diferenciar entre lo que es violencia, es decir, lo que viola el deseo del otro, lastima su integridad o penetra su espacio personal de manera violenta y lo que es la legítima exteriorización del interés sexual, el cual no puede considerarse un crimen. 

Hoy en día estamos ante un clima de paranoia en el que se generan cosas como el lanzamiento de una app para declarar consentimiento sexual entre dos personas para evitar acción legal. Las mujeres francesas que firmaron este documento mantienen que corremos el riesgo de perder la espontaneidad que es la energía vital del sexo y entrar en un nuevo puritanismo sexual -que asocian con la sociedad estadounidense- donde las relaciones son transacciones mecánicas.