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10 grandes frases de Meister Eckhart, quizás el más grande místico de Occidente

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/07/2018

Una muestra de la inteligencia mística deslumbrante del Maestro Eckhart

El Maestro Eckhart fue un teólogo dominico alemán del siglo XIII, quien estableció una doctrina altamente mística basada en el desapego, en la noción de la identidad entre el ser humano y la divinidad y en una vía negativa como base para alcanzar la divinidad (donde se debe abandonar el sí mismo o ego para entregarse a la voluntad divina, que es lo único real). Eckhart consideraba que Dios Padre crea el universo en el presente, que es en realidad la eternidad, y así el Hijo está naciendo siempre, sólo debe actualizarse en el ser humano, que debe hacerse espiritualmente virgen para poder dar a luz la Luz. Su teología fue sometida a un proceso por sospecha de herejía y condenada en algunas proposiciones por Juan XXII. Meister Eckhart murió durante dicho proceso. 

Las clasificaciones son odiosas, pero el pensamiento de Eckhart no tiene parangón en el misticismo occidental, y por ello se le ha considerado el más oriental de los occidentales en su pensamiento. Autores como Rudolf Otto y Ananda Coomaraswamy lo han comparado extensamente con el vedanta de Shankara y autores como D. T. Suzuki, entre otros, con el budismo mahayana. Eckhart muestra, de hecho, que el cristianismo es una religión tan profunda y tan bien equipada místicamente para alcanzar el fin último como cualquier otra. Sólo podemos pensar en los filósofos neoplatónicos con los que guarda una estrecha relación -como Plotino o Pseudo Dionisio- como comparables tanto en su realización mística como en la profundidad filosófica de su obra. A continuación, una breve muestra de su pensamiento:

Debe notarse que "el principio" en el que Dios creó "el cielo y la tierra" es la naturaleza del intelecto. "Hizo los cielos en el intelecto" (Ps 135.5). El intelecto es el principio de toda la naturaleza...

El principio en que Dios creó "el cielo y la tierra" es el primero y simple ahora de la eternidad. Dijo que es el mismo ahora en el que Dios existe desde la eternidad, en el que también es la emanación de las divinas Personas.. Así que cuando alguien me preguntó porque Dios no creó el mundo antes, respondí que no podía crear el mundo antes porque no existía antes [y tampoco existe un "antes" de su existencia]... "Dios habla una vez para siempre" (JB 22:14)

Lo que está fuera del tiempo siempre es universal; lo que no tiene cuerpo y materia está en todas partes. De esta manera, siempre y en todas partes, "Los cielos y todas las obras de sus manos proclaman la gloria de Dios" (Ps18.2) sin ninguna palabra externa.

Sabe que cualquiera que desea conocer a Dios hablando debe volverse sordo y desatender lo demás. Esto es lo que San Agustín nos dice en el cuarto libro de sus Confesiones "Alma mía, no seas tonta y haz que el oído de tu corazón se vuelva sordo al tumulto de tus penas". "Así entonces, sé sordo para que puedas escuchar".

Date cuenta que la meta de tu intención es Dios, sí, así es, la acción es divina porque el principio y el final son la misma cosa: Dios.

 

El camino te conduce
a un maravilloso desierto,
a lo ancho y largo,
sin límite se extiende.
El desierto no tiene
ni lugar ni tiempo,
de su modo tan sólo él sabe.

 

Toda la perfección del hombre consiste en alejarse y en despojarse de la criatura; en comportarse uniformemente en y hacia todas las cosas, no ser abatido por las adversidades, no exaltarse en la fortuna, no alegrarse o temer o gozar de una cosa más que de otra… También si esto parece arduo y difícil, en cambio es absolutamente leve y necesario; leve sobre todo porque cuando se ha gustado del espíritu, se pierde el sabor de toda carne. De hecho, el inconmensurable gusto de Dios anula todo lo demás. Secundariamente porque, en efecto, para quien ama de verdad, todas las cosas son un puro nada fuera de Dios, en cuanto fuera del ser.

Un ánimo libre es aquel que no se perturba por nada ni está atado a nada, ni tiene atado lo mejor de sí mismo a ningún modo, ni mira por lo suyo en cosa alguna. […] [E]n tu fuero íntimo no surge nunca ninguna discordia que no provenga de la propia voluntad, no importa si se la nota o no. […] [Q]uien te perturba eres tú mismo a través de las cosas, porque te comportas desordenadamente frente a ellas. Por ende, comienza primero contigo mismo y ¡renuncia a ti mismo! De cierto, si no huyes primero de tu propio yo, adondequiera que huyas encontrarás estorbos y discordia, sea donde fuere.

[E]l verdadero desasimiento no consiste sino en el hecho de que el espíritu se halle tan inmóvil frente a todo cuanto le suceda, ya sean cosas agradables o penosas, honores, oprobios y difamaciones, como es inmóvil una montaña de plomo ante el soplo de un viento leve.

No se puede admitir que Dios esta ahí, esperando no se sabe qué ser que tendría que venir a crear el mundo. En el mismo instante en que Dios existió, y generó al Hijo, Dios coeterno y coesencial en todas las cosas creó también el mundo.

¿Qué es lo numinoso y por qué el ser humano lo necesita en su vida?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/07/2018

Sobre el término "numinoso" y la importancia de tener experiencias numinosas en un mundo que ha perdido significado

Ante el progresivo desencantamiento de un mundo mecanicista y materialista, el antídoto que puede proveer significado es lo numinoso. El término numinoso fue acuñado por el influyente teólogo e historiador de las religiones, Rudolf Otto. La palabra proviene del latín "numen" que significa "poder o potencia divina" (y no tiene que ver estrictamente con el noumenon kantiano). Otto desarrolló su noción de lo numinoso en su libro "La Idea de lo Sagrado", donde escribió que lo sagrado además de un componente de perfección moral tiene un aspecto numinoso. Esto es "una experiencia no-sensorial y no-racional o sentimiento cuyo objeto primario e inmediato está más allá del sí mismo", y el cual se presenta como un Gran Otro, una alteridad radical, en una condición en la que el ser humano se ve "completamente desconcertado". Es Otto el que introduce en gran medida la noción de que lo sagrado está acompañado por algo que no sólo es misterioso sino suele ser, por momentos, terrible o tremendo (el mysteium tremendum) y a la vez fascinante, lo cual se puede relacionar con la idea jungiana de integrar la sombra o de atravesar una especie de inframundo para alcanzar lo divino. O también con la visión de lo divino (teofanía) que es tan radicalmente otra que desconcierta y hasta perturba, como es el caso por ejemplo de la visión que tiene Arjuna de la forma universal de Krishna, que devora universos en su cuerpo y la cual recordó Oppenheimer al lanzar la bomba atómica. Otto escribe:

La sensación puede llegar repentinamente como una suave marea que permea la mente con un ánimo tranquilo o de profunda adoración. Puede pasar hacia una actitud más estable y duradera del alma, continuando como un estremecimiento vibrante y resonante, hasta que finalmente se desvanece y el alma retoma su modo de experiencia cotidiana no-religiosa o profana... Tiene sus antecedentes y manifestaciones tempranas crudas y bárbaras, y luego puede de nuevo desarrollarse en algo bellísimo y puro y glorioso. Puede convertirse en la humildad silenciosa, temblorosa y muda de la criatura en presencia de -¿qué o quién? En la presencia de aquello que es un misterio inexpresable que está en lo alto más allá de las criaturas. 

Otto explica que lo numinoso existe en todas las religiones y es una emoción que tiene valor epistemológico, más allá de lo racional. Es la emoción religiosa que tiene una cualidad de conmoción o estremecimiento y transformación. Aldous Huxley en "Las Puertas de la Percepción" habla del mysterium tremendum (lo numinoso):

La literatura de las religiones abunda en referencias a los dolores y terrores que abruman a aquellos que, de manera súbita, se encuentran cara a cara con una manifestación del mysterium tremendum. En lenguaje teológico, este miedo se debe a la incompatibilidad entre el egoísmo del hombre y la divinidad pura, entre la separación auto-agravada del hombre y la infinitud de Dios.

Aquí yace la clave de la experiencia numinosa: el enfrentamiento con lo divino supone una especie de shock o trauma para el ego que se aferra a su realidad. El ego sólo puede existir como un ente separado, encumbrado en su propia identidad separada del mundo de objetos, pero lo divino o lo misterioso numinoso nos enfrenta con un plano de conexión significativa (de sincronicidad y unidad cósmica) y por lo tanto presenta una amenaza de muerte. Esto es en cierta forma lo que se experimenta como terrible y tremendo: la poesía negra maldita de las imágenes de la muerte del ego, que es también algo así como la boda del alma con lo divino.

Lo numinoso por supuesto tiene una connotación religiosa. En la sociedad secular que vivimos, lo religioso es visto con desdén porque se asume que tiene que ver con el poder institucional, con el dogma y con el control mental, pero la experiencia religiosa es en sí misma solamente una conexión con algo que está más allá de nuestro ego o sí mismo, con algo más grande, con un orden y una energía que nos rebasa y a la vez nos atraviesa. Esto puede ocurrir en el amor, en el arte, en la contemplación de la naturaleza y demás. Pero para que sea realmente numinoso debe de llevarnos al asombro y a la trascendencia de viejas estructuras o modos de pensamiento, debe de mostrarnos una radical otredad, una forma en la que nos parece que podemos morir y a la vez encontramos gran belleza y sentido en ella. Y es de esto de lo que adolece nuestro mundo, porque por más precisión descriptiva que puede alcanzar la ciencia, lo que realmente anima y mueve al ser humano son las experiencias que se tienen en la conciencia y la experiencia numinosa, la experiencia mística, la experiencia que anula la separación que son la experiencia suprema de la conciencia.